
En París, el pasado 11 de junio, poco antes de cumplir 68 años, murió Juan José Saer. Santafesino por nacimiento, argentino por idiosincrasia, universal por definición, Saer es quizás el último escritor que ha logrado construir una auténtica obra que durante mucho tiempo pudo prescindir de esas dos dudosas instancias de legitimación que son el mercado y la crítica. Inmutable, Saer siguió construyendo su saga personal con la convicción de los verdaderos artistas. El proyecto había comenzado con su primer libro, En la zona (1960), y lamentablemente terminó con la publicación de esa excelente novela que es La grande (2005). En su vasta obra (cinco libros de cuentos, doce novelas, una importante producción poética), sus libros ensayísticos no ocupan un lugar menor.
Trabajos, como casi todo lo que ha escrito, también parece destinado a convertirse en un modelo a seguir a la hora de mostrar el posicionamiento de Saer no sólo en el medio literario, sino también en el mundo. Sus fuertes opiniones sobre la globalización ("un eufemismo"), la posmodernidad ("concepto blando que significa a la vez cualquier cosa y su contrario") y las privatizaciones ("intento de controlar las grandes empresas... para poder liberarlas de la tutela social... y deslocalizarlas o venderlas a la competencia") son el fundamento intachable de sus penetrantes lecturas. Quien haya recorrido El concepto de ficción (1997) o La narración-objeto (1999) seguramente ya conocerá los nombres que forman el universo de ese gran lector que fue Saer. No obstante, los breves ensayos sobre Kafka, Cervantes, Koyré, Ponge, Musil, Robbe-Grillet, Sartre, Felisberto Hernández, Hugo Gola, Roa Bastos y Onetti, entre muchos otros, arrojan una luz poderosa sobre varios aspectos de sus obras y, es obvio decirlo, también sobre la del mismo Saer. Es muy difícil, de los 36 textos que componen el volumen, destacar algunos sobre otros; no obstante, cabe mencionar la lucidez de "Posmodernos y afines", donde desmonta (y descuartiza) la vacuidad teórico-conceptual de los hijos del mercado; "La quinta columna" es otro brillante artículo donde trata de identificar el delirio de lo inhumano.
Por último, una de las ideas principales que atraviesa el libro de punta a punta, coherente con el resto de su obra, es que hay una verdad de la ficción, y que acaso es mucho más auténtica que todas las supuestas "verdades" que se pregonan en el mundo "real", ya que "una opacidad inédita caracteriza cada nueva etapa de la sociedad". Por ello, "la tradición de la narrativa moderna es el ejemplo mismo de una exigencia artística y filosófica". Así, entonces, "adoptar, por conveniencia o estupidez, una ideología de compromiso, por evidente y rentable que parezca, no alcanzará para ocultar un hecho capital: para cada nueva generación la pregunta acerca de la razón de ser y de la manera en que se forja una literatura, semejante a una llaga, seguirá abierta". (c) LA GACETA







