Fuerzas profundas y terrorismo

Por Patricia Kreibohm, para LA GACETA - TUCUMAN. ¿No representa el terrorismo un espeluznante ejemplo de la magnitud de las "Fuerzas Profundas", del vigor de su metamorfosis y de la crudeza de su manifestación?

20 Noviembre 2005
Como sabemos, la ciencia exige algo más que observaciones y descripciones de hechos. Exige y necesita explicaciones y razones sobre las causas, los caracteres y los comportamientos de fenómenos y procesos; requiere la formulación de conjeturas y de proposiciones que anticipen -al menos aproximadamente- las tendencias de los factores estudiados. Una tarea ardua, sistemática y siempre inacabada para la cual es necesario contar con métodos y técnicas tan precisos como rigurosos, que faciliten al investigador el hallazgo de sus objetivos o -al menos- que le permitan aproximarse a ellos del modo más eficaz posible. En este sentido, el desarrollo de teorías, hipótesis, modelos y categorías es fundamental, pues sólo a partir de su utilización podrán elaborarse trabajos que superen la mera descripción y contribuyan significativamente al progreso científico.
El objetivo de este artículo es aplicar una categoría analítica específica a un fenómeno concreto. En otras palabras, se intentará emplear un instrumento teórico -las "Fuerzas Profundas"- para explicar la configuración de una manifestación de violencia que, sin ser novedosa, ha alcanzado un punto de inflexión durante los primeros años del siglo XXI: el terrorismo.
La Gran Guerra -casualmente desencadenada por un atentado terrorista (1)- había devastado Europa. Efectivamente, durante cuatro años los ejércitos de más de veinte naciones se habían enfrentado encarnizadamente, ocasionando saldos destructivos verdaderamente inéditos. El número de muertos superó los nueve millones y la cifra de los afectados de manera directa puede situarse alrededor de los 20 millones de personas. Sin embargo, sus efectos no se circunscribieron a las víctimas. La guerra transformó el pensamiento, los sentimientos y el entramado mismo de la convivencia social. Hacia 1918 el estupor de las poblaciones era casi tan intenso como su angustia y su desesperación; a partir de entonces, ni Europa ni el mundo volverían a ser los mismos.
Muchos intelectuales de la época -abrumados por las circunstancias- se plantearon entonces la necesidad de buscar respuestas y explicaciones a lo sucedido. Así, tanto en Gales como en Londres y en París surgieron -tímidamente- cátedras, institutos y centros de estudio que concentraron sus esfuerzos en alcanzar dos objetivos fundamentales: el primero, explicar las causas de los conflictos y de las guerras entre los Estados; el segundo, encontrar la forma de anticipar las tendencias de las relaciones internacionales a fin de prever y prevenir el desencadenamiento de semejantes catástrofes. En esta coyuntura nacieron -en la década de los años 20- los estudios internacionales; un área del conocimiento que se desarrolló lentamente hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial y que, durante la segunda mitad del siglo, se consolidó como una vigorosa disciplina científica: Las Relaciones Internacionales (2).
Entre sus primeros estudiosos estuvo Pierre Renouvin, un historiador francés que, desde su cátedra de la Sorbona, sentó las bases de uno de los ejes fundantes de esta nueva línea analítica: la Historia de las Relaciones Internacionales.
Los esfuerzos del autor se concentraron en tratar de contribuir a ampliar -desde una perspectiva que subsanara las falencias de la Historia Diplomática- las explicaciones de la dinámica de las relaciones internacionales. En este sentido, se preocupó por establecer los rasgos más significativos de los vínculos entre los pueblos y los Estados y por interpretar de manera más precisa sus rupturas y continuidades. Para ello, Renouvin desarrolló un conjunto de innovaciones metodológicas que facilitaron la comprensión y las interpretaciones de los procesos.
Incursionó en temas novedosos y acuñó una serie de conceptos y categorías que resultaron sumamente funcionales para examinar los acuciantes problemas de la realidad. La categoría de las Fuerzas Profundas es una de las más conocidas y, a través de su utilización, intentaremos analizar el fenómeno terrorista.
Según Renouvin, las relaciones internacionales han estado, desde siempre, influidas por un conjunto de Fuerzas Profundas que han condicionado su desarrollo, su dinámica y su estructura. "Las condiciones geográficas, los movimientos demográficos, los intereses económicos y financieros, las características de la mentalidad colectiva, las grandes corrientes sentimentales nos muestran las fuerzas profundas que han formado el marco de las relaciones entre los grupos humanos y que, en gran medida, han determinado su naturaleza. En sus decisiones o en sus proyectos, el estadista no puede ignorarlas; ha experimentado su influencia y está obligado a admitir los límites que ellas le imponen a su acción" (3).
