14 Agosto 2005 Seguir en 

Cuando apareció su primera edición, en 1978, con el título de "Breve diccionario del argentino exquisito", Adolfo Bioy Casares dio dos explicaciones sobre el contenido de este libro. Una aludía a la influencia de los políticos, "gracias a los cuales, cada día hablamos peor", y la otra tenía que ver con un curioso afán que, señaló, perfila prácticamente "la vida cursi y esforzada de quienes quieren quedar como personas cultas o instruidas".
Más cerca -al menos en cuanto al propósito- del "Diccionario de las cosas inútiles", de Gustave Flaubert, que del "Diccionario del diablo", de Ambrose Bierce, esta recopilación de "exquisiteces" testimonia uno de los rasgos que caracterizaban a Bioy, el sentido del humor servido por su agudeza de observador, del que surgió otro texto en solfa: "De jardines ajenos", presentado en la Feria del Libro de 1997, y en el que reúne frases y párrafos de autores conocidos o no, de tonalidad graciosa o absurda, o ambas cosas a la vez.
Sin embargo, sería muy limitado reducir este diccionario a una simple embestida humorística de su autor. En el prólogo, él mismo se encarga de advertir otro de sus propósitos, que no puede desdeñarse como probablemente el verdadero impulsor de la obra: "Quienes profesamos afecto por nuestro idioma -al fin y al cabo, hablándolo recorrimos la vida- estamos un poco alarmados por las consecuencias de esta invasión de voces nuevas".
Por otra parte, a este diccionario "vernáculo" no lo conforman únicamente términos utilizados en el habla cotidiana, sino que la mayoría de ellos está referenciada con otro jocoso aporte, al remitir a un párrafo tan apócrifo como su autor, y con una procedencia editorial aún más apócrifa, por ejemplo, una circular titulada "Bancos y banquillos", que se adjudica a los bancarios de Bancalari, o el "Diario de un censor", de un tal Campolongo, "publicado" en 1975.
Desde la A hasta la Z, el autor de "La invención de Morel" ha anotado engendros lingüísticos, como impudoso, conservativo, transparentizar o rotundizar y expresiones del tipo atento a, en otro orden de cosas o toma de conciencia, que si no responden a una pretensión de fineza o de status social, se utilizan sólo por simple imitación, o sea, sin haberse enfrentado al menor esfuerzo por comprender su significado y, por lo tanto, a lo que realmente se está pretendiendo decir. Si recordamos aquello de que la palabra refleja la calidad del pensamiento, el hilarante compendio de Bioy, en este punto, puede tornarse serio e inquietante. (c) LA GACETA
Más cerca -al menos en cuanto al propósito- del "Diccionario de las cosas inútiles", de Gustave Flaubert, que del "Diccionario del diablo", de Ambrose Bierce, esta recopilación de "exquisiteces" testimonia uno de los rasgos que caracterizaban a Bioy, el sentido del humor servido por su agudeza de observador, del que surgió otro texto en solfa: "De jardines ajenos", presentado en la Feria del Libro de 1997, y en el que reúne frases y párrafos de autores conocidos o no, de tonalidad graciosa o absurda, o ambas cosas a la vez.
Sin embargo, sería muy limitado reducir este diccionario a una simple embestida humorística de su autor. En el prólogo, él mismo se encarga de advertir otro de sus propósitos, que no puede desdeñarse como probablemente el verdadero impulsor de la obra: "Quienes profesamos afecto por nuestro idioma -al fin y al cabo, hablándolo recorrimos la vida- estamos un poco alarmados por las consecuencias de esta invasión de voces nuevas".
Por otra parte, a este diccionario "vernáculo" no lo conforman únicamente términos utilizados en el habla cotidiana, sino que la mayoría de ellos está referenciada con otro jocoso aporte, al remitir a un párrafo tan apócrifo como su autor, y con una procedencia editorial aún más apócrifa, por ejemplo, una circular titulada "Bancos y banquillos", que se adjudica a los bancarios de Bancalari, o el "Diario de un censor", de un tal Campolongo, "publicado" en 1975.
Desde la A hasta la Z, el autor de "La invención de Morel" ha anotado engendros lingüísticos, como impudoso, conservativo, transparentizar o rotundizar y expresiones del tipo atento a, en otro orden de cosas o toma de conciencia, que si no responden a una pretensión de fineza o de status social, se utilizan sólo por simple imitación, o sea, sin haberse enfrentado al menor esfuerzo por comprender su significado y, por lo tanto, a lo que realmente se está pretendiendo decir. Si recordamos aquello de que la palabra refleja la calidad del pensamiento, el hilarante compendio de Bioy, en este punto, puede tornarse serio e inquietante. (c) LA GACETA
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