14 Agosto 2005 Seguir en 

Podría decirse que la Argentina es un país profundamente italiano, ya que el mayor número de los inmigrantes que llegaron a esta tierra del sur de América provenían en su mayoría igualmente del sur, pero esta vez de Italia. Y eso lo notamos ahora, no sólo por los apellidos sino también por el modo de ser del argentino, tan cercano al napolitano, por ejemplo. Hace poco estuvo en la Argentina el escritor y crítico italiano Marco Santagata y, durante una excelente conferencia sobre Petrarca pronunciada en la Facultad de Filosofía y Letras, en Buenos Aires, dijo que los argentinos son más italianos que los italianos. Todos hechos por los cuales se vuelve tan interesante de leer Carissima Argentina, esta profunda y heterogénea mirada sobre la Argentina del que fue embajador de Italia en nuestro país desde julio de 1998 hasta noviembre de 2001. Por su intermedio nos introducimos en la cultura, la política y el arte argentinos desde afuera, ya que el autor es italiano, pero también de algún modo desde adentro, ya que fue escrito a partir de su contacto directo con la Argentina y su mundo.
Jannuzzi posee un currículum extraordinario, fruto de una larga carrera diplomática y de escritor. Como diplomático prestó servicios en Río de Janeiro, en Atenas, en Zurich, en la OTAN; fue representante permanente de su país ante la ONU en Nueva York, etcétera. Además fue profesor en la Universidad de Bologna, profesor honoris causa en la UBA y en otras instituciones.
Carissima Argentina es un libro complejo y al mismo tiempo ambiguo, donde el autor nos narra su relación, por un lado, personal con el país; por ejemplo, el café o la plaza a la cual le gustaba recurrir en sus momentos de ocio, su gusto por el tango o la literatura argentina, un poema que le escribió a Buenos Aires; y por otro lado, una visión más amplia que roza lo geopolítico y lo cultural en general. En esta última perspectiva nos narra su relación y su visión un tanto ambigua con respecto a Menem, quien aparece como un hábil gobernante y al mismo tiempo lo homenajea y lo critica, a través de una mirada si se quiere un tanto impersonal pero, tomando en cuenta la experiencia de quien escribe esta obra, puede ser pensada como una fuerte crítica encubierta. Junto al ex presidente argentino desfilan Duhalde, Cafiero, Cavallo, a quien le dedica un capítulo y con quien tuvo una sólida amistad; y luego, un amplio capítulo sobre la Alianza, de la cual esperaba demasiado. Lo cultural es para Jannuzzi lo más trascendente, y lo que une con más fuerza las relaciones entre dos países, y más aún entre dos países tan intrínsecamente conectados culturalmente como lo son Argentina e Italia. El embajador italiano gestionó las exposiciones de Palladio, Afro, Kounellis, Carrá, Cascella, Pedretti y una muestra de la pintura italiana moderna. Además, en lo musical fue el responsable de la venida de la Orquesta de Cámara I Musici y de la Orquesta Filarmónica de la Scala, dirigida por Ricardo Muti.
Es muy interesante el relato que hace de su acceso a los que él llama los tres escritores argentinos de nivel mundial: Borges, Cortázar y Sábato. En él explica cómo "sólo la atmósfera algo mágica de Buenos Aires" le permitió comprender algunos de los cuentos del primero. Luego hace una fuerte y sincera crítica de Fervor de Buenos Aires (a la cual pocos o ningún crítico argentino se animaría) y escribe sobre sus borgianos poemas: "No son todos enteramente logrados, en algunos se siente el artificio (como una suerte de insinceridad"). Finalmente nos relata una idealizada visión de la Patagonia, ese lugar puro e intocado por la mano artera del hombre, y concluye con una nostálgica despedida de nuestro país, el cual fue su último destino antes de su jubilación y es ahora su hogar, precisamente en la Patagonia. (c) LA GACETA
Jannuzzi posee un currículum extraordinario, fruto de una larga carrera diplomática y de escritor. Como diplomático prestó servicios en Río de Janeiro, en Atenas, en Zurich, en la OTAN; fue representante permanente de su país ante la ONU en Nueva York, etcétera. Además fue profesor en la Universidad de Bologna, profesor honoris causa en la UBA y en otras instituciones.
Carissima Argentina es un libro complejo y al mismo tiempo ambiguo, donde el autor nos narra su relación, por un lado, personal con el país; por ejemplo, el café o la plaza a la cual le gustaba recurrir en sus momentos de ocio, su gusto por el tango o la literatura argentina, un poema que le escribió a Buenos Aires; y por otro lado, una visión más amplia que roza lo geopolítico y lo cultural en general. En esta última perspectiva nos narra su relación y su visión un tanto ambigua con respecto a Menem, quien aparece como un hábil gobernante y al mismo tiempo lo homenajea y lo critica, a través de una mirada si se quiere un tanto impersonal pero, tomando en cuenta la experiencia de quien escribe esta obra, puede ser pensada como una fuerte crítica encubierta. Junto al ex presidente argentino desfilan Duhalde, Cafiero, Cavallo, a quien le dedica un capítulo y con quien tuvo una sólida amistad; y luego, un amplio capítulo sobre la Alianza, de la cual esperaba demasiado. Lo cultural es para Jannuzzi lo más trascendente, y lo que une con más fuerza las relaciones entre dos países, y más aún entre dos países tan intrínsecamente conectados culturalmente como lo son Argentina e Italia. El embajador italiano gestionó las exposiciones de Palladio, Afro, Kounellis, Carrá, Cascella, Pedretti y una muestra de la pintura italiana moderna. Además, en lo musical fue el responsable de la venida de la Orquesta de Cámara I Musici y de la Orquesta Filarmónica de la Scala, dirigida por Ricardo Muti.
Es muy interesante el relato que hace de su acceso a los que él llama los tres escritores argentinos de nivel mundial: Borges, Cortázar y Sábato. En él explica cómo "sólo la atmósfera algo mágica de Buenos Aires" le permitió comprender algunos de los cuentos del primero. Luego hace una fuerte y sincera crítica de Fervor de Buenos Aires (a la cual pocos o ningún crítico argentino se animaría) y escribe sobre sus borgianos poemas: "No son todos enteramente logrados, en algunos se siente el artificio (como una suerte de insinceridad"). Finalmente nos relata una idealizada visión de la Patagonia, ese lugar puro e intocado por la mano artera del hombre, y concluye con una nostálgica despedida de nuestro país, el cual fue su último destino antes de su jubilación y es ahora su hogar, precisamente en la Patagonia. (c) LA GACETA
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