21 Agosto 2005 Seguir en 

Este volumen contiene una serie de breves y excelentes ensayos de dos filósofos tucumanos. Tanto Estrella como Schkolnik son doctores en Filosofía de la Universidad Nacional de Tucumán y profesores titulares de esa casa de estudios. Los dos fueron mis alumnos y después, mis colegas y amigos. A ambos debo agradecerles esos especiales momentos de felicidad que a veces produce la carrera docente.
Empecemos por Jorge. En su trabajo titulado "Hombres y bestias" narra dos experimentos. En el primero se había acostumbrado a unos monos a tirar de una soga para conseguir alimentos. Luego se les mostró que ese movimiento provocaba una dolorosa descarga eléctrica en otro mono. Años después, se hizo el mismo experimento con hombres, y las estadísticas mostraron que fueron más los hombres que comieron gracias al sufrimiento ajeno. Naturalmente, uno se pregunta: ¿quiénes son las bestias? En "Méritos y límites del antiguo mandato" se plantea el problema de la bioética, que intenta conciliar la moral tradicional con los nuevos adelantos científicos. La contradicción es evidente, cuando se recuerda la antigua afirmación de que la vida humana es sagrada, y se piensa en los grandes genocidios de nuestro tiempo, apoyados en parte por el descubrimiento de armas más mortíferas. Pero existen otras cuestiones que exigen respuestas más sutiles, como la de la eutanasia, por ejemplo. Temas tan complejos y profundos como "Las libertades y el Estado" y "La muerte" aparecen en los siguientes textos. Pero el tono cambia en "Tres garrotazos y ni un solo chichón", donde se muestra hasta dónde pueden llegar la arrogancia y la estupidez humana. En el siglo XVI, Copérnico y otros pensadores demostraron que la Tierra no era el centro del Universo, y hoy sabemos que "dentro de la Vía Láctea somos huéspedes modestos de un barrio periférico y que cientos de millones de galaxias pululan en la inmensidad del Universo". El segundo garrotazo lo dio Darwin en el siglo XIX, con su teoría de la evolución. El tercero les corresponde a Freud y al psicoanálisis, en el XX. A pesar de todo eso, el autor refiere que en una entrevista transmitida por televisión desde Buenos Aires, se explica que no se pueden comprar terrenos en la Luna, porque ya se ha establecido que la Luna, como todo el Universo, es patrimonio universal de la humanidad.
Tanto Estrella como Schkolnik se ocupan del humor, en algunos casos con reflexiones teóricas, en otros con ejemplos, pero la ironía está muy presente es sus textos. En "Bestiario universitario", Estrella recopila respuestas absurdas de estudiantes. En "El mundo, la Filosofía y las instituciones", Schkolnik señala cómo, en los congresos, los profesores no se refieren al mundo sino a los libros, la Filosofía se convierte en Historia de la Filosofía, y la erudición sustituye al pensamiento.
En el artículo que da título a este libro, Schkolnik destaca, entre la diversidad de la gente, dos tipos humanos: el esencial y el político. Al esencial le interesan las cosas, quiere saber y entender lo que ellas son; su mirada rige su acción. En consecuencia, su valor supremo es la verdad y su virtud más destacada es la inteligencia. El político, en cambio, quiere conocer a las personas e influir sobre ellas. Su virtud es la astucia, mediante la cual puede hacer creer a los demás que lo que ellos quieren es, en realidad, lo que él quiere. Su virtud es la astucia, mediante la cual consigue cargos y asciende en la escala social. De alguna manera, pero en muy diversas proporciones, todos los hombres participan de estos dos modos de ser. La diferencia consiste en que "la más esencial de las personas no lo es por completo, mientras que la más política de las personas lo es enteramente". El hombre esencial busca lo absoluto; el político, las novedades, y su campo puede extenderse desde las últimas corrientes filosóficas hasta los colores que se usarán el próximo verano. Por supuesto, los políticos son más numerosos que los esenciales.
En "En cada cual atiende su juego", el autor supone una carta de un amigo, en la cual le aconseja ser más condescendiente, o más piadoso, con sus congéneres. Todos nos interesamos por algo, ya sea las matemáticas o el fútbol; tenemos una lucidez que nos permite distanciarnos de la nada o no pensar en la propia muerte.
