Cuatro fanáticos de la música ciudadana

Por Ezequiel Martínez Romero.

21 Agosto 2005
Dicen que lo bueno viene en envase chico, y este libro no es la excepción. En 1996, un grupo de empecinados estudiosos y difusores del tango creó el Ateneo del Tango de Tucumán, cuya principal tarea son la preservación y la difusión de esta valiosa expresión de nuestra cultura popular. El núcleo fundador estuvo integrado por Hugo Berreta, Mario Turbay, Enrique Setti y Hugo Altamiranda.
El libro es la sumatoria de cuatro ensayos, escritos por cuatro fanáticos de nuestra música ciudadana.
Enrique Setti, profesor titular de la Cátedra de Geomorfología y miembro de número de la Academia Nacional de Geografía, propone un interesante análisis sobre "La importancia del paisaje en la letra del tango". Señala que la poesía de nuestra música tiene una base esencialmente paisajística. Demuestra que el entorno donde el hombre vive es la principal influencia en la creación literaria y poética. Los paisajes del tango se extienden por diversos escenarios, pero Setti los agrupa en tres espacios: rural, urbano y suburbano. Afirma: "el paisaje es utilizado como elemento escenográfico para evocar un determinado estado de ánimo", que no sólo llega al corazón de quien lo interpreta, sino también de quien lo escucha.
Luis Jaime, profesor asociado de la cátedra de Cosmografía y Geofísica en la carrera de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, presenta un exhaustivo análisis de las letras del tango relacionadas con la noche, la Luna, el Sol, el ocaso, los amaneceres... "¿El poeta del tango miraba las estrellas con una pasión comparable a la del astrónomo?", se pregunta y a partir de allí comienza a desarrollar un estudio extenso y muy interesante, que motiva al lector a la búsqueda de nuevos análisis a la hora de enfrentarse con una canción ciudadana.
Señala las influencias astronómicas ejercidas sobre los autores, mezcladas a su vez con el recuerdo, la soledad, el amor, el odio, la muerte, etcétera. Hace también una analogía con Horacio Ferrer, que se adelanta a la llegada del hombre a la Luna, con su tango "Balada para un loco", demostrando así que no estaba tan piantao.
Jorge Grandi, contador, se refiere a las grabaciones del tango, desde el gramófono hasta la llegada de los discos compactos. Su investigación es extensa y meticulosa; abarca una gran cantidad de piezas y le acerca al lector la historia y gran parte de los entretelones de las grabaciones.
Hugo Altamiranda, ingeniero y presidente del Ateneo del Tango, se refiere a "La glosa en el tango". Analiza este recurso poético que preanuncia y enriquece la letra del tango que luego se va a interpretar. El autor comenta que la glosa sufrió modificaciones con el tiempo y que estaba directamente relacionada con el presentador y más aún con los libretistas, género en extinción. "La glosa fue un señorial adorno para el tango durante mucho tiempo", dice Altamiranda. Según el diccionario, reflexión significa "Examen de una cosa que hace el alma". Al fin y al cabo, cada uno de estos autores nos abre lo más profundo de su ser con sus ensayos. (c) LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios