12 Diciembre 2004 Seguir en 

Iniciaré este trabajo con una pregunta. ¿Cómo se mide la riqueza de un país? De dos maneras, por sus bienes materiales y por sus bienes culturales. Entre unos y otros hay sin embargo una gran diferencia. Los primeros, por ejemplo sus yacimientos de petróleo, a la larga se agotan, mientras que los segundos por diversas razones siempre tienden a crecer. Esto ocurre en particular con el patrimonio lingüístico. Su carácter monótono creciente tiene valiosas connotaciones, para el conjunto y para cada uno de sus miembros individualmente considerado. Basta pensar en las dificultades que tiene un analfabeto para hallar trabajo de tipo estable.
El vocablo "analfabeto" merece un análisis pormenorizado. En sentido estricto, involucra a una persona que no sabe leer ni escribir, y por extensión, alude también a alguien ignorante, inculto, aunque sepa leer y escribir. Se usa como sustantivo y como adjetivo. Si digo "Pedro es un analfabeto" y "Juan es un hombre analfabeto", adjudico al término función sustantiva y adjetiva, respectivamente.Sobre el tema de los idiomas soy apenas un aficionado. Por mi condición de matemático, no importa la categoría a la cual pertenezca, trato de guiarme siempre con los principios de la Lógica, lo cual no excluye que pueda equivocarme con una propuesta que haré respecto de la conveniencia de introducir nuevas palabras en el idioma español, para enriquecerlo. Los motivos serán dados más adelante, pero desde ya agradeceré toda clase de críticas.
Mi punto de partida será esta observación: tiene sentido en nuestra lengua la oración "Pedro es un analfabeto", y en cambio, carece de sentido, con los dos significados que posee la palabra "alfabeto", la oración "Juan es un alfabeto". Observo además que la primera adquiere significación solamente mediante el prefijo privativo "ana". Las dos acepciones de "alfabeto" las obtuve de un diccionario de 1998 que mencionaré en las notas finales. Son: 1) "serie de letras de la escritura", 2) "cualquier conjunto de signos que sustituye a la serie de letras de la escritura de los alfabetos y que se utiliza en un sistema de comunicación. Los invidentes pueden leer gracias al alfabeto Braille".
La propuesta mencionada líneas arriba consiste en introducir las nuevas palabras "anabecedario" y "abecedario" para dar vigencia y legitimidad a oraciones como "Juan es un anabecedario" y "Juana es una mujer abecedaria". Recuérdese que el dúo (alfa, beta) generó a "alfabeto" y el trío (a, b, c) a "abecedario". Ante la objeción de que sería superfluo introducir nuevos vocablos en el idioma español porque ya es la más rica de las lenguas modernas, osaré disentir. Si alguna vez lo fue, ya no lo es más por los siguientes motivos.
La sistemática renuencia de la Real Academia Española a admitir términos de procedencia extranjera contrasta con la gran liberalidad de las Academias de los países anglosajones, que incorporan a sus diccionarios vocablos procedentes de todos los países hispanoparlantes. Cito como ejemplo un diccionario inglés de 1979, publicado en Boston, que registra las palabras siesta, patio, corral, gaucho, guerrilla, etcétera. Por el contrario, sorprende que los Diccionarios de Lengua Española que pude consultar no incluyan la palabra "procrastinación" como traducción casi literal de "procrastination", de evidente origen latino. Significa "la innecesaria postergación de algo para un incierto futuro".
Por los motivos aducidos, solicitaría a los señores miembro de número de las Academias Nacional de Periodismo y de Letras, tomaran a bien dictaminar sobre la conveniencia de incorporar, al menos al español que hablamos los argentinos, voces de procedencia extranjera que no tienen sus equivalentes en el español de la Madre Patria.
Conozco sólo una palabra acuñada relativamente hace poco tiempo que no fue aún llevada al inglés. Se trata de "jitanjáfora". La inventó el gran escritor mexicano Alfonso Reyes en los siguientes términos: "Enunciado carente de sentido que pretende conseguir resultados eufónicos (Dic. Encic. Larousse 2002). Como recuerdo de mi niñez encontré un ejemplo muy ilustrativo del concepto. Se trata de una canción cuya letra quedó grabada en mi memoria sólo en parte. Decía así: ..."que salga la dama vana vestida de marinero, si no tiene dinero, será caridad del cielo, sale el, sale el sol, la mezquina lechuguina del amor...". La cantaban en coro niñas pequeñas tomadas de las manos mientras bailaban en el modo de una ronda.
El constante avance de la ciencia y de la técnica es con frecuencia causa para crear nuevas palabras. De improviso pueden aparecer fenómenos nuevos carentes de nombres identificatorios. Por ejemplo, el descubrimiento accidental, pero afortunado, de un hecho o fenómeno de cualquier naturaleza, no lo poseía. Un escritor inglés lo llamó "serendipity", traducida al español como "serendipia", pero ningún diccionario español a mi alcance lo registra. El descubrimiento accidental aludido llevó a la fama a Fleming con el hallazgo de la penicilina. Otro ejemplo de índole muy diferente condujo al concepto de "Síndrome de Estocolmo", definido como "aceptación progresiva de la persona secuestrada de las ideas y puntos de vista del secuestrador" (Larousse 2002). Esta definición cuadra asimismo a la inexplicable y hasta patológica "amistad establecida entre el torturador y el torturado", de tan triste recordación en el país.
