Relato alucinante y fantasioso, narrado con originalidad

Por Horacio Semeraro. La óptica del internado en un hospital psiquiátrico.

16 Abril 2006

Autor de obras teatrales, novelas y poemarios ampliamente representados, traducidos y premiados en diferentes países, Rosencof presenta una novela alucinante y original, narrada desde la óptica de un internado de hospital psiquiátrico. Utilizando el fuego como elemento referente, todo el libro es una macroasociación libre, en la que las imágenes, las ideas y las situaciones parecen concatenarse, sucederse por generación espontánea, sin derrotero definido: como correspondería a un personaje en su situación. Sin embargo, no se queda en ello. Alejándose de la mera crónica del desvarío o de la alienación, el autor nos presenta al paciente como un hombre ilustrado, que tiene acceso a la biblioteca del nosocomio. Ella guarda libros -en su mayoría científicos- que él lee esporádicamente, aunque la verdadera biblioteca está en su mente, en sí mismo. Y entonces sí, el mensaje que emite la obra, la historia que refiere, tiene el resplandor del fuego sacramental, el significado de la antorcha que se va pasando, el rescoldo que alumbra las sombrías circunstancias por las que atraviesan sus criaturas. Ellas se dividen entre las que viven caldeadas por el fuego (Fogata, Fosforito, etc.) a las que refiere el libro constantemente -porque sus protagonistas principales viven de él, el fuego del espíritu- y los otros internos, los del iglú y el frío. (pág. 17).
La cubierta del libro reproduce el célebre cuadro de El Bosco La nave de los locos, que se exhibe en el museo de El Louvre. En ella irrumpe -superpuesta- la imagen de Carlitos Chaplin, con una antorcha encendida sobre ella. Nada más elocuente. Porque el protagonista principal de la novela, Fosforito, es, a su decir, un enviado: "El Padre de arriba" creó al hombre, pero omitió dotarlo de humor y de la ternura necesaria. Según refiere el protagonista principal, en toda La Biblia -o en el Talmud y otros libros sagrados- no se menciona la risa (y cuando se hace mención a situaciones burlescas o irónicas, es sólo esporádicamente). Para enmendar dicha falencia, creó y envió a Chaplin, aunque no bastó con ello, por lo que decidió crear otros enviados. Así fue como surgió Fosforito entre ellos, cuyo maestro fue justamente Chaplin.
Un cuaderno de notas en las que irá narrando de modo casi epistolar a otra internada (La Chola) sus deducciones y enseñanzas en forma de parábolas y metáforas conforma estructuralmente la obra. El amor que La Chola le inspira generará una narración con elementos marcadamente poéticos y el agregado del elemento fantástico. Por la descripción que de ella realiza, se le representa al lector como una figura escapada de un cuadro de Boticelli. Ni falta que hace que el autor lo confiese casi al culminar el libro (pág. 163). El desarrollo de la obra en un nosocomio otorga al autor plenas posibilidades. Así, su mundo es una nave escapada del naufragio de la expedición de Hernán Cortés. Los enfermeros son "Obispos de blanco", la sala-dormitorio es la nave de una iglesia. En la obra surgen por asociación libre elucubraciones sobre personajes de diversa índole: mitológicos (Zeus, Aracna), históricos (Plinio, Hernán Cortés), bíblicos (Adán, Cristo, los santos) o cinematográficos, como Chaplin.
No hay en la novela delirio sistematizado ni alienación esquizofrénica, porque está estructurada desde el racionalismo y la atenta observación del absurdo, la contradicción que se observa aun dentro de los parámetros "normales" de la sociedad civilizada. Y desde su personaje, emprende la búsqueda de las motivaciones de la conducta humana, reivindicando la dignidad de las personas. Sus críticas y disidencias con el "Padre de arriba", como llama a Dios, lejos de acercarlo al nihilismo, trasuntan religiosidad: no se discute o se disiente con alguien en cuya existencia no se cree.
El enviado del fuego es un libro para ser tenido en cuenta. Un relato alucinante, fantasioso e imaginativo sin llegar a ser delirante, narrado en forma original. (c) LA GACETA

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