
El libro que comentamos es un minucioso análisis de la idea de utopía, que discierne las diversas capas de significado -tanto descriptivas cuanto valorativas- que la historia ha ido depositando alrededor de aquella idea, hasta conferirle una casi inextricable ambigüedad.
Con admirable versación, la autora pasa revista a los clásicos del pensamiento utópico así como a una ingente literatura relativa a esos clásicos; no omite, en ese examen, las "utopías negativas" o "distopías"; se interroga por la utopía como género literario y por el significado del "reproche de utopismo"; inquiere, en fin, sobre la "condición antiutópica" característica del presente.
Dos notas compondrían, según Graciela Fernández, el núcleo semántico invariante del concepto estudiado, más allá de cualquier ambigüedad: su índole fictiva (término técnico que designa lo que es construido, lo que es obra de artificio sin ser necesariamente una ficción) y su carácter crítico respecto de una realidad social dada.
Un hilo argumentativo se extiende a lo largo del libro y permanece nítido hasta expresarse con brillo en su conclusión. Esta sostiene, aproximadamente, que tan aciaga es la realización totalitaria de la utopía como la extinción de todo proyecto utópico; la esperanza, que nutre la generación de utopías y que conlleva la crítica del presente, es, más que opuesta, complementaria de la responsabilidad, que procura conservar lo valioso del presente y por ello ejerce la crítica realista de lo utópico.
Se trata, en fin, de una obra en la que la erudición no enturbia el pensamiento ni impide la buena prosa, y que cumple acabadamente con la contribución que su título promete. (c) LA GACETA







