Ideas y afectos entre el Atlántico y el Pacífico

Por Rodolfo Modern. Cartas de Theodor W. Adorno y Thomas Mann, dos maestros de la creación.

09 Abril 2006

Cuando los interlocutores son de muy alto nivel, por lo común las frases suelen ser cuidadas y las reflexiones nunca baladíes. Justo el caso del libro comentado.
Thomas Mann no requiere presentación. Adorno (cuyo nombre y apellido completos eran Theodor Wiesengrund Adorno), menor que Mann, tampoco. Era un hombre múltiple, teórico de la música y compositor, filósofo y sociólogo, crítico y profundo conocedor, que es lo que aquí interesa, de la escritura de Mann. Ambos se conocieron durante el exilio común en California y luego se vieron, hasta la muerte de Mann en 1955, en Suiza y en Alemania, donde Adorno había sido restituido en el cargo, junto con Max Horkheimer, de la dirección del Instituto de Sociología, una reparación indispensable.
Mann era una persona con vastos conocimientos musicales, y acudió a Adorno como experto en teoría y música contemporánea, pues lo necesitaba para que lo asesorara en distintos aspectos de la personalidad de Adrian Leverkühn, el protagonista del "Doktor Faustus", y para que tomara el lugar del musicólogo Kretzschmar, portavoz de Leverkühn. A Adorno se deben, en consecuencia, largos pasajes donde se hacen transcripciones de música contemporánea, una hazaña desde el punto de vista del traslado de un material musical a uno literario, algo que Aldous Huxley había ya intentado en "Contrapunto".
Pero Adorno -y Mann- fueron mucho más allá, y a lo largo de las páginas de este volumen, prolijamente editado por el Fondo de Cultura Económica, aparece una historia de la historia de Alemania durante la guerra y la posguerra que siguió inmediatamente. Y como apasionado por la obra del mayor, surgen críticas de muchas otras obras de Mann, producto de agudas reflexiones y que recrean, de otro modo, la historia de la literatura alemana. Siempre en un clima de recíproca comprensión y respeto, más allá de la polémica entablada entre Thomas Mann y Arnold Schönberg, sin la cual, posiblemente, esta correspondencia no hubiera tenido lugar.
Tanto los admiradores del autor de "Felix Krull" como los del corredactor de "Minima moralia" tienen ahora ocasión de acercarse a ambos maestros de la creación en una versión en castellano de los originales. (c) LA GACETA

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