Realismo inteligente y mitos populistas

Por Angel Anaya. ENSAYO.

20 Noviembre 2005

La pobreza y el atraso, así como el logro del bienestar en la comunidad mundial, no están tan relacionados con el ideologismo político, como comúnmente se supone. Así lo sostiene Oppenheimer tras intensas investigaciones en numerosos y muy diversos países del planeta donde dialogó con estadistas, personalidades científicas, empresariales y gremialistas para tomar el pulso de las distintas realidades. Desde Asia a la Unión Europea, como en Estados Unidos y en Latinoamérica, el autor, notorio columnista periodístico, aporta un extraordinario repertorio de testimonios para demostrar que la ideología de las naciones es cada vez más irrelevante en el análisis correcto de la situación mundial. Hay dos tipos de países: los que atraen capitales productivos y los que los espantan, por lo que en el capaz para captarlos casi todo lo demás es aleatorio. Existen gobiernos comunistas, socialistas, progresistas y supercapitalistas que están logrando un enorme crecimiento económico, como una gran reducción de la pobreza, como hay otros que con las mismas ideologías fracasan irremediablemente. Lo que distingue a unos de otros, tal cual demuestra la investigación, es la capacidad para atraer inversiones que generen riqueza y empleos, reforzando o promoviendo las libertades políticas.
El porcentaje de la inversión en Asia, según informes de las Naciones Unidas, ha subido actualmente al 63 por ciento, mientras en América Latina ha caído el 37. Cita y estudio obligado es China, donde bajo el régimen comunista más estable se captan por año 60.000 millones de dólares en inversiones extranjeras bajo las reglas del capitalismo. Esa corriente supera largamente la de todas las inversiones en nuestra región y la caribeña. Oppenheimer señala al respecto que las remesas enviadas por los latinoamericanos en el exterior superan las llegadas de capital extranjero. La descripción del capitalismo imperante en China es el testimonio más rotundo de crecimiento de la confianza y seguridad en las inversiones, como demuestran los largos plazos con que estas se instalan. Algo parecido ocurre en Vietnam, otra dictadura comunista, donde la empresa occidental Nike, de calzado deportivo, es la mayor del país, con 130.000 empleados; ya están instaladas 140.000 compañías privadas, y la nación que venció a Estados Unidos militarmente tiene un crecimiento per cápita del 7% con mayoría empresarial norteamericana. Con el mismo régimen político, pero bajo el "cuento chino" de la amenaza imperialista, Cuba permanece en la pobreza más ominosa, ajena a los estándares internacionales y con un salario mensual promedio de diez dólares, tras cuatro décadas de castrismo.
El milagro de Chile, un país gobernado sucesivamente con la economía pinochetista y la concertación socialista-conservadora, es el más rescatable ejemplo latinoamericano de continuidad práctica. Nuestro vecino pudo escapar de los mitos populistas que hundieron a la Argentina sin que la restauración democrática sirviera lo necesario para evitar la crisis socioeconómica. Los modelos español e irlandés, representantes del bienestar más próspero de la comunidad europea después de sus prolongadas decadencias históricas, son también testimonios de cómo sociedades gobernadas alternativamente por partidos ideológicamente opuestos, recorren con éxito el tiempo para situarse en el mundo desarrollado. Son muchas más las naciones que han prestado atención a la nueva realidad, advirtiendo que el crecimiento socioeconómico es no sólo el camino al bienestar, sino a las libertades imposibles de resistir, al fin, por los regímenes más duros. La recorrida investigadora del autor se detiene después de su extenso periplo internacional, en el presente caso argentino, una oscilante realidad que trata de saltar la valla del atraso, pero que pareciera pretender hacerlo con la pesada mochila de los ideologismos pasatistas. Cautivante por lo informada es esta obra minuciosa que aporta una visión rotunda de la realidad planetaria. (c) LA GACETA

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