
Son pocos los libros que pueden arrancar una carcajada. Proezas argentinas es uno de ellos; lo más interesante es que se trata de un libro de autoayuda/histórico, según lo define el autor, Hugo Caligaris. El problema reside en que cuando se concluye su lectura, que por cierto es muy llevadera desde la primera página, el lector queda con el estímulo de realizar hazañas, inventos o cualquier cosa que lo lleve a otro estrato, el de la creatividad. No todas estas peripecias son realizadas por "superhéroes"; la mayoría fueron hechas por personas comunes, que a través de ellas pasaron a la inmortalidad, a pesar de que en muchos casos quizás pasaron inadvertidas, porque son tomadas como seres comunes en la vida.
Hugo Caligaris es periodista y desarrolló toda su carrera en el diario "La Nación", donde trabaja desde 1978. Fue subjefe de la sección Política, editor de la revista dominical y jefe de la sección Espectáculos. Actualmente, es editor de la página cotidiana de notas de Opinión. Publica en el mismo matutino, desde hace diez años, la columna dominical "Las palabras", donde analiza con humor e ironía las frases sobresalientes de la semana, que lo llevaron a editar el libro "Las palabras. Diccionario de Disparates Políticos" (2001).
Con un prólogo provocador, estimulante y altamente recomendable, el lector se adentra en esta obra, cuyo principal fin es sacar del sopor en el que se encuentra nuestra sociedad, estimulándola a realizar (sólo eso, a realizar). Su contenido es histórico; se nota que Caligaris debió haber revuelto archivos durante mucho tiempo. A veces llega a impresionar la meticulosi- dad con la cual enriquece su relato, a partir de datos extraídos vaya a saber de dónde. La idea básica es contar. Este libro no sólo habla de personas, sino también de etapas, por supuesto argentinas, y de alguno que otro extranjero que vino a hacerse la América y se enamoró de nuestro país. Con una prosa exquisita, simple, y por momentos hasta disparatada, el autor nos incluye en su mundo.
Los temas tratados son muchísimos, desde la hesperidina, prácticamente extinguida, hasta la hazaña de Gato y Mancha, caballos criollos que fueron los primeros en atravesar América al trote, por culpa de un francés, nacionalizado argentino, Aimé-Félix Tschiffely. Por supuesto, aparecen personajes conocidos, como Sarmiento -este capítulo es uno de los más interesantes-, o fray Luis Beltrán, importante personaje de nuestra historia. Y, por supuesto, también aborda nuestros ya conocidos inventos, con algunas novedades en lo que se refiere especialmente a su origen, ya que no hay nada nuevo para inventar, por lo menos en lo que a uso doméstico se refiere.
Según el autor, el mayor pecado nacional es la autocrítica hipertrofiada, que nos paraliza a la hora de actuar: una dosis saludable de autocrítica hace que las personas acepten sus fallas, grandes o pequeñas, y les permite una existencia más razonable; y Caligaris, por momentos serio y en otros altamente ácido y mordaz, logra provocar en el lector una serie de reacciones que impulsan el desarrollo de investigar, empezar, y por qué no, hasta de crear.
El humor tiene un rol fundamental; enriquece sus párrafos y arranca sonrisas de donde realmente deberían salir sólo nostalgias. Y, lo más importante, pensar.
La lectura es rápida; sobre todo, uno se encuentra estimulado ante el conocimiento venidero, que es sin duda lo más importante de sus capítulos. Es difícil definir este libro dentro de un estilo; lo pondría dentro de un género nuevo y desconocido, "El más completo", ya que combina historia, novela, autoayuda, humor y un poco de sentimentalismo. Una lectura altamente recomendable.Finalmente, no se desanime si, al terminar de leerlo, no se le ocurre nada para sobresalir. Piense que "muchas de las proezas que hacen los hombres se deben al aburrimiento". (c) LA GACETA







