21 Agosto 2005 Seguir en 

¿Dónde está la verdad sobre la muerte de Jesús? Un cristiano encuentra una clara respuesta en estas palabras de Pablo, escritas varios años antes de que se redactara el primer Evangelio: "Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué. Si no, ¡habríais creído en vano! Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día" (1 Co 15,1-4). Este es el fundamento sin el cual "vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe" (15,14). Contiene un acto de fe en el valor salvífico de la muerte de Jesús, pero también una información histórica incuestionable, confirmada por varias fuentes no cristianas. El historiador judío F. Josefo afirma: "Cuando Pilato lo condenó a la cruz, por la denuncia de vuestros jefes, los que lo habían amado antes continuaron haciéndolo. En efecto, se les apareció al tercer día, vivo de nuevo" (Antigüedades, 18,64). Tácito confirma:
"Cristo, imperando Tiberio, había sido ejecutado por orden de Pilato, procurador de Judea" (Anales, 15,44,3). Y el Talmud: "Se ha enseñado: ?La víspera de pascua, colgaron a Yeshu?. Cuarenta días antes, el heraldo había proclamado: ?Es conducido fuera para ser lapidado, pues ha practicado la magia, ha seducido a Israel y le ha hecho apostatar. El que tenga que alegar algo en su defensa, que venga y lo diga?. Como no se alegó nada en su defensa, lo colgaron la víspera de pascua" (Sanhedrín, 43a).
A pesar de esta confirmación de lo esencial del acontecimiento, aun los creyentes pueden preguntarse por la exactitud de cada uno de los detalles de los relatos de la Pasión, por la simple razón de que algunos de ellos son notoriamente divergentes. ¿Judas "devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos", que compraron con ellas un campo? ¿Se suicidó "colgándose"? (Mt 27,3-8). ¿O él mismo compró el campo con ese dinero y murió allí accidentalmente "cayendo de cabeza" (Hech 1,18-19)? ¿Dijo el ladrón arrepentido: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino" (Lc 23,42)? ¿O ambos crucificados insultaron a Jesús (Mt 27,44 y Mc 15,32)? ¿Quiénes fueron las mujeres que estuvieron presentes? Pues cada Evangelio nos proporciona, a excepción de María Magdalena, nombres diferentes.
En mi artículo Palabras desconocidas de Jesús (LA GACETA, 26/09/2004), reseñé la enseñanza de la Pontificia Comisión Bíblica (PCB) de 1964 sobre La verdad histórica de los Evangelios, recogida por el Concilio Vaticano II (Dei Verbum 19): "Los autores sagrados escribieron los cuatro evangelios escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se transmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las Iglesias, conservando por fin la forma de proclamación, de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús" (Catecismo de la Iglesia Católica n. 126). Los evangelistas no han sido simples repetidores, sino intérpretes. Esto se ve claro en un nuevo documento de la PCB, del cual el cardenal Ratzinger dijo estar convencido de que "puede ofrecer una ayuda importante en una cuestión central de la fe cristiana y en la tan importante búsqueda de una nueva comprensión entre cristianos y judíos" (El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana, Roma 2001, presentación) Allí se afirma: "El Cuarto Evangelio recuerda estos acontecimientos, releyéndolos a la luz de la experiencia de las comunidades joánicas, que se enfrentaban a la oposición de las comunidades judías. Las acciones y las declaraciones de Jesús demostraban que él tenía una relación filial muy estrecha con Dios, única en su género. La catequesis apostólica profundizó progresivamente en la comprensión de esta relación. En las comunidades joánicas, se insistía extraordinariamente en las relaciones entre el Hijo y el Padre y se afirmaba la divinidad de Jesús, "el Cristo, el Hijo de Dios" (Jn 20,31) en un sentido trascendente. Esta doctrina provocó la oposición de los jefes de las sinagogas, seguidos por el conjunto de las comunidades judías. Los cristianos fueron expulsados de las sinagogas (16,2) y, por eso mismo, se encontraron expuestos a vejaciones por parte de las autoridades romanas, pues ya no gozaban de las libertades concedidas a los judíos. La polémica se acentuó de una y otra parte" (n. 78).
