“A MEDIDA”. En la terapia se usan células del propio paciente y genes modificados relacionados con la afección que padece.(LA GACETA)
26 Abril 2006 Seguir en 

En los últimos 20 años se ha venido usando el diagnóstico de la presencia de ciertas anomalías en cromosomas y, más adelante, en genes con fines terapéuticos como la aplicación en pacientes con mayor riesgo de cáncer cuando varios miembros de una familia son portadores de ciertos genes vinculados al desarrollo de determinados tumores.
A partir del avance de las técnicas de ingeniería genética surgió la terapia génica, que promete la posibilidad de cura de varias patologías, y que ya está dando frutos en algunos trastornos, específicamente cardiológicos.
Una de las características más llamativas de las terapias génicas es que son "personalizadas", porque se diseñan a la medida del individuo utilizando células del propio paciente y genes modificados relacionados con la afección que padece.En términos sencillos, consiste en insertar genes "normales" con el fin de sustituir los genes responsables de un trastorno.
Estas terapias génicas son capaces de mejorar las funciones de un órgano, corregir lesiones en un tejido -como en algunos trastornos cardíacos- o mejorar el sistema inmunológico, como en las aplicaciones para la cura de ciertos tumores y de enfermedades autoinmunes. El primer paso es identificar al gen responsable de la enfermedad de un paciente y sustituirlo por otro sano. El verdadero desafío es el paso siguiente: cómo lograr que los genes sanos sean asimilados por el organismo.
Para propagar los genes que se desea colocar en el paciente, la terapia génica se vale de una característica de los virus cuando desencadenan una infección, que es la de copiar el material genético del huésped -el organismo infectado, por ejemplo, de gripe, VIH sida, u otra enfermedad viral? e inyectar su ADN en el núcleo de la célula. Por eso, esta condición típica de los virus, que los hace tan difíciles de controlar y representan una verdadera pesadilla para biólogos e infectólogos, representa también una esperanza para el tratamiento de numerosas enfermedades.
Hasta la fecha está dando buenos resultados en algunos trastornos, como los que aquí se mencionan. Pero para su aplicación en muchos otros problemas de salud aún se encuentra en etapa de estudio, hasta tanto se asegure la ausencia de efectos secundarios nocivos vinculados con la manipulación genética.
Una de las aplicaciones de terapia génica es la utilizada en insuficiencia cardíaca, para restablecer el funcionamiento del corazón. Esta enfermedad amenaza seriamente la vida cuando el corazón pierde la capacidad de bombear una suficiente cantidad de sangre que llegue a todos los órganos del cuerpo. "Los latidos del músculo cardíaco dependen de dos movimientos opuestos, la sístole o contracción de las aurículas y la diástole o relajación del corazón ?explica el cardiólogo Esteban Fernández?. En la insuficiencia cardíaca hay un desequilibrio en entre las dos fases del latido."
Se comprobó que la falla que causa esta enfermedad es la ausencia de una proteína que debería producir un gen en cuestión. "La terapia génica en este caso -agrega el especialista- utiliza virus que transportan genes sanos que estimulan la secreción de la proteína faltante". De esta manera se corrige el funcionamiento del músculo cardíaco logrando un bombeo suficiente a todo el cuerpo.
Una de las patologías más frecuentes en todo el mundo, y principal causa de muerte en la población adulta, es el infarto de miocardio. Por diversas razones -generalmente un coágulo o un ateroma, o concentración de colesterol- se interrumpe la circulación en una de las arterias que irrigan al corazón durante un determinado período de tiempo, causando el ataque al corazón o infarto.
De acuerdo al momento en que el paciente sea asistido y a la gravedad del cuadro, si se actúa rápido el paciente puede ser reanimado y salva su vida. Pero suelen quedar secuelas en la porción de tejido del músculo cardíaco que no recibió irrigación sanguínea, en forma de cicatriz o necrosis por la muerte de esas células. Por este motivo, un corazón que sufrió un infarto ya no será el mismo y puede quedar como resultado una insuficiencia cardíaca. En el país se viene aplicando la terapia génica para el restablecimiento del corazón, luego de un infarto. En este caso no se trata de reparar genes defectuosos, sino de utilizar células de la médula ósea o de músculos del propio paciente para que éstas reparen los tejidos dañados del corazón por la falta de irrigación durante un infarto.
"Las células del corazón no se dividen ni multiplican ?expresó ya hace dos años Jorge Genovese, del Departamento de Biología Celular y de Embriología e Histología de la UBA, en el marco del en el marco del XI Simposio del Instituto Sacre Coeur, que se realizó en Buenos Aires?. Pero en el organismo existen células de otras partes del cuerpo que sí tienen la capacidad de dividirse y regenerar tejidos".