Desde su perspectiva, estas fuerzas (demográficas, sentimentales o económicas) son colectivas, emanan de las sociedades y, una vez desencadenadas, retornan a ellas influenciándolas o condicionándolas. Según el autor, la consideración de su existencia es clave para interpretar la exacerbación de los nacionalismos, los conflictos motivados por intereses económicos o por convicciones religiosas; las tensiones originadas por la búsqueda y la conservación del poder; el ímpetu de los sentimientos colectivos y tantas otras manifestaciones de la vida social nacional e internacional. En efecto, las fuerzas constituyen poderosos impulsores de las acciones humanas, sin embargo, su estudio no puede realizarse de manera simplista ya que dentro de la categoría existen elementos y capacidades que requieren análisis más rigurosos; las fuerzas deben ser comprendidas en su propia esencia y a través de su dinámica particular.Sobre la base de estas premisas, Jean Baptiste Duroselle -quien fue uno de sus discípulos y el principal colaborador de Renouvin- se dedicó a profundizar un conjunto de factores específicos. En este caso, examinarenos dos principios relevantes: el primero está referido a la naturaleza fuerzas, y el segundo, a su dinámica.
a) El espectro de las fuerzas es sumamente amplio y complejo, por lo tanto -y en orden a su identificación- es necesario que se las distinga cualitativamente. Por un lado, las Fuerzas Profundas propiamente dichas, que son masivas, difusas, oscuras, espontáneas, constituyen verdaderas pulsiones a través de las cuales se manifiestan sentimientos, deseos, temores, angustias y rencores. Son irreflexivas, suelen gestarse de manera esporádica y sus efectos son casi imprevisibles; impulsan rebeliones, levantamientos y motines y normalmente subyacen en la base de muchos procesos revolucionarios. El segundo término, las Fuerzas Organizadas -o presiones- mucho más precisas, claras y definidas que las anteriores, se desencadenan de manera deliberada y en función de objetivos o de metas predeterminadas. Las fuerzas organizadas pueden graduarse y regularse y sus niveles de eficacia son más amplios que los de las pulsiones. Teóricamente, los resultados de su impacto son bastante más previsibles. Como ejemplo de ellas, el autor menciona las campañas de prensa, las acciones sindicales, los esfuerzos electorales, etcétera.
b) Las fuerzas no son estáticas. Frecuentemente mutan, se movilizan y se conectan a través de un juego particular que se materializa en una serie de procesos de retroalimentación. Dichos procesos pueden acabar modificando sus componentes o, sencillamente, transformándolas. Así -y bajo determinadas circunstancias- las fuerzas profundas pueden madurar y potenciarse hasta convertirse en fuerzas organizadas (4).
Ahora bien, ¿cómo elaborar una conexión pertinente entre la categoría de las fuerzas y el terrorismo? En principio, es necesario destacar que las manifestaciones terroristas suponen la existencia de un conflicto. En segundo término, señalar que si bien sus causas obedecen a factores diversos, todo movimiento terrorista está siempre impregnado de una enorme dosis de resentimiento, de frustración y de malestar que busca canalizarse a través de la violencia. Esta violencia es -a los ojos de sus autores- un vehículo eficaz para generar una transformación tan necesaria como impostergable. En palabras de Michel Wieviorka, dos son los impulsores básicos de las organizaciones terroristas: la esperanza y la desesperación. Esperanza de alcanzar el cambio positivo y desesperación que urge a la acción (5).
Desde esta perspectiva, es factible afirmar que el terrorismo configura una fuerza; una fuerza organizada que se ha materializado a través de una estrategia de violencia extrema: dicha estrategia ha sido definida y diseñada deliberadamente por sus autores, quienes la regulan en función de un conjunto de ideas y de objetivos muy concretos. Responde a planes y tácticas establecidas y sus efectos poseen una eficacia incuestionable. Sin embargo, esta fuerza no ha surgido en el vacío. Indudablemente, el terrorismo representa la transformación -o la maduración- de un cúmulo de fuerzas profundas, de resentimientos y de frustraciones, de odios, temores e insatisfacciones; fuerzas difusas y oscuras pero masivas, poderosas y espontáneas que se han potenciado hasta convertirse en una presión. La razón de esta conversión tal vez radique en que, como sostiene Duroselle: "Las fuerzas profundas, las pulsiones de las grandes colectividades, suelen ser el resultado de la cólera, de la voluntad de llegar a un término, de la aceptación del riesgo, del desencadenamiento de la violencia" (6).
En definitiva: ¿no representa el terrorismo un espeluznante ejemplo de la magnitud de las fuerzas, del vigor de su metamorfosis y de la crudeza de su manifestación? (c) LA GACETA

NOTAS
1) La Primera Guerra Mundial fue desencadenada por el atentado de Sarajevo, en el cual un terrorista serbio asesinó, en plena vía pública, a los herederos al trono del imperio austríaco: el archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía.
2) El crecimiento de la disciplina fue significativo y sus centros más importantes se situaron en los EE.UU.
3) Renouvin, Pierre. Introducción a la historia de las relaciones internacionales. FCE, México, 2000, pp. 9-10.
4) "Indudablemente las relaciones entre fuerzas profundas y fuerzas organizadas constituyen un punto esencial en cualquier estudio político interno pero también, en cualquier estudio sobre relaciones internacionales". Duroselle, Jean Baptiste. Todo imperio perecerá. FCE, México. p. 176.
5) Wieviorka, Michel. El terrorismo. La violencia política en el mundo. Plaza y Janés. Barcelona, 1991, p. 61.
6) Duroselle, Jean Baptiste. op. cit. p. 188.

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