Narrativa que utiliza la historia, pero no como telón de fondo

Por Gustavo Pablos

26 Diciembre 2004
Si bien la obra narrativa de Guillermo Saccomanno trabaja diversas modulaciones, hay algunos motivos y registros que insisten en sus textos. Entre esos denominadores comunes cabe citar la presencia de una intensa reflexión sobre la historia política y social argentina del último siglo, acompañada de una rigurosa indagación sobre los tonos y las variaciones discursivas de diversas zonas sociales y culturales. Se trata de una narrativa que toma como materia algunos episodios y coyunturas del siglo pasado, pero no para incorporarlos como telón de fondo, motivos o escenografía que ilustran el drama que se está narrando, sino para formar un todo con el cuerpo argumental. Es por eso que la historia con mayúsculas, y la otra historia, mínima, lateral o paralela respecto de aquella, forman una unidad indisoluble, en donde ambas líneas dialogan y se intercambian datos, recursos y herramientas para recrear ficcionalmente algunos aspectos y problemas de ese pasado alrededor del cual pivotea el relato."El amor argentino" es la segunda novela de un ciclo que se inició con "La lengua del malón" (2003), y que se completará con otra dedicada a los años 70. También vale aclarar que se trata de la reelaboración y reescritura de "Roberto y Eva. Historia de un amor argentino", novela publicada en 1989 (y premiada por la revista "Crisis"). Pero a partir de la estructura de aquella novela inicial, el autor mueve ciertas piezas y le da una perspectiva diferente. En el eje de la novela se encuentra el personaje de Gómez, profesor de literatura, novelista fracasado, homosexual, cabecita negra y cercano al peronismo, y además sobreviviente de los bombardeos en 1955 a Plaza de Mayo.
A partir de Gómez nos encontramos con los personajes de Roberto Arlt, de Evita y el Astrólogo. En "El amor argentino", Gómez, desencantado de su vida, en un difícil verano porteño, encuentra la excusa para iniciar una investigación que les dará una justificación a sus días. Una tarde descubre en una librería un artículo sobre las ciencias ocultas en Buenos Aires. Después se entera de que su autor, Roberto Arlt, había conocido una noche a la mujer que, años después, se convertiría en protagonista fundamental de la política argentina, Eva Duarte. "El hallazgo de estos papeles me devolvió, si no la confianza en la literatura, una curiosidad imprevista, un interés chismoso por averiguar cómo había sido ese encuentro entre el escritor poseído y la por entonces partiquina".
En esta novela, cuyo punto de partida es una experiencia real, se especula acerca de la compleja relación que existió entre los tres personajes. Y, al mismo, se desarrolla la evolución de una curiosidad, la de Gómez -quizás alter ego, pero con elementos desdibujados, del autor-, intelectual interesado en averiguar los pormenores de los episodios que habrían sucedido unas décadas antes y que se ha propuesto rescatar. La historia se interna, a través de Gómez, en el barrio de Mataderos, donde este tiene un joven amante y además será víctima de la represión del frigorífico Lisandro de la Torre, a comienzos del 59, un reducto de la residencia peronista. La incorporación de esta geografía no es casual. Mataderos alude tanto a uno de los relatos inaugurales de la literatura argentina, como también a la idea de un país agrícola ganadero marcado por la violencia y por la explotación de los cuerpos animales y también de los humanos. Este es uno de los recursos, entre tantos otros, que permiten al lector ingresar en diferentes niveles de la lectura, más allá de la anécdota inaugural que dispara la investigación de Gómez y la escritura de la novela. (c) LA GACETA

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