19 Diciembre 2004 Seguir en 

Gilles Deleuze: cine y filosofía, de Paola Marrati, es un libro que trabaja con los dos célebres estudios que el filósofo francés le dedicó al cine: La imagen-movimiento y La imagen tiempo. Paola Marrati, siempre siguiendo a Deleuze, vuelve a los orígenes de la relación entre cine y filosofía a partir de las teorías de Bergson sobre el movimiento, establece una interesante relación con el concepto de lo abierto heideggeriano, le dedica un capítulo al tema de la percepción en el cine y otro al del montaje, antes de concentrarse en la imagen-tiempo, ese concepto con el que Deleuze bautizó un cierto tipo de cine, como el de Antonioni o el de Tarkovsky, para sólo citar dos ejemplos, donde los amantes de lo hollywoodense suelen decir que no pasa nada, sin comprender que lo que pasa es el tiempo.
Marrati, no obstante, no se detiene a analizar películas como lo hacía Deleuze, sino que está más interesada en aclarar los fundamentos de dichos análisis, por una parte, y por otra, a situar la importancia de estos estudios en el amplio espectro de la filosofía deleuzeana. Es quizá por esto que el libro también puede ser leído como una excelente introducción al pensador francés y a algunas de sus preocupaciones más persistentes, como por ejemplo su lucha contra la doxa que gobierna el mundo (en el caso concreto del cine esta problemática se evidencia a través de la certeza de que vivimos en una civilización del cliché; en el de la literatura, a través del apogeo del realismo psico-sociológico). Para luchar contra este enorme frente que ha terminado rompiendo nuestro lazo con el mundo Deleuze reclama una suerte de acto de fe, una creencia que es el requisito previo necesario para poder ejercer nuestra mirada. "Según Deleuze, apunta Marrati, el cine se dedicó a filmar esta creencia en el mundo, de Dreyer a Antonioni, de Rossellini a Godard, de Pasolini a Rohmer". El quiebre de nuestro lazo con el mundo tiene una consecuencia vital, porque si bien "el mundo está ahí, lo que falta ahora es la esperanza necesaria para crear en él nuevas posibilidades de vida". Así aparece una sustitución progresiva del modelo de saber por el de la creencia, cuyos dos grandes antecedentes son Pascal y Kierkegaard. De este modo, Deleuze convierte al cine en una nueva imagen moderna del pensamiento, mientras Marrati sitúa a su autor-guía en un privilegiado, ecuánime, sabio lugar intermedio entre la esfera de la fe y la de una verdadera filosofía de la vida.(c) LA GACETA
Marrati, no obstante, no se detiene a analizar películas como lo hacía Deleuze, sino que está más interesada en aclarar los fundamentos de dichos análisis, por una parte, y por otra, a situar la importancia de estos estudios en el amplio espectro de la filosofía deleuzeana. Es quizá por esto que el libro también puede ser leído como una excelente introducción al pensador francés y a algunas de sus preocupaciones más persistentes, como por ejemplo su lucha contra la doxa que gobierna el mundo (en el caso concreto del cine esta problemática se evidencia a través de la certeza de que vivimos en una civilización del cliché; en el de la literatura, a través del apogeo del realismo psico-sociológico). Para luchar contra este enorme frente que ha terminado rompiendo nuestro lazo con el mundo Deleuze reclama una suerte de acto de fe, una creencia que es el requisito previo necesario para poder ejercer nuestra mirada. "Según Deleuze, apunta Marrati, el cine se dedicó a filmar esta creencia en el mundo, de Dreyer a Antonioni, de Rossellini a Godard, de Pasolini a Rohmer". El quiebre de nuestro lazo con el mundo tiene una consecuencia vital, porque si bien "el mundo está ahí, lo que falta ahora es la esperanza necesaria para crear en él nuevas posibilidades de vida". Así aparece una sustitución progresiva del modelo de saber por el de la creencia, cuyos dos grandes antecedentes son Pascal y Kierkegaard. De este modo, Deleuze convierte al cine en una nueva imagen moderna del pensamiento, mientras Marrati sitúa a su autor-guía en un privilegiado, ecuánime, sabio lugar intermedio entre la esfera de la fe y la de una verdadera filosofía de la vida.(c) LA GACETA
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