Ejercicio de crueldad o compasiva postal

Por Walter Vargas. Novela.

20 Noviembre 2005

El viaje como zona de vastas posibilidades (como semilla de azar, como ocasión y condición de lo inaugural, de lo inaudito, de lo gestado a expensas de canon) es tan viejo como la literatura misma. Cómo olvidar, por caso, Extraños en un tren, esa joya psicologista concebida por Patricia Highsmith y llevada al cine por Alfred Hitchcock, o La autopista del sur, deliciosa travesura de alguien, como Julio Cortázar, persuadido de que honrar genuinamente un juego requiere indispensables montos de pasión y de seriedad, que por cierto nada tiene que ver con su penosa usurpadora: la solemnidad.Justamente Cortázar solía observar que nada hay más profundo que aquello que se supone irrelevante, nimio, superficial. Es que la vida -supo mentar cierto filósofo francés-, fecunda y palpita allí donde menos se la espera: allí donde simplemente acontece y persevera hasta terminar por devenir acontecimiento perpetuo. Pues bien, algo más o menos así sabe revelarse en Mitre, novela de Federico Jeanmaire que va del tono zumbón al dramático, y del dramático al erótico, y del erótico al zumbón, sin más mediaciones que las permitidas por Roberto y Mariela, dos desangelados capaces de asir lo sublime sin desalojar del todo, o acaso desplazando hacia una piadosa postergación, adversidades hechas carne, las peores cartas de la repartija primordial.
Roberto y Mariela se conocen y desconocen, se tejen y destejen, se reclaman y repelen, se enamoran y desenamoran en el lapso que demanda andar y desandar el trayecto José León Suárez-Retiro, porque nada más necesitan que la contigüidad de los cuerpos y la imperiosa vocación de volverse significativos para ese otro desconocido y al tiempo profundamente semejante.
Entretanto, una serie de personajes que los glosarios de última moda llamarían "bizarros" se vuelven significativos casi tan rápido como salen de escena, al modo de testigos transitorios, incidentales y providenciales de ese amor consumado y consumido entre ingestas copiosas y divagues filosóficos a la carta.
Mitre, al fin de cuentas, puede entenderse como un ejercicio de exquisita crueldad o como una compasiva postal de la miseria humana. En todo caso, subirse a este tren reservará las gratificaciones que les son propias a las novelas que saben cumplir con lo prometido. (c) LA GACETA

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