
Autor de más de treinta libros, entre ellos quince de poesía, Rodolfo Modern recorrió con oficio casi todos los géneros de la literatura. La poesía le brindó los mayores reconocimientos. Sin embargo, sus cuentos son subyugantes y acreditan permanentemente su condición de miembro de la Academia Argentina de Letras por su ingenio y pureza idiomática.
Cuando creíamos que con su recordada antología de cuentos Invenciones varias había colmado las expectativas para deleite de los cultores del género y cerrado el ciclo La salsera de Meissen nos ofrece un compendio de cuarenta nuevos cuentos que tienen la virtud de sorprendernos por la inagotable imaginación y versatilidad temática. Mantiene en ello las características de su obra narrativa: la intemporalidad -su voz narrativa no fue afectada por los vaivenes políticos ni coyunturales sufridos a través de más de medio siglo-, el estilo depurado, el antropomorfismo, la erudición, la obsesión con los animales -pivote de varios de sus relatos-, la introspección, la universalidad. Así, en "Los nombres", desde una voz ancestral una mujer campesina desanda los caminos de su vida discurriendo en forma notablemente original. En "Monólogo interior", rescata la misteriosa y subjetiva adhesión o rechazo que producen a veces los nombres. La contradicción entre lo que se predica y se realiza y la pronunciación de las palabras es tratada en su onomatopéyico cuento "Fonología". La versión desopilante y humorística de Menelao, Paris y Helena de Troya, en "Hipogrifo violento". La eternidad, extrapolación del tiempo inconmesurable y la perdurabilidad de lo simple, en "Laureles". El elemento fantástico está sabiamente empleado en "Junto al río"; la furiosa venganza de una empleada doméstica en "La salsera de Meissen". Este sentimiento aparece también tratado en "Selene habla": imagina en un excelente monólogo la venganza de la luna por haber sido conquistada. En su cuento "Gaboto" -inspirado quizá en La isla de los pingüinos, de Anatole France, a quien menciona- construye la original historia de un taxidermista en un relato estremecedor. Los animales aparecen también en otros cuentos ("Los anillos de la serpiente", "Una fábula", "La cabra", "Moby Dick"). Mientras que "Umbraccio" se convierte en uno de los mejores relatos de ficción del libro por su universalidad, credibilidad y emotividad, en el que la astronomía juega un papel importante.
Los escritores como protagonistas de sus cuentos tienen su mejor exponente en "Los sueños del doctor Kafka" (pág. 61) y "Carta al doctor Frantisek Kafka" (pág. 167) y en "Historia de Juan Guillermo Borges" (pág. 107), el primo de J. L. Borges. También -aunque elípticamente- intervienen otros escritores, como James Joyce en "El cuento que Joyce pudo haber omitido en Dubliners" (pág. 133).
La precisión casi cartesiana con la que sitúa los personajes y situaciones, para ir desarrollando el argumento de sus cuentos de final marcado -y que aparece también en su poesía cuando va desde lo general a lo particular-, unido a su fecunda imaginación y estilística depurada, convierten este nuevo libro de cuentos de Modern en un verdadero acierto. (c) LA GACETA







