Una voz serena, pero no tranquilizadora, habla de periodismo

Por Alvaro Aurane

19 Diciembre 2004
En las salas de emergentología de los hospitales públicos existe una angustia, un fantasma del pasado, con un nombre de cinco palabras: "los cinco minutos de oro". Es ese momento que no se tuvo, por ejemplo, para llegar al paciente antes de que su afección le haya provocado daños irreparables. En las redacciones periodísticas, que se convierten en salas de emergentología cuando llega "la hora de cierre", ese espectro también sobrevuela, pero en tiempo presente. Allí, los cinco minutos de oro son ese instante que no se tiene para detenerse y plantearse, por ejemplo, si la noticia de último momento, la más urgente, es efectivamente la más importante también.
La palabra de Ryszard Kapuscinski, plasmada en el libro "Los cinco sentidos del periodista", es la voz de esa serenidad que siempre es tan escasa. Pero no por eso es una voz tranquilizadora. Por el contrario, el reportero polaco -uno de los más célebres corresponsales de guerra de la segunda mitad del siglo XX- ensaya una crítica implacable sobre la realidad del periodismo, su evolución, sus baluartes y sus puntos débiles.
Con 21 libros publicados (al español se tradujeron "El emperador", "El imperio", "La guerra del fútbol", "El sha", "Ebano" y "Los cínicos no sirven para este oficio"), si algo le gusta a Kapuscinski es discutir sobre periodismo, confrontar su discurso sobre la profesión, adoctrinar sobre ello. Determinar que "estar, ver, oír, compartir y pensar" son los cinco sentidos de todo hombre de prensa. Reflexionar, preocuparse y alegrarse en voz alta. De hecho, este libro de 100 páginas reproduce sus ponencias en el taller que dictó, en octubre de 2002 en Buenos Aires, organizado por la colombiana Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, que preside el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez. La obra, editada por el Fondo de Cultura Económica, es el primer volumen de la serie "Libros de Taller", de la "Colección Nuevo Periodismo" que dirige el tucumano Tomás Eloy Martínez.
Con resumida y profunda simplicidad, el autor hará planteos de fondo, como el de la necesidad de recuperar el orgullo personal del periodista. Y desnudará síntomas, como el de que los editores pregunten a sus reporteros si la noticia que traen es atractiva antes de interrogarlos acerca de si es cierta. "La gente común conoce la historia del mundo a través de los grandes medios", desnuda Kapuscinski. Y, a la vez, advierte.
Hay un capítulo aparte para su análisis acerca de la globalización. Y una compilación de preguntas y respuestas de este y de otros talleres, de un valor inestimable. El hombre, que se inició en las letras con la poesía, no esquiva interrogantes respecto de las guerras, la censura, los métodos para una cobertura, la formación de los actuales reporteros y la tendencia del periodismo de estos días. Es que la de Kapuscinski es también la voz de la experiencia. (c) LA GACETA

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