Cáncer: los que "apuestan a la vida" para superar la temida afección

El llanto es para la mayoría de los pacientes con cáncer un denominador común. Historias de quienes lograron transformar esas lágrimas, miedos y angustias en ganas de vivir, como herramienta para pelear contra ese mal. Lo fundamental de la terapia de grupos como amparo psicológico.

03 Mayo 2006
El grupo "Apostar a la Vida" se formó en Buenos Aires 1993, cuando Hugo Basílico, un paciente oncológico del hospital Ramos Mejía, le propuso a la médica Silvia Garsd, especialista en psico-oncología, crear el primer equipo de trabajo integrado entre profesionales y pacientes con cáncer. Bajo la idea de ayudarse a sí mismos ayudando a otros, y dada su condición innata de liderazgo, Basílico supo interpretar lo que sentían quienes compartían su misma condición. Ahora el grupo los ayuda a compartir sentimientos y vivencias similares, a mejorar su actitud, su autoestima y la calidad de vida.
"Cuando a un paciente le diagnostican cáncer entra en un estado de desesperación y siente que se le truncan todos los proyectos -señala Garsd-; se toma el diagnóstico como una sentencia".
Lo que se pretende trabajar a través del grupo es un modelo de contención, reflexión y cambio, en el que se estimula la modificación de hábitos negativos para la salud, como el cigarrillo, la exposición al sol, el estrés, las tensiones y las presiones. "Porque sabemos que todo esto actúa sobre el sistema inmunológico", aclara la psicóloga. Hoy concurren unas 500 personas por semana, de distintas localidades y provincias, en forma totalmente gratuita.
El centro de atención es el Hospital Ramos Mejía, en Buenos Aires. Se reúnen allí tres veces por semana. "Se trabaja siempre de la mano del tratamiento médico", apunta Gards. También hay grupos para familiares. Cuenta, además, con cinco filiales en el interior del país: dos en Entre Ríos y otros tres en las localidades bonaerenses de Lomas de Zamora, La Matanza y Tandil.
Dos años después de la formación de los primeros grupos se creó un programa de salud mental. Así nació la Fundación Apostar a la Vida, que es una entidad de bien público sin fines de lucro, dispuesta a prestar asistencia y asesoramiento telefónico al enfermo de cáncer, a sus familiares y a sus amigos. Posee un banco de medicamentos oncológicos disponible para la comunidad en general.
Como norma, esta fundación apoya la medicina institucional y no difunde terapias alternativas, religiones ni ideas políticas. El objetivo que persiguen en Apostar a la Vida es que el paciente afronte su estado de salud, desde una posición positiva y no de resignación, que se transforme en un "espejo de vida" para otros enfermos.
Unos 200 integrantes ya recuperados, ahora convertidos en agentes de salud, trabajan desde hace 10 años en la fundación ayudando a la recuperación anímica de otros enfermos.
La hipótesis con la que viene trabajando Garsd es que "mejorando la calidad de vida se mejora la cantidad de vida, siendo esta una carrera de resistencia y no de velocidad". "El tema no es resistir tirando, haciendo fuerza, sino es resistir viviendo", sostiene.
En 2000 le diagnosticaron cáncer de mama a Patricia Gaikowsky. Hoy, a los 48 años, está totalmente curada y confesó: "Me encontré con personas que vivían felices. Ahí hallé mi espacio. Me sentí cómoda porque podía decir lo que me pasaba. Dejé los miedos de lado y aprendí que la quimioterapia es difícil, pero no es lo peor que nos puede pasar. En definitiva, es lo que te está curando. Empecé cambiando mi posición frente al cáncer y aprendí a vivir y a mejorar mi calidad de vida. El cáncer es un mal importante, pero no tanto como para que yo deje de vivir por ella".
A Liliana Gambina le diagnosticaron cáncer de riñón en 1999. "Desde que llegué a ?Apostar a la vida? entendí que el cáncer tiene tratamiento y que las terapias son cada vez más efectivas, porque la ciencia investiga y avanza. Aprendí por sobre todas las cosas que la actitud con la que uno enfrenta a esta patología es el mayor porcentaje de la batalla ganada. Fue difícil afrontar el mal, el tratamiento, la cirugía. Pero el cuerpo tiene una capacidad de recuperación impresionante. Si uno sana la mente, el cuerpo también lo hace", aseguró.
En 1995 le diagnosticaron leucemia a Sara Rey. Por entonces el mal se controlaba, no se curaba. "En 2001 estaba totalmente curada. Había llegado cargada de muerte y de horror, sin saber que iba a pasar conmigo, con mi familia. Lo único que hacía era llorar. Con el tiempo mis compañeros me hicieron entender que estaba viva y que yo era más fuerte que el cáncer", narró.

El que se cura ayuda al enfermo
"La gente llega con certezas y se va con posibilidades. La certeza con la que llega es ?me muero?, pero con el tiempo se va con la posibilidad de seguir viviendo. El que se cura sirve de espejo para el enfermo que llega; se encarga de aclarar que no van al matadero ni a la muerte: van al tratamiento para curarse", expresa Silvia Garsd.

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