Eso que tienen en común una serie de cosas muy dispares

Por Coriolano Fernández. Ensayo.

13 Noviembre 2005

Hasta mayo de 2005, el físico Jorge Wagensberg fue director del Museo de la Ciencia, patrocinado por la Fundación La Caja, de Barcelona, donde en 1999 tuvo lugar la exposición ¡Y después fue la forma...! Ahí nació este libro, que tiene dos partes.
La primera es un esquema conceptual. Veamos. La realidad se compone de objetos y fenómenos. Los objetos son distribuciones, en el espacio, de materia, energía e información. Los fenómenos son los cambios, en el tiempo, que sufren los objetos. Pues tiempo hubo en que la realidad era una inmensa "sopa" de quarks; desde entonces la cosa se ha complicado. Hay objetos con predominio de materia (un puñado de arena); hay objetos con predominio de energía (el entorno de un imán) y hay objetos con predominio de información (un segmento de ADN o un poema).
Todo objeto produce una partición entre él mismo y el resto del mundo. De ahí tres conceptos: su interior, su exterior y la frontera. Una propiedad interior es su estructura; una propiedad exterior es la frecuencia de su aparición; y una propiedad de la frontera es la forma o tamaño. Es obvio que para el autor la noción de objeto incluye seres inanimados y animados.
Un factor decisivo es la selección. ¿Qué hace la selección? Abre el paso a un objeto o fenómeno para que acceda a la realidad y a veces permanezca en la realidad. Es la cuestión de empezar a existir y de seguir existiendo. Acá cita la célebre proposición de Spinoza según la cual cada cosa, en cuanto está en ella, se esfuerza por perseverar en el ser.
La selección se despliega en tres niveles. La materia, la vida y la cultura. Todo es selección. Pero como el estar en el ser enfrenta la incertidumbre, esto es, la posibilidad de no seguir estando, se produce una rebelión contra la incertidumbre. La primera rebelión la hizo la nada contra sí misma y surgió la materia inerte.
Permanecer, de esto se trata. En el mundo inerte permanecer significa estabilidad; en el mundo viviente significa adaptación; y en el mundo cultural significa creatividad.
La selección genera la función y gracias a la función se comprende científicamente la realidad. De todas las maneras de representar la realidad, la ciencia elige la más breve y la más compacta.
Mi libro, dice el autor, interesará a quien no quede indiferente ante esta pregunta: ¿qué tienen en común cosas tan dispares como el Sol, una pelota, un huevo de caviar y una burbuja en una copa de champán? En el fondo es la pregunta de Aristóteles.
Wagensberg, sin mencionar al griego, escribe: la mejor comprensión de un trozo de realidad es la mínima expresión del máximo común denominador de todas sus manifestaciones.
En la segunda parte intenta una Teoría de la Forma, sobre dos preguntas: ¿cuáles formas son las más frecuentes en nuestro mundo? ¿Y cómo se comprende que sean esas y no otras? Así empieza la segunda parte, pero sucede que cuando a ella llegamos, algo extenuados por la larga reflexión anterior, se nos va terminando el espacio.
A las preguntas, el autor da nueve respuestas analizando formas. La primera respuesta es: "La esfera protege...". ¿Qué significa esto? Basta pararse frente a un mercado para descubrir la superioridad de la esfera en materia de frutas y semillas. Otro ejemplo es el ojo de los animales; la selección natural ha favorecido muchos tipos de ojos esféricos.Cuando dos árboles crecen muy juntos tienden a construir una sola copa esférica. ¿Y los huevos? Los huevos de peces y tortugas acuáticas son esferitas casi perfectas; esto los protege de los animales que comen huevos; la esfera es una de las formas más difíciles de morder para fauces cuyo diámetro sea semejante al de la esfera.
Y en el mundo humano, cualquier máquina está llena de circunferencias, discos y esferas. Dalí estudió la esfera como generadora de otras formas y Antonio Gaudí, el gran arquitecto catalán, usó esferas de piedra. ¿Es casualidad que la idea inicial para fabricar el mouse de la computadora fuese una esfera?
Las otras ocho respuestas son: el hexágono pavimenta; la espiral empaqueta; la hélice agarra; el ángulo penetra; la onda desplaza; la parábola emite y recibe; los fractales colonizan y la catenaria aguanta (catenaria es la curva formada por una cadena o cuerda suspendida entre dos puntos que no están en el mismo nivel).
Wagensberg, profesor en la Universidad de Barcelona, su ciudad natal, y director de la serie Matatemas (Tusquets), hace honor a la reflexión de Nietzsche: ser artista es sentir como un contenido, como la cosa misma, eso que los no artistas llaman la forma. Su plan es atractivo, tiene páginas agudas, pero la redacción es profusa, le encanta hablar de casi todo. Porque el libro en rigor son dos libros. Mucho habría ganado el discurso del autor si hubiesen sido editados por separado. (c) LA GACETA

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