
Por suerte, el título de este breve pero excelente libro de Pedro Brieger no refleja lo que el lector encontrará en su interior. Es simple. El título busca un efecto de mercado que seguramente consigue construir. Pero su verdadera contundencia reside en el modo en que el autor -uno de los pocos expertos argentinos que habla con fundamentos de los conflictos en Medio Oriente y de sus relaciones con el islamismo- expone, en un lenguaje claro, simple y sencillo, la compleja trama que implica el uso de la violencia política y sus efectos en Occidente.
En primer lugar, Brieger historiza y despeja algunas confusiones respecto del conflicto Occidente-Oriente. Historiza, porque ubica la revolución iraní de 1979 como un punto de quiebre, en tanto fenómeno religioso y proyecto político emancipador del pueblo persa. Ubica el efecto que esa revolución tuvo en relación con el mundo islamita y sus diferencias con los árabes. Relación que sólo se une por el odio al sionismo israelí. Después, todo tiende a dividir a los suniítas de los shiítas, y entonces, es necesario sumergirse en los alcances que los movimientos insurgentes han logrado en cada uno de los países islámicos.
Si a eso le agregamos lo que significó geopolíticamente el fin del bloque socialista, con la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento de la ex URSS, y su consecuencia más directa -la hegemonía absoluta de EE.UU. en el mundo globalizado-, comenzamos a entender que el libro de Brieger se ocupa de describir con minuciosidad eso que se ha dado en llamar "terrorismo" y su utilización como forma de influir en la toma de decisiones políticas. Y entonces, nos enteramos de que no existe un consenso en Naciones Unidas para definir "terrorismo"... ¿Acaso terrorismo "sólo" es una bomba puesta en los trenes de Madrid? ¿Sólo es estrellar aviones en las Torres Gemelas? Bombardear población civil en Irak, en Kabul; lanzar misiles en el Líbano, ¿no es terrorismo? Secuestrar, torturar, violar soldados enemigos en las cárceles de Guantánamo, ¿no es terrorismo?
Con mucha información de primera fuente, con entrevistas a los principales líderes de organizaciones, como el Grupo Islámico Armado de Argelia, el Hezbolá en el Líbano o HAMAS en Palestina, Brieger reconstruye las razones para comprender que cada una de esas fuerzas armadas ejerció o ejerce la violencia como forma de influir en política, convencida de que sus causas son nacionales. Y si en buena parte el mundo islámico culpa a Occidente de sus males, no lo hace por motivos religiosos o por no practicar el Islam, sino que lo hace porque en gran medida Occidente es responsable de una larga cadena de postergación del pueblo árabe-persa-afgano-paquistaní de los procesos de modernización. En buena parte, esas organizaciones existen porque Occidente ha sido cómplice, junto a las elites gobernantes, de una sobreexplotación del pueblo; ha diezmado sus recursos naturales y ha sumergido a las naciones de la región en una larga e infinita guerra contra el sionismo.
Por eso, sin que el autor lo termine de confirmar, el lector, al finalizar el libro, llegará a la conclusión de por qué la existencia de eso que es la red Al Qaeda y de su líder emblemático, Bin Laden, le es más funcional a Occidente que el propio mundo islámico. ¿Existe Al Qaeda? ¿Existe Bin Laden? Asómese a este informado libro y conteste usted mismo esa pregunta... Nosotros ya encontramos una respuesta. (c) LA GACETA







