
En un pasaje del Diálogo con Trifón (67,2), el interlocutor del mártir Justino cuestiona que la conocida profecía del Emmanuel refiera un nacimiento virginal del Mesías. Por otra parte, reprocha que tal doctrina se asemeje escandalosamente a los mitos griegos, en los cuales se habla de mujeres que engendran hijos de los dioses. Estos argumentos, formulados en el siglo II volverían a enunciarse en diferentes épocas hasta nuestros días. En efecto, cualquier comentario actualizado del relato de la Anunciación señala la diferencia existente entre el texto hebreo y la traducción griega de Isaías 7,14 utilizada por Mateo. Inclusive lo ha hecho Juan Pablo II en una de sus catequesis: "Esta profecía, en el texto hebreo, no anuncia explícitamente el nacimiento virginal del Emmanuel. En efecto, el vocablo usado (almah) significa simplemente una mujer joven, no necesariamente una virgen. Además, es sabido que la tradición judaica no proponía el ideal de la virginidad perpetua, ni había expresado nunca la idea de una maternidad virginal" (Audiencia general 31-I-1996).
Mucho más controvertida es la comparación de la concepción de Jesús con el nacimiento extraordinario de otros personajes famosos. Joseph Campbell concluye que los nacimientos sin intervención de varón son "en el mito un tema perpetuo", una historia "que se repite en todas partes" (El héroe de las mil caras, Buenos Aires 2003, p. 277). Por eso en 1921 el célebre biblista Rudolph Bultmann atribuía un origen mítico a lo escrito en Mateo: "Este nacimiento virginal se habría añadido en la refundación helenística, porque en terreno helenístico se halla muy difundida la idea de que el rey o el héroe es engendrado por la deidad del seno de una virgen. La antigua historia habría narrado únicamente que un ángel prometió a José que su hijo iba a ser el Mesías" (Historia de la tradición sinóptica, Salamanca 2000, p. 352).
¿Mito o historia?
Entre los relatos más conocidos de concepción milagrosa se encuentra el de Alejandro Magno, engendrado por Zeus (cf. Plutarco, Alejandro 2), y el del emperador Augusto, engendrado por Apolo (cf. Suetonio, Augusto 94). En el siglo III, Orígenes menciona el nacimiento de Platón, supuestamente engendrado por Apolo, para mostrar que también los sabios griegos y no sólo los ingenuos cristianos admitían este tipo de prodigios. Sin embargo, aclara de inmediato que en dicho caso se trata sólo de un recurso literario: "Mas éstos son verdaderamente cuentos que se forjaron sobre un hombre a quien, por su sabiduría y poder, se tenía por superior al común de los hombres" (Contra Celso I,37).
John D. Crossan objeta, al respecto, que no es válido decir que nuestra historia es verdadera mientras que la de los otros es mito: "O todas estas concepciones divinas, de Alejandro a Augusto, de Cristo a Buda, deben aceptarse literalmente, como hechos milagrosos, o todas ellas deben aceptarse metafórica o teológicamente" (El nacimiento del cristianismo, Buenos Aires 2003, p. 58). Sin embargo esta afirmación no tiene en cuenta que hay una diferencia fundamental entre aquellos relatos y el de los Evangelios: en casi todos los relatos griegos los dioses fecundan de tal modo a una mujer que llegan a ser padres en sentido más o menos físico del niño concebido. Pero en los Evangelios, Dios no es el padre biológico de Jesús.
Como explicaba hace varios años Joseph Ratzinger, "la filiación divina de Jesús no sufriría menoscabo alguno si hubiese nacido de un matrimonio normal, porque la filiación divina de la que habla la Iglesia no es un hecho biológico, sino ontológico; no es un acontecimiento del tiempo, sino de la eternidad de Dios" (Introducción al cristianismo, Salamanca 1979, p. 238).
Ahora bien, descartar un origen mítico, ¿significa afirmar la realidad histórica de todos los relatos de la infancia de Jesús? algunas diferencias en las noticias evangélicas exigen ser cautos. El padre de José ¿se llamaba Jacob (Mt I,16) o Helí (Lc 3,23)? José y María ¿tenían su "casa" en Belén (Mt 2,11) o viajaron allí para el censo (I.c 2,4)? El niño ¿es llevado a Egipto para escapar de una matanza ordenada por Herodes (Mt 2,14) o retorna con sus padres tranquilamente a Nazaret (Lc 2,39)? A esto hay que añadir que el censo que "tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino" (Lc 2,2) fue realizado diez años después de la muerte de Herodes, según Flavio Josefo (Antigüedades 18,4; Guerra Judía 7,252).
Explicando las Escrituras
Los relatos de la infancia son textos que surgieron en una fase muy desarrollada de la tradición evangélica. Están ausentes en Marcos y en Juan, que presenta en su lugar un prólogo sobre la Palabra hecha carne (1,1-18). En Mateo y en Lucas, los relatos del nacimiento desempeñarían las funciones de prólogo, para definir desde el comienzo la identidad de Jesús como Hijo de Dios.
