Significativo testimonio de diálogo interreligioso

Por Domingo Cosenza. Un judío, un cristiano y un musulmán, en búsqueda de un encuentro.

27 Noviembre 2005

Ejemplos de diálogo interreligioso no han faltado a lo largo de la historia. Es muy conocido el Diálogo entre el apologista cristiano Justino y el maestro judío Trifón a mediados del siglo II. Prácticamente ignorado es, en cambio, el Diálogo sobre la religión en la corte de los sasánidas, sostenido supuestamente entre griegos, judíos y cristianos en la corte persa en el siglo V o VI. Por su parte, el pensador judío español Judá Ha-Levi redactó a comienzos del siglo XII el Libro de la prueba y del fundamento sobre la defensa de la religión despreciada, más conocido como Kuzari, en el que, en presencia del rey de los jázares, defienden sus creencias respectivas un filósofo, un cristiano, un musulmán y un judío, que es quien logra finalmente convencer al rey. El formato común de estos interesantes escritos en la disputa, cuya intención es demostrar que la verdad contenida en la propia religión es absoluta y que, por tanto, excluye todas las restantes alternativas; o que esas otras alternativas religiosas ya están contenidas dentro de la verdad afirmada en la religión del autor.
El libro nos presenta también el diálogo de un judío, un cristiano y un musulmán: Daniel Goldman (rabino de la comunidad Bet-El), Guillermo Marcó (sacerdote vocero del Arzobispado de Buenos Aires) y Omar Abboud (secretario de Cultura del Centro Islámico de la República Argentina). Ellos conversan con el periodista Ricardo López Dusil (que es actualmente asesor en la Secretaría de Culto de la Nación). Pero el espíritu que motiva el diálogo es muy distinto. Ya no se trata de un debate donde se busca demostrar la superioridad de la propia religión, sino de un encuentro donde tres personas que han estrechado lazos de amistad expresan, como afirma G. Marcó, una "búsqueda común del Dios que nos ama, que nos hace también admirar y sorprendernos con la riqueza interior del otro" (p. 44).Los participantes del diálogo no se ubican como representantes de sus respectivas religiones, sino como "miembros de ellas" (cf. p. 44). Por eso sus expresiones no tienen un tono magisterial, sino más bien testimonial. Sin embargo sus afirmaciones, manifestadas más como creyentes que como referentes religiosos, reflejan un contenido muy acorde con el de la declaración oficial conjunta que firmaron el 9 de agosto el cardenal Jorge Bergoglio (arzobispo de Buenos Aires)), Helal Massud (presidente del Centro Islámico), Jorge Kirszenbaum y Luis Grynwald (presidente de la DAIA y de la AMIA respectivamente). En dicha declaración, católicos, musulmanes y judíos reafirmaron su compromiso de seguir trabajando en los siguientes ámbitos.
1) La educación centrada en los aspectos humanos que fomenten el compromiso diario con la paz y la convivencia. 2) La profundización del diálogo interreligioso como elemento de convocatoria al trabajo en valores. 3) La formación de una conciencia de ética solidaria que permita a los individuos crecer en su grado de compromiso con los demás. 4) Repudiar y condenar desde nuestras creencias cualquier manifestación de violencia que traiga consigo la pérdida irreparable de la vida. 5) Crear una comisión destinada al estudio y a la prevención de las causas que generan el terrorismo y el fundamentalismo. 6) Evitar generalizaciones que siembren la confusión, ya que las muertes violentas son causadas por las personas y no por las tradiciones religiosas.
Este último punto es señalado por O. Abboud, quien además subraya la "desinformación por parte de la prensa, que por desconocimiento o por tomar fuentes claramente identificadas con una mala visión del Islam, difunden información errónea" (p. 74). Los otros interlocutores se muestran de acuerdo en afirmar que tendría un efecto mayor que fuera un dirigente católico o judío el que hablara en defensa de los musulmanes (p. 95). Y añade D. Goldman: "No hay mejor manera de poder superar los prejuicios que el profundo sentido de la convivencia, amar al prójimo como a uno mismo, saber que el prójimo tiene nombre y está al lado. Cuando uno se coloca en la piel del otro, comprende la magnitud de su dolor y puede ayudarlo" (p. 94).
El tema de la ética y la acción se ubica en lo que un documento del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso llama "el diálogo de la vida, en el que las personas se esfuerzan por vivir en un espíritu de apertura y de buena vecindad, compartiendo sus alegrías y penas, sus problemas y preocupaciones humanas", y "el diálogo de las obras, en el que los cristianos y las restantes personas colaboran con vistas al desarrollo integral y a la libertad de la gente" (Diálogo y Anuncio n. 42). En este sentido, reconocen los autores que en nuestro país hay "un aporte para hacerle, con mucha humildad, al mundo, porque en la Argentina", con la convivencia debida a la inmigración, "la integración, aun con lo secular, se da un modo muy particular" (p. 94). (c) LA GACETA

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