19 Diciembre 2004 Seguir en 

Al tener ante los ojos un ejemplar de Don Quijote de la Mancha, podría pensarse que -próxima a cumplir 400 años su primera edición- el tiempo nos habría dejado ya poco o nada novedoso para agregar sobre el libro más comentado en la historia de la literatura española, con riesgo de repetir lo que tantos críticos dijeron anteriormente. Pero la edición del Quijote en la que ahora detenemos nuestra atención es nueva, sugerente en sí misma y hasta ofrece algunos detalles que conviene reiterar aunque abundemos, como son sus viñetas y grabados de las cabeceras, más otros dibujos ornamentales creados para la edición de 1780, los que se suman a los comentarios textuales que preceden a la obra en sí. Ellos enriquecen extraordinariamente la lectura tanto del especialista como del neófito interesado en esta obra fundamental y bella, gracias a sus autores, escritores de renombre como Mario Vargas Llosa con un "Prólogo" -"Una novela para el siglo XXI"-, redactado expresamente para esta edición; destacados cervantistas como Martín de Riquer, quien a través de su artículo sobre "Cervantes y el Quijote" ha instruido ya a vastas generaciones de lectores; Francisco Ayala, con su ensayo titulado "La invención del Quijote", publicado primeramente en la revista argentina Realidad y cinco académicos: José Manuel Blecua, Guillermo Rojo, José Antonio Pascual, Margit Frenk y Claudio Guillén, quienes ofrecen un meduloso trabajo sobre "La lengua de Cervantes y el Quijote", así como el excepcional "Glosario" con seis mil definiciones de voces, frases proverbiales y refranes que aparecen en la obra cervantina. La minuciosa fijación del texto crítico, realizada por Francisco Rico "sobre la consulta de cerca de un centenar de ediciones antiguas y modernas y sobre la aplicación de los métodos filológicos mejor contrastados" (Rico, XCIII), constituye una referencia obligatoria para cualquier estudio que quiera realizarse sobre el tema.
Las visiones del Quijote sólo podían ser tales gracias a la magia y a la calidad del lenguaje de Cervantes que inspiró a la Real Academia en 1780 -a sesenta y siete años de su fundación- a realizar una edición de impresión impecable y de muy cuidada transcripción, aprobada por la nobleza española y por los críticos de la época.
De esta manera la Academia afianzó en el siglo XVIII su política de velar por el idioma como lo enuncia en el lema de "limpia, fixa y da esplendor" llevado a la práctica en esa época a través de la publicación del Diccionario de autoridades, la Ortografía, la Gramática y -como galardón- la obra de Don Quijote de la Mancha, a la que el Marqués de Grimaldi, quien comunicó a la Academia la concesión de la licencia real -según se informa en la Presentación de la edición actual- la califica como "gloria del ingenio español y precioso depósito de la propiedad y energía del idioma castellano" (IX). Desde entonces, después de andar por muchos caminos como su personaje de ficción, la obra cervantina, considerada por Vargas Llosa "una novela para el siglo XXI", ha fijado su actualidad gracias a sus méritos excepcionales por distintos motivos: por la claridad y la amenidad de su estilo, por la reflexión que despierta en el lector, movido a disfrutar de sus propias interpretaciones en la época que fuera, por el encanto de su escritura. Como observa el escritor peruano, "la perennidad del Quijote se debe asimismo a la elegancia y potencia de su estilo, en el que la lengua española alcanzó uno de sus más altos vértices" (XXVI), resguardada en lo necesario por la importante intervención promotora y ejecutora de la Real Academia en todo lo que significa proteger el buen uso del español. Pero la acción académica no finaliza allí, pues vemos en el siglo XXI la plenitud de su actividad lingüística y toda la fuerza de su empuje al planificar la edición conmemorativa de los cuatrocientos años, fortalecida por la acción mancomunada de la Asociación de Academias de la Lengua Española que representa a las veintiún academias americanas.
La figura de América se presenta por esta vía en la novela cervantina, integrando la patria amplia que pregona España en la búsqueda de su identidad, muy bien interpretada por Vargas Llosa en su "Prólogo", cuando dice que la imagen de España es "La de un mundo vasto y diverso, sin fronteras geográficas, constituido por un archipiélago de comunidades, aldeas y pueblos, a los que los personajes dan el nombre de ?patrias?" (XXI).
Con la edición actual, de un millón de ejemplares, se garantiza que miles de miles de ejemplares del Quijote se distribuyan por los distintos rincones de América, esto es por las "patrias" cervantinas, como los que se contaban por cientos cuando se enviaron a América en 1605, salvando así en parte el frustrado anhelo que tuvo Cervantes de viajar a este continente. (c) LA GACETA
Las visiones del Quijote sólo podían ser tales gracias a la magia y a la calidad del lenguaje de Cervantes que inspiró a la Real Academia en 1780 -a sesenta y siete años de su fundación- a realizar una edición de impresión impecable y de muy cuidada transcripción, aprobada por la nobleza española y por los críticos de la época.
De esta manera la Academia afianzó en el siglo XVIII su política de velar por el idioma como lo enuncia en el lema de "limpia, fixa y da esplendor" llevado a la práctica en esa época a través de la publicación del Diccionario de autoridades, la Ortografía, la Gramática y -como galardón- la obra de Don Quijote de la Mancha, a la que el Marqués de Grimaldi, quien comunicó a la Academia la concesión de la licencia real -según se informa en la Presentación de la edición actual- la califica como "gloria del ingenio español y precioso depósito de la propiedad y energía del idioma castellano" (IX). Desde entonces, después de andar por muchos caminos como su personaje de ficción, la obra cervantina, considerada por Vargas Llosa "una novela para el siglo XXI", ha fijado su actualidad gracias a sus méritos excepcionales por distintos motivos: por la claridad y la amenidad de su estilo, por la reflexión que despierta en el lector, movido a disfrutar de sus propias interpretaciones en la época que fuera, por el encanto de su escritura. Como observa el escritor peruano, "la perennidad del Quijote se debe asimismo a la elegancia y potencia de su estilo, en el que la lengua española alcanzó uno de sus más altos vértices" (XXVI), resguardada en lo necesario por la importante intervención promotora y ejecutora de la Real Academia en todo lo que significa proteger el buen uso del español. Pero la acción académica no finaliza allí, pues vemos en el siglo XXI la plenitud de su actividad lingüística y toda la fuerza de su empuje al planificar la edición conmemorativa de los cuatrocientos años, fortalecida por la acción mancomunada de la Asociación de Academias de la Lengua Española que representa a las veintiún academias americanas.
La figura de América se presenta por esta vía en la novela cervantina, integrando la patria amplia que pregona España en la búsqueda de su identidad, muy bien interpretada por Vargas Llosa en su "Prólogo", cuando dice que la imagen de España es "La de un mundo vasto y diverso, sin fronteras geográficas, constituido por un archipiélago de comunidades, aldeas y pueblos, a los que los personajes dan el nombre de ?patrias?" (XXI).
Con la edición actual, de un millón de ejemplares, se garantiza que miles de miles de ejemplares del Quijote se distribuyan por los distintos rincones de América, esto es por las "patrias" cervantinas, como los que se contaban por cientos cuando se enviaron a América en 1605, salvando así en parte el frustrado anhelo que tuvo Cervantes de viajar a este continente. (c) LA GACETA
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