Responden más a una motivación teológica que a un interés documental. Se estaría utilizando en ellos un recurso semejante al que encontramos en la literatura judía, llamado midrash, a través del cual se intenta hacer comprensible un texto bíblico del pasado, teniendo en cuenta las circunstancias presentes de los lectores. El lenguaje usado es el de las Escrituras judías y no el de los mitos griegos.
Así, Lucas no presenta ningún indicio que sugiera contacto carnal entre el Angel Gabriel y María, a diferencia de los relatos mitológicos en los que seres celestiales mantienen trato sexual con mujeres y engendran hijos sobrenaturales. En la Anunciación subyace el relato bíblico de la creación, ya que el Espíritu Santo ejercerá en María la misma función vivificante que tiene desde el origen del mundo (Gn 1,2), el poder creador de la palabra divina, para la cual "nada hay imposible" y en la cual María ha creído (Cf. Lc 2,37-38,45). Igualmente la alabanza de María, elaborada en base al cántico de Ana (1 Sam 2,1-10) y a varias declaraciones de los profetas y de los Salmos, propone una relectura de la historia de la salvación, según la cual Dios una vez más viene a visitar a los humildes, a los pobres y a los hambrientos, para llevar a cumplimiento, en ellos y por medio de ellos, la promesa hecha a Abraham.
En Mateo unos magos adoran a Jesús mientras Herodes busca matarlo. La tradición posterior (apoyada en el Salmo 72,10), convertirá en reyes a estos magos, y deducirá su número a partir de los tres regalos que ofrecen al niño: "oro, incienso y mirra" (Mt 2,11). También les pondrá nombres: "los reyes de los magos eran tres hermanos: el primero, Melkon, que imperaba sobre los persas; el segundo, Baltasar, que prevalecía sobre los indios; y el tercero, Gaspar, que poseía el país de los árabes" (Evangelio Armenio de la infancia 5,10). Igualmente la tradición rabínica cuenta que unos astrólogos habían anunciado el nacimiento de Abraham: "han visto una estrella que subía por los cielos... Esto significa que un niño se hará dueño del mundo entero" (Midrash Sefer ha-Yashar). La estrella se convierte en una metáfora del rey Mesías a partir de la versión aramea de Num 24,17, que reemplaza "astro" por "rey": "Un rey se levantará de la casa de Jacob y un salvador de la casa de Israel.Es llamativo que un hecho tan atroz como la matanza de niños en Belén, no haya dejado huellas más allá del Evangelio de Mateo. Probablemente Mateo solamente haya utilizado y adaptado la antigua historia de la persecución del Faraón contra los niños hebreos. Josefo relata que el padre de Moisés recibió en sueños el anuncio de que su hijo "libraría a la raza hebrea de la esclavitud egipcia" (Antigüedades 2,212-216). La actualización de Mateo correspondía perfectamente a la fama sanguinaria de Herodes. Josefo informa en sus Antigüedades que, por temor a ser destronado, Herodes ordenó que matasen a su mujer Mariamme (15,213-239), a sus hijos Alejandro y Aristóbulo (16,361-394) y, cinco días antes de su muerte y estando en agonía hizo matar a su hijo Antipater (17,182-187).
Una buena noticia
Los relatos de la infancia también muestran por adelantado la diferente acogida que tendrá más tarde el mensaje de Jesús: recibido por los pobres y por extranjeros buscadores de Dios, ignorado por los conocedores de la Escritura y combatido por los poderosos. En eso mismo reside la permanente actualidad de estas narraciones. A comienzos del siglo I, después de un siglo de guerras civiles, se saludaba al emperador Augusto como el "Salvador de todo el mundo". Una inscripción en la ciudad de Priene proclamaba: "El nacimiento del dios (Augusto) marcó el principio de la buena noticia para el mundo". Lucas contradice esta propaganda y el concepto de pax romana que hoy llamaríamos orden mundial). Y para eso muestra que el censo mandado por Augusto sirvió para preparar el nacimiento de Jesús. Para Lucas la verdadera paz es aquella proclamada por el coro celestial: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace" (Lc 2,14). Es la paz vivida entre los primeros que imitaron el ejemplo de Jesús, que tenían "un solo corazón y una sola alma", cuya solidaridad lograba que ninguno padeciera necesidad (Hech 4,32.34). Por eso el auténtico mensaje de salvación no es el nacimiento de un mandatario controlador de una riqueza colonial fabulosa y de un poder militar masivo, sino el de un niño lo suficientemente pobre como para tener que nacer en un establo, que ni siquiera era suyo (cf. Lc 2,10-11). (c) LA GACETA







