
En este ensayo, el autor explica las razones por las que Argentina creció por encima de la economía mundial hasta 1913; pasó después por una etapa de transición 1914-1950 y, luego, por un tiempo de declinación, 1950-1970, acentuada en el período 1970-1990.Excelente manual de historia económica, describe las políticas económicas aplicadas para responder a las demandas de un país sumergido en una fiebre de progreso y especulación. Todo ello, tratado con el rigor de quien tiene suficiente información para comparar la dinámica argentina con referentes latinoamericanos e internacionales.El capítulo dedicado a la economía política del peronismo se inicia con Perón conductor y sus objetivos de pleno empleo, industrialización con intervencionismo estatal y mejora en los salarios. Sus políticas económicas, su financiamiento y las reformas institucionales están ampliamente descritas. Tales, las referencias al IAPI -organismo al que le confió el monopolio del comercio exterior- o el análisis "del Estado productor" que se hizo cargo de un gran número de empresas "a las que no siempre se les asignaron los objetivos de producir para abastecer la demanda con los menores costos sino los de dar empleo, subsidiar el consumo, etcétera". Señala también "el fin de la fiesta" y el análisis del mercantilismo como la economía política del populismo. El conflictivo período 1955-1973 es abordado con igual solvencia. Comenzando por el Plan de Raúl Prebisch, quien, de manera recurrente, se preguntaría: "¿Por qué se ha llegado a esa situación que no nos permite acelerar el ritmo de producción?" para responder: "La política de los diez últimos años ha provocado muy serias fallas estructurales a causa de la influencia del Estado en las inversiones de capital que no ha sabido orientar para acelerar el ritmo de desarrollo y atenuar la vulnerabilidad exterior" (Corsi e ricorsi de la historia argentina). En 1958 Frondizi afirmaba, en el mismo sentido: "En los últimos quince años, la Argentina ha gastado mucho más de lo que producía, omitiendo reponer las inversiones básicas de capital y endeudándose fuertemente en el exterior; la Tesorería de la Nación ha retirado de las Cajas de Jubilaciones más de 55.000 millones de pesos, el Estado nacional cuesta más de 100.000 millones de pesos al país... o sea que la administración gasta el doble de lo que percibe".
Hasta 1973 y desde 1958, sostiene el autor, se realizaron intentos por obtener equilibrios monetarios y fiscales, y en casi todas las administraciones prevaleció una mayor prudencia en el manejo de las cuentas públicas. Los ajustes permitieron las medidas expansivas del gobierno de Illia, y el reequipamiento y la modernización de la estructura industrial.
El regreso de Perón al poder inicia el análisis del período 1974-1989, al que define como "la gran depresión", describiendo diversas cuestiones que se suscitaron "en medio de la violencia y de los atentados terroristas de grupos armados de extrema derecha e izquierda y la cruenta e ilegal represión con que se respondió", terminando con la llegada de la administración radical del doctor Alfonsín ("No supe, no quise, no pude"), cuya caída describe con los sugestivos títulos de "Barranca abajo" y "En caída libre" por el fracaso del Plan Primavera, hasta llegar a la hiperinflación.
En el epílogo -con cierta sensación de frustración- busca asociaciones entre los períodos de mayor crecimiento y los de mayor inversión; entre el régimen del control de cambios y la falta de inversión extranjera; entre la guerra y la descapitalización de la infraestructura, por la interrupción de las importaciones; entre las distorsiones introducidas por los múltiples tipos de cambio y de tarifas y el encarecimiento de los bienes de capital... No menos importantes son las asociaciones entre el clima de desconfianza y la desmonetización de la economía; entre el crecimiento de la inversión y la estabilidad monetaria; entre la declinación del producto y la caída de la productividad.
Este análisis podría haberse enriquecido aún más asociando también las diversas formas de corrupción con que los diferentes factores lograron el asalto al poder a través del tiempo; ejercicio muy útil porque, como sostiene Julio H. G. Olivera, si bien "Las leyes económicas no son leyes morales, el funcionamiento de un sistema económico, centralizado o descentralizado, individualista o socialista, depende en última instancia de las fuerzas morales de la sociedad". (c) LA GACETA







