14 Agosto 2005 Seguir en 

Recomponer la vida personal a partir de recuerdos más bien difusos supone enfrentar problemas como el del estilo preciso, la veracidad testimonial y la comprensión -por parte del destinatario- de dicho testimonio. El yo que escribe y el yo escrito jamás coinciden, claro está, lo cual convierte al autor de su biografía en un huésped indeseable de sí mismo. En contraste con el diario ("paciente y meticuloso inventario de una vida día por día", con arraigo en la inmediatez), la autobiografía va desde el presente hacia el pasado en busca del sentido global de una vida ya vivida. El filósofo G. Gusdorf ha sostenido que la palabra auto-bio-grafía encierra el conflictivo intento de reconstruir ese yo que se ha ido. Hay un yo (auto) que ensaya fijar un curso pasado (bio) para otros en una graphie. El autor entiende que la grafía de lo auto y de lo bio "establece una temible distancia entre el yo que escribe y el yo que ha vivido, entre la vida y su representación". Siguiendo a P. Lejeune, Miraux distingue en la autobiografía tres pactos: el pacto autobiográfico (?para que haya autobiografía es preciso que exista identidad entre el autor, el narrador y el personaje?); el pacto referencial (el texto expresa la verdad, más como autenticidad que como exactitud); y finalmente el pacto de lectura (vinculado con las condiciones de recepción del lector, históricamente variable).
Estos son algunos de los asuntos que interesan al autor y a la numerosa bibliografía empleada por él. El volumen examina a autores como Montaigne, Rousseau, Stendhal, Gide, Celine o Sartre. Y desde ellos procura alcanzar la precisión sobre los límites del género autobiográfico. No se trata de un acercamiento filosófico al tema (el lector no encontrará algo así como el severo tratamiento de la "autorreferencia" ejercido desde la metalógica por B. Russell o Goedel, por ejemplo). Su enfoque proviene de la teoría literaria. (c) LA GACETA
Estos son algunos de los asuntos que interesan al autor y a la numerosa bibliografía empleada por él. El volumen examina a autores como Montaigne, Rousseau, Stendhal, Gide, Celine o Sartre. Y desde ellos procura alcanzar la precisión sobre los límites del género autobiográfico. No se trata de un acercamiento filosófico al tema (el lector no encontrará algo así como el severo tratamiento de la "autorreferencia" ejercido desde la metalógica por B. Russell o Goedel, por ejemplo). Su enfoque proviene de la teoría literaria. (c) LA GACETA
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