
Octavio Paz comienza su ensayo sobre Pessoa, "El desconocido de sí mismo", afirmando que "los poetas no tienen biografía", que "su obra es su biografía", y que, en el caso del poeta de los heterónimos, "nada en su vida es sorprendente, nada excepto sus poemas". Indudablemente es así, pero esto no impide que la devoción por la obra de un autor lleve a sus lectores a intentar acercarse al hombre que trabajaba y fumaba y sufría y observaba la ciudad desde una ventana, uno como otros, y que sin embargo hizo posible el milagro: como si nos fuera dado seguirlo a través de las calles y pudiéramos atisbar el instante en que la existencia común se transfigura en recóndita revelación. Si las páginas de un diario o las meditaciones íntimas están más próximas de esa "realidad" humana, entonces este libro ha de ser un cofrecillo para atesorar por los admiradores del plural poeta portugués.Los Escritos autobiográficos, automáticos y de reflexión personal, de Fernando Pessoa (1888-1935), cuya edición original y epílogo se deben al estudioso Richard Zenith y su traducción y edición local a Rodolfo Alonso, están divididos en tres secciones. La primera comprende anotaciones de diarios íntimos, borradores de cartas, apuntes sueltos de distintas fechas, hasta el año de su muerte. Esta sección se cierra con una "Nota biográfica" del propio Pessoa, datada el 30 de marzo de 1935 (morirá ocho meses más tarde), donde hace una ficha personal, con profesión, obras publicadas, educación, ideología política, posición en materia religiosa, etcétera. En cuanto a ideología política, se define "conservador de estilo inglés, esto es, liberal dentro del conservadurismo, y absolutamente antirreaccionario"; en "posición religiosa", se confiesa "cristiano agnóstico, y en consecuencia enteramente opuesto a todas las Iglesias organizadas, y sobre todo a la Iglesia de Roma"; en "posición iniciática", se declara "iniciado (...) en los tres grados menores de la (...) Orden Templaria de Portugal"; en "posición social", "anticomunista y antisocialista". En un "resumen" final, recuerda a Jacques de Molay, gran maestre de los Templarios, y se propone "combatir, siempre y en todas partes, a sus tres asesinos: la Ignorancia, el Fanatismo y la Tiranía". Nos preguntamos, no sin melancolía, si declaraciones como las precedentes -no entramos en su mérito- en un país como el nuestro no le hubieran valido al poeta seguir siendo un exiliado interior, un muerto para la cultura aun después de muerto, como no nos faltan ejemplos semejantes.
La segunda parte del libro está integrada por "comunicaciones mediúmnicas". Estas comunicaciones de los espíritus de los muertos, quienes respondían a las preguntas de los vivos (en este caso Pessoa), eran registradas a través de la escritura automática. Se advierte por las respuestas que la preocupación más acuciante de las interrogaciones se centraba en la sexualidad. A algunas palabras de los muertos hay que descifrarlas enfrentando un espejo al papel. Se señala allí: "Para el espejo astral", pero funciona igualmente con cualquier espejo terrestre. Puede leerse así, por ejemplo: "Ningún hombre debe investigar su destino. ¿Serás capaz de adivinarlo?". Las comunicaciones de los espíritus, salvo excepciones, se caracterizan por su decepcionante medianía y su exasperante vaguedad (exasperante en especial para Pessoa, quien evidentemente quería precisiones sobre el ser que el destino le tenía reservado).
La última sección, como declara Zenith, no incluye "textos propiamente autobiográficos, pues no tratan de la vida personal y cotidiana de quien los escribió, pero meditan sobre la vida de todos nosotros y revelan, así, actitudes más o menos íntimas del meditador". Se encuentran en este apartado varias páginas que Pessoa tituló "Reglas de vida", las cuales pueden leerse como voluntariosas armas defensivas para preservar su interioridad del asedio del sinsentido de la existencia, del desencanto de los otros y de sí mismo. Gran parte de lo que podríamos decir sobre el poeta quizá esté resumido en una frase consignada en esta sección, una frase que ni siquiera le pertenece, que él escuchó de labios de un desconocido en un café. Así registró el poeta ese momento: "Contaba las muertes que habían ocurrido en la familia (...), sumaba las penas que ellas le habían causado y, de repente, sin aviso al universo, sin reparar en lo que decía ni que reparáramos nosotros los que lo escuchábamos, remata, alzando el pocillo de café ya sin humo: Así es la vida, pero no estoy de acuerdo". Y agrega Pessoa: "Fue esta la frase y yo sólo quería, al recordarla, la gloria de haber podido inventarla. Todos los blasfemadores quedaron pobres por haber sido dicha esa frase. (...) Es la historia entera de la humanidad, en sus relaciones con la Naturaleza. Todo el arte, toda la religión, todo cuanto nos distingue del otro (...) y de nosotros mismos...".
"Así es la vida, pero no estoy de acuerdo". Entre tal reconocimiento de lo que la vida es, constatado en implacable lucidez, y la sorda pero honda rebelión contra ese orden, se despliega la obra poética y el pensamiento de Fernando Pessoa. Pocos poetas modernos han llevado tal contrapunto hasta extremos de tensión tan insostenibles como quien hizo trizas luminosas el espejo de la identidad. Gracias a este libro, podemos contemplar algunos fragmentos iridiscentes de su conciencia atormentada.(c) LA GACETA







