
El título del libro sorprende. Mucho más sorprende el que, en primera página, un eslogan lo inaugure de este modo: La amistad, enamorarse, viajar, salir, el amor, ser madre, romper con la rutina, bailar [...] Todas las cosas buenas de la vida despeinan. Y eso te queda muy bien. Firma este pensamiento, no demasiado profundo, pero certero para el mundo de la mujer, Sedal. Sí, como ya puede imaginarlo el lector, se trata de un recurso de marketing de Sedal, la marca de los productos de belleza para el cabello que, según lo anunció un matutino de Buenos Aires, ha convocado a quince mujeres para escribir para mujeres y sobre asuntos de mujeres, de ahí el subtítulo del libro. Sin embargo, ningún dato explícito nos hace pensar que se trate de ello, a menos que el lector hubiera escuchado la publicidad de Sedal por TV, en la que se repiten las mismas palabras del texto inicial. Esta es una nueva -o no tan nueva- manera de aportar a la cultura; de este modo, además de belleza, Sedal ofrece a toda mujer ingresar en el universo de la palabra. La idea no es desdeñable. La firma Avon, por su parte, viene realizando anualmente un concurso de cuentos sólo para mujeres.
Estos comentarios no pretenden restar valor a las autoras de los relatos, todo lo contrario. Sin duda la compiladora -descuento que es mujer, aunque tampoco lo consigna el libro- hizo una muy buena labor; ha seleccionado entre las mejores narradoras actuales para garantizar el resultado. Ellas son, en su mayoría, muy conocidas del mundo de las letras, de aquí y de allá, algunas ya consagradas, como Angeles Mastretta, Rosa Montero, Susanna Tamaro, Marcela Serrano, Luisa Valenzuela, Liliana Heker; sin embargo, para no ser parcial, debo decir que todas son excelentes escritoras. Angela Pradelli, Ana María Shúa, Claudia Amengual, Liliana Heer, Marta Nos, Gioconda Belli, María Fasce, Cecilia Absatz, Susana Silvestre nos recrean con historias inteligentes y femeninas. Los relatos, como suele pasar en estos casos, de distinta intensidad y variados temas, algunos familiares, otros eróticos, los más nostálgicos, son aptos para diferentes gustos. Mientras Mastretta escribe una historia sugestiva y muy femenina, Liliana Heker despliega un humor ácido e ingenioso durante una clase de gimnasia, y Luisa Valenzuela dibuja con maestría la trama de un encuentro entre dos mujeres. Claudia Amengual se detiene como sólo puede hacerlo una mujer, en los encantos de la compra de ropa interior; en tanto Marta Nos hilvana toda una vida, de mujer, claro, en un breve y estupendo monólogo. Gioconda Belli perfila la especial sensibilidad de la mujer para el erotismo en una descripción que, seguramente, jamás haría un hombre. Y así podríamos comentar, en este mismo tono, el resto de los cuentos o fragmentos de novelas que componen el libro, pero el espacio no lo permite.
El volumen tiene, definitivamente, el sello de lo femenino, quizás por expresa indicación de la firma Sedal, quizás por el estilo de las escritoras elegidas. Cada relato posee una marca excluyente que revela la mano, la sensibilidad y la psicología de una mujer. Los personajes elegidos, la modulación de las voces, los temas que se abordan, el modo particular de ver la vida, las expectativas que se insinúan, harían imposible que una mente masculina fuese responsable de algunos de estos cuentos.
El cruce de eslogan publicitario y literatura dio como resultado, en este caso, una obra de nivel, muy recomendable; si la firma Sedal buscó con este libro ilustrar la excelencia de sus productos, a mi criterio, lo logró. Buena escritura, buen entretenimiento, buena mirada de mujeres para mujeres, y aunque fuese sólo para ellas, valdría la pena leerlo, aun cuando usted sea un hombre. La edición de Planeta es impecable. (c) LA GACETA







