Este año, el rock ha cumplido cuarenta de vida

Por Ezequiel Martínez Romero. Revisión completa y extensa, relacionada con varias constantes de la historia nacional.

27 Noviembre 2005

Parece mentira que en el año 2005 el rock cumpla cuatro décadas de vida; la verdad es que parece mucho más antiguo, o será que son muchos años y realmente se ha perdido la cuenta. Sergio Marchi es periodista especializado en la cultura del rock. Arrancó su carrera profesional en 1983, y ha escrito para varias publicaciones: Tren de Carga, Rock & Pop, 3 Puntos, Cosmopolitan, Veintitrés. Fue redactor del diario Clarín y en 1998 se desempeñó como editor musical de la revista Rolling Stone. Su trayectoria también abarca la radio. En 1997 editó su primer libro: No digas nada: una vida de Charly García.
En El Rock Perdido hace una revisión completa y extensa de estos cuarenta años, en doce capítulos, en los cuales se intercala gran parte de la música en cuestión con la historia argentina; muestra su evolución, así como los aciertos y los desaciertos.
El libro comienza con un interesante prólogo sobre la tragedia de Cromañón, que quizás haya sido el disparador de esta completa investigación, en la cual se refiere a la ignorancia, la decadencia, la degeneración y la pérdida de los caracteres originales, que son quizás las verdaderas causas del incendio del 30 de diciembre de 2004, donde 194 personas perdieron la vida.
El término "rock chabón" le sirve al autor para hablar de la "chatura, autodestrucción, pérdida de toda fe, y lavado de manos..." y realiza una comparación con el verdadero y original rock, que no necesitaba abordar la realidad, sino que la inventaba y buscaba principalmente la libertad.
Represión, policía, drogas, pelilargos y bandas son temas abordados por Marchi, quien proporciona innumerables ejemplos para enriquecer su texto y, al mismo tiempo, acrecentar el interés del lector.
A lo largo del libro, el periodista relaciona esa expresión musical con constantes sociales, religiosas, económicas e ideológicas de la historia argentina, y muestra cuánto influyeron en los ritmos, las letras (las cuales no dejan de sorprender), las vestimentas, los ideales y los fanáticos. Señala que el rock argentino fue el precursor en América Latina y tal vez de los países de habla hispana.
En su investigación, el público rockero ocupa uno de los tópicos más extensos y atrapantes: el pogo, las vestimentas, las escupidas, los golpes y, por sobre todo, el fanatismo y la idolatría. Un público que fue en un principio pacifista y se convirtió, en muchos casos, en vandálico. Malvinas, Alfonsín, Menem y el corralito son analizados a partir de la música.
El autor entrega un completo estudio para aquellos que cantaron con Almendra, bailaron con Soda Stereo y quizás hoy lloran con Callejeros. Abarca casi tres generaciones, y cada una se sentirá representada, se informará y entenderá la mayoría de los interrogantes sobre este género que sigue moviendo a multitudes en nuestro país.
Este libro no debería faltar en la biblioteca de aquellos que aman el rock y la música, porque, al fin y al cabo, cuarenta años no son pocos y lo que sucedió es mucho. "El rock es un reflejo de una sociedad, pero también debería ser reflexión y proponer algo más; para eso nació: para cuestionar, para preguntar, para maravillar pero no para estupidizar...", sostiene Marchi.
Marchi conquista desde el primer capítulo hasta el último, y como si esto fuera poco, el apéndice no es ni más ni menos que una entrevista en la que Luis Alberto Spinetta analiza el ayer, el hoy y el mañana del rock, y que pone el condimento final a este atrapante libro sobre la historia del rock argentino. (c) LA GACETA

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