Escepticismo y empirismo para enfocar la evolución

Por Jorge Estrella. Dupré llega a la biología desde la filosofía, con errores conceptuales difíciles de entender.

23 Abril 2006

Dupré llega a la biología desde la filosofía. El volumen ofrece "la visión que un filósofo tiene de la evolución. Se trata de un enfoque basado en el escepticismo y en el empirismo" (p 24).
Idea central del evolucionismo es la descendencia con modificación, en contraposición a la anticuada idea de especies "fijas". Aunque se lo practica ideológicamente, hoy es poco serio cuestionar la presencia de vínculos manifiestos entre las especies.
El autor procura precisar qué es la teoría de la evolución; cuál es su utilidad; algunas dificultades de la selección natural como mecanismo explicativo de la sobrevivencia de organismos y especies (por ejemplo, si ella se aplica sobre los genes, los individuos o los grupos); los vínculos entre animales y humanos o la sospechosa distinción de razas humanas.
Dupré se demora en la exposición de sus temas. Y aunque el texto finalmente se entiende, comete errores conceptuales difíciles de entender. Por ejemplo, con frecuencia atribuye a los biólogos evolucionistas que "la selección natural por sí sola está perfectamente capacitada para la tarea de explicar la historia evolutiva" (p 40). Olvidando, al parecer, la relevancia que la biología atribuye a las variaciones sobre las que se aplica, justamente, la selección natural. Lo mismo ocurre con su afirmación de que, a diferencia de la medicina, cuyos logros prácticos son visibles, "la evolución, por contraste, puede considerarse un cuerpo científico que reditúa beneficios completamente intelectuales" pues "casi todas sus afirmaciones y presupuestos están relacionados con períodos de tiempo mucho más extensos que aquellos que podrían tener relevancia directa para la vida humana" (p 51). Sin embargo, la actual creación en laboratorios de organismos transgénicos ¿no es consecuencia directa del enfoque evolutivo de los genomas en especies diferentes? Y sabemos la relevancia directa que ello tiene para la alimentación actual de la biomasa humana.
Es fácil estar de acuerdo con el autor en sus ataques a versiones simplificadoras sobre la evolución de la vida en nuestro planeta cometida a menudo por biólogos evolucionistas; o en sus críticas del teísmo objetor de la evolución; o en su defensa de que la conciencia no es propiedad exclusiva del hombre, ya que también numerosos animales presentan síntomas claros de poseerla. Más complicado resulta aceptar su condena de las explicaciones "reduccionistas" de la ciencia, a las que considera una verdadera "plaga" (p 176). Sin embargo, ¿qué sería hoy de nuestro conocimiento biológico sin el reduccionismo inherente a la teoría del código genético? (c) LA GACETA

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