Teatralidad cada vez más lejos de los escenarios

Por Juan Antonio Tríbulo.

28 Agosto 2005
Rafael Alberti escribió con pluma de poeta sus dramas teatrales. La edición de El adefesio (1944) y la reedición de las otras dos piezas con conforman este volumen -El hombre deshabitado (1930) y El trébol florido (1940), publicadas por Losada en su colección Gran Teatro en 1950- nos conectan con una teatralidad alejada cada vez más de los escenarios y destinada casi por completo a la lectura como único acceso a su magia literaria. Textos dramáticos simbólicos, oníricos, con climas, personajes y temáticas de intertexto lorquiano, ricos en su decir cargado de metáforas, imágenes, retórica y poesía, invitan al lector a repasarlos una y otra vez para saborear sus palabras. LA GACETA registró el paso por Tucumán de Rafael Alberti y su compañera María Teresa León, el año en que llegaron a la Argentina huyendo del espanto de la Guerra Civil, que arrasaba su terruño natal.
Leemos que el 28 de octubre de 1940 Alberti dictó una conferencia en la Biblioteca Alberdi sobre "Federico García Lorca amigo y poeta", y al día siguiente la poeta y actriz María Teresa León habló en la Sociedad Sarmiento. Aunque no supiéramos de esta amistad, podríamos reconocer en el personaje femenino central de El adefesio, Gorgo (interpretado por Margarita Xirgu en el estreno en Buenos Aires, temporadas teatrales que atemperaron el exilio forzoso tanto del autor como de esa eximia actriz), el temperamento autoritario de Bernarda Alba. En esta tragedia, Gorgo presenta múltiples facetas que enriquecen el personaje. Para ejercer el poder, se disfraza de hombre con la barba postiza de su hermano muerto. Encontramos aquí un paralelo con Shen-Te, el personaje de El alma buena de Se-Chuan, de Bertolt Brecht (1940), que asume la máscara de su primo para imponerse sobre quienes la acosan. Gorgo evita con diferentes estrategias la unión de la pareja de jóvenes amantes Altea y Cástor, para impedir un vergonzoso incesto. Unica depositaria del secreto, le prometió separarlos a su hermano muerto, padre de los inocentes, hijos de distintas madres. Cargada de culpa, trata de redimirse convidando a los mendigos del pueblo a un festín. Asumiendo el rol de Cristo, lava las manos de los comensales. Pero este gesto de humildad no puede evitar el malentendido de mensajes que provoca el suicidio de la joven, muerte que cierra trágicamente la historia y convierte a Gorgo en el adefesio del título.
Podemos considerar a El hombre deshabitado una fábula casi didáctica, antinaturalista, con rasgos expresionistas. Alberti la denomina "auto en un prólogo, un acto y un epílogo", asimilando su propuesta dramática a un auto sacramental, que tiene poco de sacro y mucho de poético. El personaje de El Vigilante Nocturno puede identificarse con un moderno Satanás o con la personificación de Dios, quien entrega al El Hombre, el protagonista, los cinco sentidos para que descubra el mundo a donde lo han destinado a vivir junto a una hermosa muchacha, La Mujer. Le advierte que si no los usa con tacto pueden ser muy peligrosos. Aparece, rescatada de las aguas del mar, otra mujer, que encarna La Tentación, quien, ayudada por los cinco sentidos seduce a El Hombre, lo trastorna. Será suya sólo después de que mate a La Mujer. En el epílogo, al volver al pozo de donde salió, El Hombre le recrimina a El Vigilante Nocturno que, habiéndolo creado y en conocimiento de lo que estaba viviendo, no evitó la catástrofe, no le envió un aviso celeste o no lo creó de otra manera. Confiesa que fue derrotado por los sentidos. Comprende que así lo dispuso el enigmático personaje desde miles de siglos antes de concederle la vida. Y ante la pregunta ¿Por qué lo permitiste? El Vigilante sólo responde: "en mí todo es secreto. ¿Por qué voy a revelártelo a ti?" El trébol florido es una tragicomedia entre dos fiestas. Comienza con la fiesta-ceremonia de la búsqueda de tréboles de cuatro hojas que unen parejas de amantes y concluye con la quema de un toro de paja, elemento que sustenta las predicciones de una vieja. En medio está Aitana, hija del viejo molinero, enamorada de Alción -con quien trama escaparse-, hermano de Martín a quien también amó y prometió casamiento, hijos de Umbrosa, la pescadora viuda. También aquí el conflicto central está planteado por Alberti, basándose en ancestrales odios y rechazos entre la gente que vive de su trabajo en el mar y los que amasan los frutos de la tierra, de tal modo que la historia sólo puede devenir en tragedia. (c) LA GACETA

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