Una lúcida mirada al fracaso del proyecto argentino

Por Angel Anaya. Ensayo de alto impacto, que aporta y analiza varios testimonios irrefutables.

23 Abril 2006

Las causas y consecuencias de la pobreza en Argentina es el subtítulo del ensayo e investigación de Escudé, y el sentimiento que lo impulsó, evidentemente, una pasión angustiante que obliga a leerlo con cautela para rescatar de sus cuantiosos testimonios y conclusiones una interpretación objetiva del tiempo histórico en análisis. La sinceridad dolorosa del pasado personal del autor -una personalidad con notable formación académica- comienza alertando en el prefacio sobre lo que vendrá a lo largo de 30 años de experiencia propia; que no oculta haber formado parte de un mundo donde "sistemáticamente se ha robado a los pobres para concentrar riqueza en segmentos privilegiados de la población". Tiempos, dice, en que nadie estaba consciente de la perversión de condonar las deudas de los ricos reiteradamente y en los que "yo estaba recluido en mi torre de marfil", y la mayoría de los economistas, al servicio de empresas beneficiarias de "maniobras que empobrecían a la gente común". Los ejemplos no ocultan grupos, casos, ni nombres en ese pandemónium donde la sociedad se autodestruía mediante la violación continuada del pacto social y el derecho de propiedad.
El fracaso del proyecto argentino no es imputable, para Escudé, al liberalismo, pues la Argentina no lo practicó desde 1930, a partir de la destrucción del orden constitucional. Desde ese golpe histórico, la Nación recorrió un itinerario caótico entre "revolucionarios" y "fascistas" donde el mote "liberal" más absoluto se aplicó precisamente, a un peronista. En 1930 se rompió el contrato social y sólo la impunidad superó a la corrupción. La investigación demuestra cómo uno de los mecanismos por los que se transfirió riqueza desde lo más hacia los menos pobres, desde 1950, fue el saqueo de las cajas de jubilaciones. Una fuente de financiamiento estatal que el peronismo utilizó a discreción y que ningún otro gobierno dejó de usar hasta convertirla en un sistema de reparto de imposible control por sus frustrados beneficiarios, tal cual sigue ocurriendo actualmente, cuando se continúa disponiendo de sus fondos con otros fines. Otra etapa es la dolarización mental de los argentinos, consecuente con la pérdida de soberanía monetaria que siguió al "rodrigazo" de los años 70 y perduró durante el proceso militar, cuya imputación de liberalismo a su economía es otro disparate dialéctico. Iguales comportamientos pero diferentes ideologías o corrientes políticas sugieren una sociedad perversa de economistas que sirve a todos los gobiernos y de la que se exhiben ejemplos muy testimoniales en períodos singularmente cortos.
Un análisis muy llamativo de los numerosos fenómenos de transferencia de riquezas que castigan la propiedad privada y descomponen el Estado es el de la privatización de los servicios públicos. En este punto el autor analiza la corrupción de los intereses en juego, pero prescinde la realidad que impone esa transferencia. Es decir, la profunda descomposición de los servicios carentes de eficiencias mínimas y, por consiguiente, causa profunda del deterioro productivo del país. Esa visión unilateral o apasionada del problema no advierte que las concesiones, a veces excepcionales, con que se privatizó tuvieron origen en la inseguridad jurídica provocada por las recurrentes crisis políticas e institucionales. Tampoco, obviamente, se hace referencia alguna a las rápidas y profundas transformaciones en los sectores telefónicos, de la energía y vial. Los ejemplos chileno y británico -en ese orden- no son válidos para el caso, por cuanto los servicios públicos estatales en ambos países estaban muy lejos de la grave realidad argentina. Capítulo no menos esencial en el desolador panorama de la investigación es el del endeudamiento; una historia continuada por gobiernos sucesivos que se imputan responsabilidades y que conduce al "corralito" y a la pesificación asimétrica, mediante la invocación de la tesis del mal menor que ataca a la histórica clase media argentina hasta provocar su indefensión por carencias de representación política. Es el punto final de su investigación, donde Escudé sentencia que "la verdadera excepcionalidad de nuestro caso radica en la ausencia de una guillotina que ponga coto a tantos desmanes". (c) LA GACETA

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