26 Abril 2006 Seguir en 

Generalmente se presenta en los más chicos, cuando aparece un enrojecimiento extendido en cualquier parte de la piel, especialmente en las mejillas, los brazos, las piernas, la frente, el cuero cabelludo o en el abdomen, bajo la zona del pañal. Suele picarles mucho, y a al rascarse la piel se lastima.
Popularmente se la llama "eczema", y si se producen lesiones, estas pueden complicarse con infecciones bacterianas o virales, que producirán ulceraciones en la piel. Además, está asociada a otras reacciones alérgicas. Como las manifestaciones suelen desaparecer con el crecimiento o al entrar en la pubertad, su existencia puede indicar una propensión a sufrir otras manifestaciones atópicas, como rinitis o asma. Margarita Sarralde, jefa de Dermatología Pediátrica del Hospital Ramos Mejía, indicó que la dermatitis atópica se ha transformado en un tema importante, porque afecta a gran parte de la población: las estadísticas hablan de una frecuencia cercana al 30% en los niños, variando según los países y las cuestiones ambientales.
"El prurito que produce es crónico: pica mucho y durante mucho tiempo", detalló. Puede producir enrojecimiento de la piel, escamas y lesiones al rascarse. "Puede presentarse e forma aguda, o simplemente con piel muy seca". La causa de las dermatitis atópicas está relacionada con factores hereditarios, genéticos y ambientales, psicológicos e inmunológicos. El síndrome puede sobrevenir en quienes tengan la predisposición, como ocurre con las rinitis, catarros o las crisis espasmódica o asmática. "Todo esto forma parte de lo que se llama atopía", describió Sarralde.
"En los lactantes, la dermatitis atópica se presenta con las mejillas rojas, o tienen dermatitis rebelde en la zona del pañal, que no mejora con las terapias habituales. Cuando se le saca el pañal el niño se empieza a rascar y se lastima".
En los casos más severos, la irritación producida por la dermatitis atópica les quita el sueño. En más del 50% de los niños que la sufren, la enfermedad se presenta en el primer año de vida; y en el 85% de los casos ocurre dentro de los primeros cinco años. "La piel es la barrera del cuerpo contra las infecciones y está alterada en los pacientes atópicos", explica Larralde. Eso provoca la mayor vulnerabilidad a los gérmenes y a la producción de reacciones alérgicas.
"Con los tratamientos se alivian los síntomas, porque la enfermedad se cura sola -aclara Larralde-, en los primeros años de vida".
Para tratar las dermatitis atópicas hay nuevas líneas de tratamiento farmacológicas, como las cremas emolientes e inmunomoduladores. "Tienen una acción similar a la de los corticoides, disminuyendo la inflamación".
La higiene diaria se debe hacer con agua tibia (de 32º a 33º C y no más de 5 minutos) con jabones cremosos, los que contengan avena (no de glicerina). El baño diario es clave: suaviza y aporta flexibilidad, calma la irritación y disminuye la sequedad. Luego del baño, hay que humectar la piel para evitar la sequedad y el prurito. Se debe hidratar la piel con cremas nutritivas específicas, recomendadas por el médico, y humidificar los ambientes.
Popularmente se la llama "eczema", y si se producen lesiones, estas pueden complicarse con infecciones bacterianas o virales, que producirán ulceraciones en la piel. Además, está asociada a otras reacciones alérgicas. Como las manifestaciones suelen desaparecer con el crecimiento o al entrar en la pubertad, su existencia puede indicar una propensión a sufrir otras manifestaciones atópicas, como rinitis o asma. Margarita Sarralde, jefa de Dermatología Pediátrica del Hospital Ramos Mejía, indicó que la dermatitis atópica se ha transformado en un tema importante, porque afecta a gran parte de la población: las estadísticas hablan de una frecuencia cercana al 30% en los niños, variando según los países y las cuestiones ambientales.
"El prurito que produce es crónico: pica mucho y durante mucho tiempo", detalló. Puede producir enrojecimiento de la piel, escamas y lesiones al rascarse. "Puede presentarse e forma aguda, o simplemente con piel muy seca". La causa de las dermatitis atópicas está relacionada con factores hereditarios, genéticos y ambientales, psicológicos e inmunológicos. El síndrome puede sobrevenir en quienes tengan la predisposición, como ocurre con las rinitis, catarros o las crisis espasmódica o asmática. "Todo esto forma parte de lo que se llama atopía", describió Sarralde.
"En los lactantes, la dermatitis atópica se presenta con las mejillas rojas, o tienen dermatitis rebelde en la zona del pañal, que no mejora con las terapias habituales. Cuando se le saca el pañal el niño se empieza a rascar y se lastima".
En los casos más severos, la irritación producida por la dermatitis atópica les quita el sueño. En más del 50% de los niños que la sufren, la enfermedad se presenta en el primer año de vida; y en el 85% de los casos ocurre dentro de los primeros cinco años. "La piel es la barrera del cuerpo contra las infecciones y está alterada en los pacientes atópicos", explica Larralde. Eso provoca la mayor vulnerabilidad a los gérmenes y a la producción de reacciones alérgicas.
"Con los tratamientos se alivian los síntomas, porque la enfermedad se cura sola -aclara Larralde-, en los primeros años de vida".
Para tratar las dermatitis atópicas hay nuevas líneas de tratamiento farmacológicas, como las cremas emolientes e inmunomoduladores. "Tienen una acción similar a la de los corticoides, disminuyendo la inflamación".
La higiene diaria se debe hacer con agua tibia (de 32º a 33º C y no más de 5 minutos) con jabones cremosos, los que contengan avena (no de glicerina). El baño diario es clave: suaviza y aporta flexibilidad, calma la irritación y disminuye la sequedad. Luego del baño, hay que humectar la piel para evitar la sequedad y el prurito. Se debe hidratar la piel con cremas nutritivas específicas, recomendadas por el médico, y humidificar los ambientes.