"Cristo, imperando Tiberio, había sido ejecutado por orden de Pilato, procurador de Judea" (Anales, 15,44,3). Y el Talmud: "Se ha enseñado: ?La víspera de pascua, colgaron a Yeshu?. Cuarenta días antes, el heraldo había proclamado: ?Es conducido fuera para ser lapidado, pues ha practicado la magia, ha seducido a Israel y le ha hecho apostatar. El que tenga que alegar algo en su defensa, que venga y lo diga?. Como no se alegó nada en su defensa, lo colgaron la víspera de pascua" (Sanhedrín, 43a).
A pesar de esta confirmación de lo esencial del acontecimiento, aun los creyentes pueden preguntarse por la exactitud de cada uno de los detalles de los relatos de la Pasión, por la simple razón de que algunos de ellos son notoriamente divergentes. ¿Judas "devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos", que compraron con ellas un campo? ¿Se suicidó "colgándose"? (Mt 27,3-8). ¿O él mismo compró el campo con ese dinero y murió allí accidentalmente "cayendo de cabeza" (Hech 1,18-19)? ¿Dijo el ladrón arrepentido: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino" (Lc 23,42)? ¿O ambos crucificados insultaron a Jesús (Mt 27,44 y Mc 15,32)? ¿Quiénes fueron las mujeres que estuvieron presentes? Pues cada Evangelio nos proporciona, a excepción de María Magdalena, nombres diferentes.
En mi artículo Palabras desconocidas de Jesús (LA GACETA, 26/09/2004), reseñé la enseñanza de la Pontificia Comisión Bíblica (PCB) de 1964 sobre La verdad histórica de los Evangelios, recogida por el Concilio Vaticano II (Dei Verbum 19): "Los autores sagrados escribieron los cuatro evangelios escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se transmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las Iglesias, conservando por fin la forma de proclamación, de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús" (Catecismo de la Iglesia Católica n. 126). Los evangelistas no han sido simples repetidores, sino intérpretes. Esto se ve claro en un nuevo documento de la PCB, del cual el cardenal Ratzinger dijo estar convencido de que "puede ofrecer una ayuda importante en una cuestión central de la fe cristiana y en la tan importante búsqueda de una nueva comprensión entre cristianos y judíos" (El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana, Roma 2001, presentación) Allí se afirma: "El Cuarto Evangelio recuerda estos acontecimientos, releyéndolos a la luz de la experiencia de las comunidades joánicas, que se enfrentaban a la oposición de las comunidades judías. Las acciones y las declaraciones de Jesús demostraban que él tenía una relación filial muy estrecha con Dios, única en su género. La catequesis apostólica profundizó progresivamente en la comprensión de esta relación. En las comunidades joánicas, se insistía extraordinariamente en las relaciones entre el Hijo y el Padre y se afirmaba la divinidad de Jesús, "el Cristo, el Hijo de Dios" (Jn 20,31) en un sentido trascendente. Esta doctrina provocó la oposición de los jefes de las sinagogas, seguidos por el conjunto de las comunidades judías. Los cristianos fueron expulsados de las sinagogas (16,2) y, por eso mismo, se encontraron expuestos a vejaciones por parte de las autoridades romanas, pues ya no gozaban de las libertades concedidas a los judíos. La polémica se acentuó de una y otra parte" (n. 78).
Errata: En mi comentario, publicado el 14 de agosto (sobre el libro "María, una virgen de carne y hueso", de Lesley Hazleton), hay un error dactilográfico. Allí debe leerse "el rumor apareció como réplica polémica cuando al final del siglo I surgieron los relatos del nacimiento virginal de Jesús".
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