La novela hallada junto al cuerpo sin vida de Albert Camus, en 1960

Por Beatriz E. de Parolo. Interpretó, desde la estética, su historia personal.

13 Noviembre 2005

El 4 de enero de 1960, un accidente automovilístico truncó la vida del Premio Nobel de Literatura de 1957. Cerca del cuerpo sin vida de Albert Camus se hallaron las 144 páginas que conforman esta novela.
Un trabajo minucioso de Catherine Camus -hija del autor- permitió publicar el inacabado trabajo autobiográfico en 1994. "He querido proponer un texto desnudo, sin interpretación", "Camus se presenta aquí sin máscaras; es quizás eso lo que ha conmovido", afirma Catherine en ocasión de la aparición del libro en Francia.
"El primer hombre" explora la búsqueda tanto de los personajes como de los espacios que cincelaron la identidad de Jacques Cormery, niño que creció entre la callada presencia de su madre, la autoritaria vigilancia de la abuela y la dolorosa ausencia del padre, el "hombre" del título del libro. Ya adulto, frente a la tumba de este último, Jacques siente que su padre, al que nunca conoció y del que nunca le hablaron, estuvo, de alguna manera, siempre a su lado y delineó la persona de cuarenta años que es: el niño condenado al mundo de los excluidos, nacido y educado en un barrio pobre de Argel que soporta el peso de un pasado doloroso, logra, sin embargo, volar a alturas insospechadas. En efecto, gracias a la pasión por lo bello y lo superior, a su lucidez intelectual y a una refinada sensibilidad, el protagonista se construye a sí mismo. Y en este punto, a nuestro entender, es importante destacar el rol de instituciones y de otros personajes emblemáticos de la novela cuyo aporte cimenta esa construcción. Se trata de la escuela que contenía al niño a través de la acción de maestros que "amaban apasionadamente su trabajo". (...) "El método del señor Bernard" -dice Camus a propósito de un maestro inolvidable- "consistía en dar a su enseñanza un tono viviente y divertido que triunfaba incluso sobre las moscas", que en días de lluvias invadían la clase.
Los apéndices y las notas finales, así como el epílogo a la edición española y francesa, develan evidencias inequívocas del propósito introspectivo de Albert Camus: "habría que vivir como espectador de la propia vida. Para añadirle el sueño que le diera conclusión. Pero uno vive, y los otros sueñan tu vida" (pág. 280). "En resumen, voy a hablar de aquellos a los que quise. Y sólo de eso. Alegría profunda" (pág. 283).
"El primer hombre" se articula al conjunto de la obra de Camus como una novela en la que el escritor desparrama su nostalgia y logra interpretar, desde la estética, su historia personal. Historia que gira en torno de la voluntad de encontrar al padre en su yo más íntimo.
Retomamos finalmente palabras de Catherine Camus sobre su padre al presentar este libro póstumo: "es la primera vez que deja hablar libremente a su sensibilidad". Efectivamente, el escritor que siempre buscó la estética clásica -decir lo menos posible para sugerir lo máximo- se deja invadir en esta obra por un intenso lirismo.
Tradujo con gran profesionalismo Aurora Bernárdez. (c) LA GACETA

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