El libro recoge otros textos breves de igual excelencia, como "La muerte" y "¿Cuál es el truco de la metáfora?", de Jorge Estrella, y "De la dignidad", "La envidia", "El mundo, la Filosofía y las instituciones", "Humor", "Inteligencia y picardía", "Del humor (II)", de Samuel Schkolnik. (c) LA GACETA
Empecemos por Jorge. En su trabajo titulado "Hombres y bestias" narra dos experimentos. En el primero se había acostumbrado a unos monos a tirar de una soga para conseguir alimentos. Luego se les mostró que ese movimiento provocaba una dolorosa descarga eléctrica en otro mono. Años después, se hizo el mismo experimento con hombres, y las estadísticas mostraron que fueron más los hombres que comieron gracias al sufrimiento ajeno. Naturalmente, uno se pregunta: ¿quiénes son las bestias? En "Méritos y límites del antiguo mandato" se plantea el problema de la bioética, que intenta conciliar la moral tradicional con los nuevos adelantos científicos. La contradicción es evidente, cuando se recuerda la antigua afirmación de que la vida humana es sagrada, y se piensa en los grandes genocidios de nuestro tiempo, apoyados en parte por el descubrimiento de armas más mortíferas. Pero existen otras cuestiones que exigen respuestas más sutiles, como la de la eutanasia, por ejemplo. Temas tan complejos y profundos como "Las libertades y el Estado" y "La muerte" aparecen en los siguientes textos. Pero el tono cambia en "Tres garrotazos y ni un solo chichón", donde se muestra hasta dónde pueden llegar la arrogancia y la estupidez humana. En el siglo XVI, Copérnico y otros pensadores demostraron que la Tierra no era el centro del Universo, y hoy sabemos que "dentro de la Vía Láctea somos huéspedes modestos de un barrio periférico y que cientos de millones de galaxias pululan en la inmensidad del Universo". El segundo garrotazo lo dio Darwin en el siglo XIX, con su teoría de la evolución. El tercero les corresponde a Freud y al psicoanálisis, en el XX. A pesar de todo eso, el autor refiere que en una entrevista transmitida por televisión desde Buenos Aires, se explica que no se pueden comprar terrenos en la Luna, porque ya se ha establecido que la Luna, como todo el Universo, es patrimonio universal de la humanidad.
Tanto Estrella como Schkolnik se ocupan del humor, en algunos casos con reflexiones teóricas, en otros con ejemplos, pero la ironía está muy presente es sus textos. En "Bestiario universitario", Estrella recopila respuestas absurdas de estudiantes. En "El mundo, la Filosofía y las instituciones", Schkolnik señala cómo, en los congresos, los profesores no se refieren al mundo sino a los libros, la Filosofía se convierte en Historia de la Filosofía, y la erudición sustituye al pensamiento.
En el artículo que da título a este libro, Schkolnik destaca, entre la diversidad de la gente, dos tipos humanos: el esencial y el político. Al esencial le interesan las cosas, quiere saber y entender lo que ellas son; su mirada rige su acción. En consecuencia, su valor supremo es la verdad y su virtud más destacada es la inteligencia. El político, en cambio, quiere conocer a las personas e influir sobre ellas. Su virtud es la astucia, mediante la cual puede hacer creer a los demás que lo que ellos quieren es, en realidad, lo que él quiere. Su virtud es la astucia, mediante la cual consigue cargos y asciende en la escala social. De alguna manera, pero en muy diversas proporciones, todos los hombres participan de estos dos modos de ser. La diferencia consiste en que "la más esencial de las personas no lo es por completo, mientras que la más política de las personas lo es enteramente". El hombre esencial busca lo absoluto; el político, las novedades, y su campo puede extenderse desde las últimas corrientes filosóficas hasta los colores que se usarán el próximo verano. Por supuesto, los políticos son más numerosos que los esenciales.
En "En cada cual atiende su juego", el autor supone una carta de un amigo, en la cual le aconseja ser más condescendiente, o más piadoso, con sus congéneres. Todos nos interesamos por algo, ya sea las matemáticas o el fútbol; tenemos una lucidez que nos permite distanciarnos de la nada o no pensar en la propia muerte.
El libro recoge otros textos breves de igual excelencia, como "La muerte" y "¿Cuál es el truco de la metáfora?", de Jorge Estrella, y "De la dignidad", "La envidia", "El mundo, la Filosofía y las instituciones", "Humor", "Inteligencia y picardía", "Del humor (II)", de Samuel Schkolnik. (c) LA GACETA
Lo más popular







