
Tal vez la historia universal no sea más que el devenir de unas cuantas metáforas. Por eso, Jorge Luis Borges hablaba del cuento como la forma literaria más exacta y precisa. El género en el que la metáfora y la narración se dan la mano. Una suerte de corte transversal a la realidad.
En esta misma línea de pensamiento se encuentran los cuentos que integran "Formas transitorias", de Gabriel Bellomo. Aunque no son cuentos convencionales. No hay en ellos textos floreados de vanguardia, ni pistas al lector en el primer párrafo, ni mucho menos finales previsibles o asombrosos, bellamente explotados por autores tan disímiles como Gabriel García Márquez, Adolfo Bioy Casares o Silvina Ocampo. Muy por el contrario. Bellomo usa su propia voz para contar historias que poco a poco van recuperando formas perdidas y estadios olvidados, hasta culminar en un final que deja un aire melancólico, similar a los cuentos de Ocampo. Deja, como escribió el crítico Luis Cattenazzi, una leve tristeza al estilo de Chéjov. Ya en el mismo inicio del libro (que mereció el Primer Premio del Régimen de Fomento a la producción literaria) el autor se encarga de establecer cuál será el hilo conductor de las historias. Y para eso usa una frase de Franz Kafka: "No librarse de sí mismo, sino consumirse a sí mismo".
Es que Bellomo, que nació en Buenos Aires en 1956, no puede escapar de su destino de escritor portuario. Sus cuentos, sobre todo "Pequeña catedral de luz" y "Tesis", son verdaderas joyas que dejan esas ganas irrefrenables de releer algún clásico o de volver a Borges y tal vez a Cortázar. Porque, al igual que en estos entrañables escritores, en Bellomo siempre hay algo más detrás de la palabra, del gesto o de la acción. Sobre todo en "Tesis", donde existe un mensaje, entre inquietante y cautivante, sobre la realidad del ser humano.
En la actualidad, Bellomo vive y ejerce sus profesiones de abogado, docente y asesor en la ciudad de Moreno, en el Gran Buenos Aires.
"Historias con nombre propio" (1994) y "Olvidar a Marina" (1995) fueron sus primeros libros de cuentos publicados y formaron parte de la colección "Los oficios terrestres", de la editorial Libros de Tierra Firme. Ya en 2001, publicó un tercer libro de cuentos, "Marea Negra", en editorial Simurg. En 2004 se incluyeron relatos de su serie inédita "Seres de entreguerra" en la antología de microrrelatos "En frasco chico", de Ediciones Colihue. Escribió también reportajes y ensayos para la revista cultural "Diógenes" y aún no se han editado sus novelas "Línea de fuga", "La draga", ni "El informe de Egan". (c) LA GACETA