Explicó que la técnica, que se viene aplicando en el país con excelentes resultados, consiste en utilizar y agregó que se trata de "células con capacidad para reparar tejidos, de ahí que estamos hablando de ?medicina regenerativa". Todo un nuevo concepto médico en que se depositan expectativas para la cura de enfermedades degenerativas como el mal de Alzheimer o el Parkinson.
A partir del avance de las técnicas de ingeniería genética surgió la terapia génica, que promete la posibilidad de cura de varias patologías, y que ya está dando frutos en algunos trastornos, específicamente cardiológicos.
Una de las características más llamativas de las terapias génicas es que son "personalizadas", porque se diseñan a la medida del individuo utilizando células del propio paciente y genes modificados relacionados con la afección que padece.En términos sencillos, consiste en insertar genes "normales" con el fin de sustituir los genes responsables de un trastorno.
Estas terapias génicas son capaces de mejorar las funciones de un órgano, corregir lesiones en un tejido -como en algunos trastornos cardíacos- o mejorar el sistema inmunológico, como en las aplicaciones para la cura de ciertos tumores y de enfermedades autoinmunes. El primer paso es identificar al gen responsable de la enfermedad de un paciente y sustituirlo por otro sano. El verdadero desafío es el paso siguiente: cómo lograr que los genes sanos sean asimilados por el organismo.
Para propagar los genes que se desea colocar en el paciente, la terapia génica se vale de una característica de los virus cuando desencadenan una infección, que es la de copiar el material genético del huésped -el organismo infectado, por ejemplo, de gripe, VIH sida, u otra enfermedad viral? e inyectar su ADN en el núcleo de la célula. Por eso, esta condición típica de los virus, que los hace tan difíciles de controlar y representan una verdadera pesadilla para biólogos e infectólogos, representa también una esperanza para el tratamiento de numerosas enfermedades.
Hasta la fecha está dando buenos resultados en algunos trastornos, como los que aquí se mencionan. Pero para su aplicación en muchos otros problemas de salud aún se encuentra en etapa de estudio, hasta tanto se asegure la ausencia de efectos secundarios nocivos vinculados con la manipulación genética.
Una de las aplicaciones de terapia génica es la utilizada en insuficiencia cardíaca, para restablecer el funcionamiento del corazón. Esta enfermedad amenaza seriamente la vida cuando el corazón pierde la capacidad de bombear una suficiente cantidad de sangre que llegue a todos los órganos del cuerpo. "Los latidos del músculo cardíaco dependen de dos movimientos opuestos, la sístole o contracción de las aurículas y la diástole o relajación del corazón ?explica el cardiólogo Esteban Fernández?. En la insuficiencia cardíaca hay un desequilibrio en entre las dos fases del latido."
Se comprobó que la falla que causa esta enfermedad es la ausencia de una proteína que debería producir un gen en cuestión. "La terapia génica en este caso -agrega el especialista- utiliza virus que transportan genes sanos que estimulan la secreción de la proteína faltante". De esta manera se corrige el funcionamiento del músculo cardíaco logrando un bombeo suficiente a todo el cuerpo.
Una de las patologías más frecuentes en todo el mundo, y principal causa de muerte en la población adulta, es el infarto de miocardio. Por diversas razones -generalmente un coágulo o un ateroma, o concentración de colesterol- se interrumpe la circulación en una de las arterias que irrigan al corazón durante un determinado período de tiempo, causando el ataque al corazón o infarto.
De acuerdo al momento en que el paciente sea asistido y a la gravedad del cuadro, si se actúa rápido el paciente puede ser reanimado y salva su vida. Pero suelen quedar secuelas en la porción de tejido del músculo cardíaco que no recibió irrigación sanguínea, en forma de cicatriz o necrosis por la muerte de esas células. Por este motivo, un corazón que sufrió un infarto ya no será el mismo y puede quedar como resultado una insuficiencia cardíaca. En el país se viene aplicando la terapia génica para el restablecimiento del corazón, luego de un infarto. En este caso no se trata de reparar genes defectuosos, sino de utilizar células de la médula ósea o de músculos del propio paciente para que éstas reparen los tejidos dañados del corazón por la falta de irrigación durante un infarto.
"Las células del corazón no se dividen ni multiplican ?expresó ya hace dos años Jorge Genovese, del Departamento de Biología Celular y de Embriología e Histología de la UBA, en el marco del en el marco del XI Simposio del Instituto Sacre Coeur, que se realizó en Buenos Aires?. Pero en el organismo existen células de otras partes del cuerpo que sí tienen la capacidad de dividirse y regenerar tejidos".
Explicó que la técnica, que se viene aplicando en el país con excelentes resultados, consiste en utilizar y agregó que se trata de "células con capacidad para reparar tejidos, de ahí que estamos hablando de ?medicina regenerativa". Todo un nuevo concepto médico en que se depositan expectativas para la cura de enfermedades degenerativas como el mal de Alzheimer o el Parkinson.







