14 Agosto 2005 Seguir en 

Son muchos los que, como Schalom Ben-Chorin, intentan "volver a hacer consciente la existencia real de María en la Tierra, decantándola de los adornos con que la espiritualidad revistió su imagen" (La madre de Jesús en perspectiva judía, revista Concilium n. 188, pp 201-108). Este estudioso judío lo hace recurriendo a la imagen ideal de la mujer hebrea descrita en Proverbios 31 y a las noticias de los Evangelios sobre la familia de Jesús. Bruce Malina se propone "contemplar a la madre de Jesús de Nazaret con los ojos de los antiguos habitantes del mundo mediterráneo" (El mundo social de Jesús y los evangelios, Santander 2002, p. 131), y recurre para eso a la antropología cultural según el método descrito por la Pontificia Comisión Bíblica en 1993 (I,D,2). Lesley Hazleton en la presente obra adopta un estilo similar a la novela para volcar los resultados de su diligente investigación, evidenciada por la presencia de importantes autores en su bibliografía y por los datos proporcionados en la primera parte del libro.
Sin embargo, su trabajo se desvirtúa en la segunda parte por falta de consecuencia con sus afirmaciones. Reconoce que se sabe poco de María y lo que se cree saber "forma parte de la leyenda que fue creciendo a lo largo de los siglos, muy alejada de ella" (p. 15), pero sostiene la necesidad de la imaginación para escribir la historia (p. 21). Así, descarta acertadamente como legendarias las noticias sobre los padres de María, pero recrea la formación de curandera y partera que habría recibido de su abuela Salomé, a pesar de que "no existe ningún registro ni histórico ni legendario de sus abuelos" (p. 100). Le da nombre de la partera de una leyenda apócrifa, que no cita, pero que es el Protoevangelio de Santiago 20,1 o el Evangelio del Pseudo Mateo 13,4. Para considerar a María partera tal vez se apoya en las palabras de Jerónimo, que dice que ella no fue asistida en el parto por nadie, ya que fue para sí misma obstetrix (Contra Helvidio 10).
Presenta a María como soltera al quedar encinta. Pero no sólo Mateo 1,18 la presenta ya "desposada con José", sino que también el pagano Celso reconoce que el que la despidió fue "su marido", ya que afirma que "la madre de Jesús fue repudiada por el artesano que la había pedido en matrimonio, por haber sido convicta de adulterio y haber quedado embarazada por obra de un soldado llamado Pantera" (ef. Orígenes, Contra Celso I,28.32). Cuando Hazleton habla de la preocupación de los parientes por "buscar un esposo para Maryam" (p. 143) confunde con soltería el tiempo, estipulado en la ley, en el que "a la virgen se conceden doce meses después de haber sido solicitada por el marido" (Mishná Ketubbot 5,2).
La autora asume como causa del embarazo una violación (como en la leyenda Toldot Yeshu). Reconoce que "no hay manera de saber a ciencia cierta si Maryam fue realmente violada", pero la posibilidad le parece "un símbolo mucho más poderoso que su imagen convencional de mujer intangible", pues decidió "dar a luz al niño", de modo que el acto de deshonra "fue transmutado en orgullo, la violencia en ternura" (p. 166-167). El derecho bíblico en situaciones de violencia sexual declaraba inocente a la joven y reo de muerte al varón (Dt 22,25-26) y algunos prestigiosos maestros como Gamaliel prescribían que ella "ha de ser creída" (Mishná Ketubbot 1,6). No se entiende entonces por qué la discusión en torno de un nacimiento ilegítimo de Jesús aparece recién a fines del siglo II si ya María vivía con orgullo lo sucedido. Al respecto, el erudito judío J. Klausner concluye que el rumor apareció como réplica polémica cuando a final del siglo II surgieron los relatos del nacimiento virginal de Jesús: "La verdad es que Jesús era tan legítimo como cualquier otro niño de Galilea, donde se ejercía un control estricto sobre doncellas comprometidas, aunque quizás algo más laxo que el que se practicaba en Judea" (Jesús de Nazaret, Barcelona 1991, p. 226).
