Flamante best seller

Por Alba Omil.

21 Agosto 2005
Para ubicar al lector, cabe dejar sentado que estamos ante un best seller de última generación.
Muertos por agotamiento los cánones caracterizadores del subgénero antedicho -sexo, dinero, opulencia, clase alta, transgresiones diversas, etcétera-, se han hecho necesarios otros, y así surgió este nuevo paquete que podría caratularse como "misterios no revelados": los rollos del Mar Muerto, la orden del Temple, el círculo de traductores de Toledo, los mapas de Piri Reis, en fin.
Preparación: busque un tema central, condimente con una buena dosis de problemas religiosos, adose serios epígrafes, ponga todos los ingredientes en la procesadora, ligue y listo.
Todo esto, y mucho más, constituye parte del cuerpo narrativo de El mago de Toledo (atadito con alambre, cierto es, aunque el lector que desconoce tanto estos temas como su contexto histórico no advierte los desajustes), que se nuclea en torno de un asesinato, punto de partida de los múltiples rayos de una rueda, desde el grial, los alquimistas y Avicena, hasta Irán, Karol Wojtyla y el Opus Dei.
Podría argumentarse que se trata de una novela. Vale. Pero, entonces, ¿por qué los nombres reales incorporados a la historia? ¿Por qué los famosos y abundantes grabados provenientes de los ámbitos de la filosofía, de la alquimia, de las religiones? ¿Por qué los epígrafes reales?
Hay muchos puntos oscuros -y alucinantes- en la historia de la humanidad, en los que los curiosos y los estudiosos siguen interesándose a lo largo del tiempo. Muchos de los motivos que los conforman pueden tener puntos de contacto entre ellos; como por ejemplo, el tesoro de los Templarios y la sabiduría de los orientales que conformaron el círculo de sabios de Toledo en el siglo XIII. Pero sólo puntos de contacto. Las vinculaciones arbitrarias suelen ser peligrosas, aunque se trate de novelas. Y son, curiosamente, las novelas -y el cine- los que recurren desde hace un tiempo a estas vetas al parecer inagotables, y arman cada ensalada, que en la mente desprevenida que los tome por verdad histórica pueden producir verdaderas catástrofes. ¡Cuidado con esto! ¡Cuidado con Indiana Jones en busca del Grial (qué disparate para consumo de ignorantes)! ¡Cuidado con la Biblia junto al calefón!
Las verdades a medias son peligrosas tanto para la historia como para la novela. Y no vengan con el argumento polivalente de la "novela histórica". La novela histórica es otra cosa. La historia novelada, un arma de doble filo.
El libro que nos ocupa está bien escrito y hasta puede resultar entretenido para aquellos a quienes no les interesa el exacto encaje de las verdades históricas.
El nombre de la rosa puede ser un buen ejemplo de lo que es trabajar con seriedad en este terreno, y posiblemente sea un libro al que el tiempo asegure una larga pervivencia, mientras otros pasen al olvido por falta de entidad. (c) LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios