El Gobierno no quiere que el dólar baje demasiado

Duhalde pidió un gesto patriótico a los jueces de la Corte Suprema.

21 Octubre 2002
Por Pablo Kandel

BUENOS AIRES.- El inesperado laurel que tuvo el Gobierno en la frente al hacer bajar el dólar y estabilizar los precios le causó, sin embargo, nuevos sudores al ministro de Economía, Roberto Lavagna.Lo que estaba costando casi $ 3,80 había caído apenas por encima de $ 3,60. Este funcionario tuvo que salir a decir que, después de todo, no es conveniente que el dólar siga resbalando porque no se sabe si va a poder sostenerlo o dará lugar a un nuevo rebote y que lo verdaderamente valioso es que se estabilice y no que oscile permanentemente.
El cierre fiscal y lo que quede del sistema financiero, después del corralito y del corralón, descansan sobre un dólar alto y para estos flancos tan sensitivos de la coyuntura, un dólar bajo o un peso con mucho Viagra les complica el paisaje.
El Presupuesto se basa fundamentalmente en las retenciones a las exportaciones, sobre todo las agropecuarias y de combustibles, no sólo para 2002 sino aun más acentuadamente en 2003, y puede lastimarse como consecuencia de la falta de un dólar suficientemente seductor para los productores y exportadores.
Juega a su favor el consecutivo incremento de precios de cereales y carnes, unido a la reapertura de no menos de 50 mercados a las carnes argentinas.
Entre enero y mayo se produjo una impresionante escalada del dólar argentino, pero no provocaron un boom de las exportaciones aunque sí una recomposición del aparato productivo a través de la sustitución de importaciones.En segundo lugar, las preocupaciones oficiales respecto de que la Corte Suprema, fortalecida por el contraste que tuvieron los legisladores que pretendían enjuiciarla, pueda poner término al experimento de pesificación de los depósitos mediante fallos definitivos, provocaron un rápido reflejo del presidente Eduardo Duhalde para pedir un gesto patriótico de esos jueces: que avalen la pesificación, o la redolarización con canje de bonos a largo plazo. Pero el argumento de fondo es que una redolarización de los depósitos arrastraría a los créditos que también deberían redolarizarse y allí todo el entusiasmo de los ahorristas seguidores de Artaza se contrarrestaría con el enojo de los deudores.
Es cierto que la caída del dólar convence a muchos ahorristas que habían comprado un dólar más alto que el actual, a volcar el dinero a la compra de bienes de uso o de consumo durable.

Lo ideal
El escenario ideal sería que el dólar baje acompañado por una caída de las tasas de interés activas, es decir, las que tienen que pagar los tomadores de crédito.Pero para que bajen las activas también deberían hacerlo las pasivas, las que se pagan a los ahorristas, y en esto hay que actuar con prudencia pues, si el depositante ve que no le están remunerando bien su dinero, podría renacer su apetito por el dólar.
A la vez, hay que acompañar esta renormalización en lo financiero con un incremento de la recaudación de los impuestos "normales", que son los que dependen de la actividad económica.
El último gran desafío que se plantea es el de las tarifas de servicios públicos los cuales enfrentan la disyuntiva de ningún aumento (pedido por los usuarios), un aumento pequeño (es la idea de Lavagna) o el gran aumento (pedido por los prestadores).
Todo el abanico es posible, dependiendo de cómo se resuelva la prueba de fuerza que enfrenta ahora Economía, tironeado por todos lados, e incluso por el FMI. (DyN)

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