Un enriquecimiento de la conciencia creadora

Por Rodolfo Modern. El placer estético significa también la participación en un universo superior.

16 Abril 2006

En su poemario "Carmenes", escribe Oteriño: "En la cresta de la ola:/ no para decir palabras inteligibles,/ para oír la clave que llega,/ no como promesa de iluminación,/ sino como refutación al vacío". Toda una definición del proceso poético -aproximada, como lo son las que se refieren a la poesía-, de lo que esta puede significar y que es propia de los poetas mayores, de los que eliminan el ornato y van, metáforas mediante, al núcleo. Porque en Oteriño se crea esa no demasiado frecuente amalgama entre emoción e imaginación, entre sentimiento y mente. Se trata de formas de sabiduría y formas de estar abierto, no directamente a las cosas, sino a lo que yace detrás de las cosas. Una metafísica con belleza, podría decirse. Y una aspiración a la verdad que no es la corriente. Porque el verso de este poeta opera en un campo en el fondo mágico, como lo haría un alquimista experto en la trasmutación de los metales efímeros y, no obstante, válidos, que son las palabras. Así puede advertirse desde los comienzos de su ya larga y prestigiosa trayectoria, jalonada por premios importantes y que culmina al presente con esta "Agora".
Oteriño también es consciente de que sus visiones no le pertenecen en exclusividad. Le pueden haber sido en parte dictadas por alguien o algo que está en otro plano. Para eso es necesario saber escuchar con exactitud otras voces, y luego armar el conjunto de lo que denominamos poema, mediante reglas únicas para cada ocasión y que forman parte de una arquitectura de la imaginación.
De un otro modo se entabla asimismo una proposición de tipo dialéctico, según se afirma en el poema "Las dos proposiciones". Allí se dice: "Conozco el valor de las llamas,/ conozco la corteza donde se oculta la araña,/ cuál de los presentes será capaz de resistir,/ cuál cederá al influjo de mirarse en el lago.// Conozco las señales,/ dónde el río se volverá peligroso,/ cuándo la corriente empujará más adentro,/ conozco los atajos, los puentes escondidos.// La batalla está ganada, la batalla está perdida:/ las dos son proposiciones ciertas".
Como el capitán Ahab, sujeto de uno de sus poemas, Oteriño busca la verdad de su ballena blanca y encuentra su estrella o destino. Ese es su premio. Así, los poemas de "Agora", todos, se convierten en un enriquecimiento de la conciencia creadora. El placer estético, propio de la madurez de alguien que disfruta de la madurez de su arte, significa también la participación en un universo de un orden superior, en una auténtica fiesta del espíritu. (c) LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios