La cultura federal

Para LA GACETA - Córdoba.

21 Agosto 2005
Si la cultura es lo que queda cuando todo lo demás se ha olvidado, debemos indagar sobre la adhesión de la sociedad a los valores o a los antivalores. Es un dato cierto que estos últimos crecen aceleradamente. Pero, ¿hay una cultura federal? Creo que sí y me propongo indagar sobre ella.
- El federalismo a través de sus niveles de gobierno, se propone acercar el poder a la gente, para el mejor servicio del bien común. Por eso el mundo de hoy es virtualmente federal, mediante regiones autónomas.
- La unidad del Estado-nación es una responsabilidad compartida. La preeminencia de ese deber pertenece al gobierno nacional, pero no es ajena a los niveles inferiores de administración, porque sus autonomías no deben aspirar a la escisión.
- La cultura federal se diversifica en la proximidad a la gente: crece la demanda de servicios, los matices se manifiestan como diferencias o no, surgen las iniciativas respecto de los cuales hay que discernir si sirven al bien común.
- Los antagonismos son inevitables pero debe prevalecer la concordia. Los conflictos entre niveles de gobierno son contrarios al espíritu de las constituciones, a la cultura federal y al bien común. Por la negociación deben superarse o mantener un statu quo que no divida a la sociedad.
- Si hay cultura federal, los consensos serán posibles, necesarios para superar la fragmentación social, las confrontaciones evitables y hacer posibles las políticas de Estado, que son las que prosiguen sucesivos gobiernos, aun de diferente signo político.
- Las autonomías pueden desarrollarse gradualmente sólo si se van confirmando sus ventajas, si se forman operadores aptos para las nuevas competencias, si se ocupan espacios que el poder central deja vacío por inercia burocrática o por distanciamientos políticos. Pero ese desarrollo no debe debilitar la unidad nacional, ya comprometida por la globalización.
- La cultura federal evita que el mundo global destruya las identidades locales, que deben convivir con las nuevas interdependencias. Procurar que las nuevas relaciones no instalen dominaciones explícitas u ocultas.
- La identidad local no significa aislamiento. La interdependencia es inevitable, pero puede vivirse de modos diversos en el desarrollo personal, en las relaciones sociales y en la producción.
- La cultura federal ha abierto nuevos horizontes con la regionalización, que mejora las economías de escala y puede acomodarse a las más diversas situaciones, sin comprometer las autonomías provinciales ni la soberanía nacional, o lo que resta de ella.
- En fin, la cultura federal se nutre de la subsidiariedad, que aconseja reservar las competencias que se ejercen mejor en los niveles inferiores de administración, a las provincias, o a los municipios y regiones. La descentralización del poder es su nombre actual.
- La cultura federal no consiente la subordinación interesada de los gobernadores o intendentes al nivel superior de gobierno. Y el gobierno nacional se desvirtúa si la acepta y peor si la fomenta, distribuyendo sus favores a cambio de apoyo electoral o cívico. El civismo exige igualdad de oportunidades, que no es fácil crear, pero tampoco imposible. Si a la suma del poder público ejercido por el Presidente se agrega la subordinación, el sistema republicano se amortigua y es una entelequia. (c) LA GACETA

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