Aquellos años sesenta

(De "La década rebelde. Los años 60 en la Argentina", por Sergio Pujol, Emecé, Buenos Aires).

22 Octubre 2002
"Los años 60 no necesitan el aval de la nostalgia para mantenerse encendidos en el túnel de la Historia. Casi no hay país que no encuentre en su propio pasado algún motivo para que el tiempo transcurrido entre 1960 y 1970 sea algo más que una convención de historiadores perezosos. Luego, podrá discutirse si la década debe ser desgajada en etapas, o si desde el punto de vista de la significación histórica realmente empezó y terminó en años redondos. (Todos sabemos qué arbitrario puede ser el ordenamiento pitagórico del pasado). Pero que la década de los 60 existió no hay dudas: de ella se habla y se escribe abundantemente, con fruición, con esa mezcla de certidumbre y ensueño que suele reservarse para las grandes eras o edades.
Tiempo de notable conciencia histórica, la década no sólo presenta interés para historiadores y ensayistas: fue interpretada por muchos de sus protagonistas y testigos -¿cómo fundamentar la división entre unos y otros?- como un período dorado de la civilización, con logros tecnológicos y artísticos que modificaron para siempre las esferas privada y pública de la vida humana. Naturalmente, no todos hicieron una evaluación positiva. Algunos creyeron ver en los 60 el comienzo de una decadencia: la caída de un orden sin una sucesión, sin un relevo claro, sin un Dios al cual dedicar tanta celebración. Daniel Bell, acaso el sociólogo neoconservador más lúcido, afirma que todo lo que había en los 60 no era más que ?la patética celebración del yo, un yo que había sido vaciado de contenido y que se disfrazaba de ser vital mediante la representación teatral de la revolución?. Desde el marxismo, Frederic Jameson consideró a los 60 el momento de rotación de la cultura occidental; ese giro cultural que desembocó en el posmodernismo.
En su contradictoria mezcla de individualismo y utopía social, de hedonismo y compromiso, la época destruyó con violencia convencionales muy antiguas, poniendo en crisis los más diversos niveles de organización humana: el de los adultos y los jóvenes; el de los hombres y las mujeres; el de los maestros y los alumnos; el de los europeos y los no europeos; el de los ricos y los pobres... No había duda: un mundo estaba desapareciendo bruscamente, y aunque muchos soñaban con un futuro más justo y humano, ese futuro era difícil de imaginar. Y muchas veces, la imaginación avalaba la peor de las hipótesis: ¿y si finalmente la Bomba Atómica adelantaba el Apocalipsis?
De izquierda a derecha (digamos: a favor o en contra), el juicio a los años 60 empezó temprano, y esto no es casual ni secundario. Con la década de los 20 pasó algo similar, pero allí estuvo el crack del ?29 y la gran depresión ulterior que alentaron las estampas más coloridas de los alegres veinte. En cambio, no hubo un crack del ?69, ni una gran depresión de los 70, aunque la economía mundial tuvo serios problemas hacia 1973. En realidad, los años 60 ingresaron en la Historia de un modo muy extraño, como si la sociedad mundial se hubiera puesto de acuerdo para sellar un período del que hacia 1968 ya había señales contrapuestas de culminación y agotamiento".

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