Albert Schweitzer reprochaba a los buscadores del Jesús Histórico que "los distintos individuos lo recrearon a la medida de su propia personalidad" (Investigación sobre la vida de Jesús, Valencia 1990, p. 54). Este defecto parece condicionar también la obra de Hazleton. A pesar de que denuncia que "cada nueva imagen de María la ha alejado más de la realidad de Maryam", ella termina añadiendo la suya propia, igualmente "utilizada para promover causas particulares, sociales, teológicas e incluso políticas" (p. 15). La Maryam "tan experta en métodos anticonceptivos y abortivos como lo era en su labor de obstetra y partera", "partidaria a la vez de la vida y de la libertad de elección" (p. 117s), refleja preocupaciones muy presentes en el Occidente actual, pero difícilmente el rostro de la adolescente palestina que se había propuesto retratar. (c) LA GACETA
Sin embargo, su trabajo se desvirtúa en la segunda parte por falta de consecuencia con sus afirmaciones. Reconoce que se sabe poco de María y lo que se cree saber "forma parte de la leyenda que fue creciendo a lo largo de los siglos, muy alejada de ella" (p. 15), pero sostiene la necesidad de la imaginación para escribir la historia (p. 21). Así, descarta acertadamente como legendarias las noticias sobre los padres de María, pero recrea la formación de curandera y partera que habría recibido de su abuela Salomé, a pesar de que "no existe ningún registro ni histórico ni legendario de sus abuelos" (p. 100). Le da nombre de la partera de una leyenda apócrifa, que no cita, pero que es el Protoevangelio de Santiago 20,1 o el Evangelio del Pseudo Mateo 13,4. Para considerar a María partera tal vez se apoya en las palabras de Jerónimo, que dice que ella no fue asistida en el parto por nadie, ya que fue para sí misma obstetrix (Contra Helvidio 10).
Presenta a María como soltera al quedar encinta. Pero no sólo Mateo 1,18 la presenta ya "desposada con José", sino que también el pagano Celso reconoce que el que la despidió fue "su marido", ya que afirma que "la madre de Jesús fue repudiada por el artesano que la había pedido en matrimonio, por haber sido convicta de adulterio y haber quedado embarazada por obra de un soldado llamado Pantera" (ef. Orígenes, Contra Celso I,28.32). Cuando Hazleton habla de la preocupación de los parientes por "buscar un esposo para Maryam" (p. 143) confunde con soltería el tiempo, estipulado en la ley, en el que "a la virgen se conceden doce meses después de haber sido solicitada por el marido" (Mishná Ketubbot 5,2).
La autora asume como causa del embarazo una violación (como en la leyenda Toldot Yeshu). Reconoce que "no hay manera de saber a ciencia cierta si Maryam fue realmente violada", pero la posibilidad le parece "un símbolo mucho más poderoso que su imagen convencional de mujer intangible", pues decidió "dar a luz al niño", de modo que el acto de deshonra "fue transmutado en orgullo, la violencia en ternura" (p. 166-167). El derecho bíblico en situaciones de violencia sexual declaraba inocente a la joven y reo de muerte al varón (Dt 22,25-26) y algunos prestigiosos maestros como Gamaliel prescribían que ella "ha de ser creída" (Mishná Ketubbot 1,6). No se entiende entonces por qué la discusión en torno de un nacimiento ilegítimo de Jesús aparece recién a fines del siglo II si ya María vivía con orgullo lo sucedido. Al respecto, el erudito judío J. Klausner concluye que el rumor apareció como réplica polémica cuando a final del siglo II surgieron los relatos del nacimiento virginal de Jesús: "La verdad es que Jesús era tan legítimo como cualquier otro niño de Galilea, donde se ejercía un control estricto sobre doncellas comprometidas, aunque quizás algo más laxo que el que se practicaba en Judea" (Jesús de Nazaret, Barcelona 1991, p. 226).
Albert Schweitzer reprochaba a los buscadores del Jesús Histórico que "los distintos individuos lo recrearon a la medida de su propia personalidad" (Investigación sobre la vida de Jesús, Valencia 1990, p. 54). Este defecto parece condicionar también la obra de Hazleton. A pesar de que denuncia que "cada nueva imagen de María la ha alejado más de la realidad de Maryam", ella termina añadiendo la suya propia, igualmente "utilizada para promover causas particulares, sociales, teológicas e incluso políticas" (p. 15). La Maryam "tan experta en métodos anticonceptivos y abortivos como lo era en su labor de obstetra y partera", "partidaria a la vez de la vida y de la libertad de elección" (p. 117s), refleja preocupaciones muy presentes en el Occidente actual, pero difícilmente el rostro de la adolescente palestina que se había propuesto retratar. (c) LA GACETA
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