La temática de los idiomas es inagotable por la variedad de sus facetas. A este respecto, el doctor en Filosofía Samuel Scholnik y el licenciado en Economía F. Eugenio Nanni realizaron la ingeniosa experiencia de evaluar el nivel de conocimientos lingüísticos de un grupo homogéneo de colegas universitarios, incluyéndose ellos mismos en el grupo. A tales fines escogieron un buen diccionario de español del que extrajeron completamente al azar, para evitar todo sesgo, un número grande de palabras. El promedio estadístico de términos de significación desconocida fue sorpresivamente alto. De haber participado en la prueba, no dudo de que hubiera obtenido una calificación apenas suficiente "para pasar de grado". (c) LA GACETANOTAS
1) Gran Diccionario de La Lengua Española, Prólogo de Francisco Ríos, de la Real Academia Española, Larousse, 1998.
2) The American Heritage Dictionary of The English Language, Goughton Mifflin Comp., Boston, 1979.
El vocablo "analfabeto" merece un análisis pormenorizado. En sentido estricto, involucra a una persona que no sabe leer ni escribir, y por extensión, alude también a alguien ignorante, inculto, aunque sepa leer y escribir. Se usa como sustantivo y como adjetivo. Si digo "Pedro es un analfabeto" y "Juan es un hombre analfabeto", adjudico al término función sustantiva y adjetiva, respectivamente.Sobre el tema de los idiomas soy apenas un aficionado. Por mi condición de matemático, no importa la categoría a la cual pertenezca, trato de guiarme siempre con los principios de la Lógica, lo cual no excluye que pueda equivocarme con una propuesta que haré respecto de la conveniencia de introducir nuevas palabras en el idioma español, para enriquecerlo. Los motivos serán dados más adelante, pero desde ya agradeceré toda clase de críticas.
Mi punto de partida será esta observación: tiene sentido en nuestra lengua la oración "Pedro es un analfabeto", y en cambio, carece de sentido, con los dos significados que posee la palabra "alfabeto", la oración "Juan es un alfabeto". Observo además que la primera adquiere significación solamente mediante el prefijo privativo "ana". Las dos acepciones de "alfabeto" las obtuve de un diccionario de 1998 que mencionaré en las notas finales. Son: 1) "serie de letras de la escritura", 2) "cualquier conjunto de signos que sustituye a la serie de letras de la escritura de los alfabetos y que se utiliza en un sistema de comunicación. Los invidentes pueden leer gracias al alfabeto Braille".
La propuesta mencionada líneas arriba consiste en introducir las nuevas palabras "anabecedario" y "abecedario" para dar vigencia y legitimidad a oraciones como "Juan es un anabecedario" y "Juana es una mujer abecedaria". Recuérdese que el dúo (alfa, beta) generó a "alfabeto" y el trío (a, b, c) a "abecedario". Ante la objeción de que sería superfluo introducir nuevos vocablos en el idioma español porque ya es la más rica de las lenguas modernas, osaré disentir. Si alguna vez lo fue, ya no lo es más por los siguientes motivos.
La sistemática renuencia de la Real Academia Española a admitir términos de procedencia extranjera contrasta con la gran liberalidad de las Academias de los países anglosajones, que incorporan a sus diccionarios vocablos procedentes de todos los países hispanoparlantes. Cito como ejemplo un diccionario inglés de 1979, publicado en Boston, que registra las palabras siesta, patio, corral, gaucho, guerrilla, etcétera. Por el contrario, sorprende que los Diccionarios de Lengua Española que pude consultar no incluyan la palabra "procrastinación" como traducción casi literal de "procrastination", de evidente origen latino. Significa "la innecesaria postergación de algo para un incierto futuro".
Por los motivos aducidos, solicitaría a los señores miembro de número de las Academias Nacional de Periodismo y de Letras, tomaran a bien dictaminar sobre la conveniencia de incorporar, al menos al español que hablamos los argentinos, voces de procedencia extranjera que no tienen sus equivalentes en el español de la Madre Patria.
Conozco sólo una palabra acuñada relativamente hace poco tiempo que no fue aún llevada al inglés. Se trata de "jitanjáfora". La inventó el gran escritor mexicano Alfonso Reyes en los siguientes términos: "Enunciado carente de sentido que pretende conseguir resultados eufónicos (Dic. Encic. Larousse 2002). Como recuerdo de mi niñez encontré un ejemplo muy ilustrativo del concepto. Se trata de una canción cuya letra quedó grabada en mi memoria sólo en parte. Decía así: ..."que salga la dama vana vestida de marinero, si no tiene dinero, será caridad del cielo, sale el, sale el sol, la mezquina lechuguina del amor...". La cantaban en coro niñas pequeñas tomadas de las manos mientras bailaban en el modo de una ronda.
El constante avance de la ciencia y de la técnica es con frecuencia causa para crear nuevas palabras. De improviso pueden aparecer fenómenos nuevos carentes de nombres identificatorios. Por ejemplo, el descubrimiento accidental, pero afortunado, de un hecho o fenómeno de cualquier naturaleza, no lo poseía. Un escritor inglés lo llamó "serendipity", traducida al español como "serendipia", pero ningún diccionario español a mi alcance lo registra. El descubrimiento accidental aludido llevó a la fama a Fleming con el hallazgo de la penicilina. Otro ejemplo de índole muy diferente condujo al concepto de "Síndrome de Estocolmo", definido como "aceptación progresiva de la persona secuestrada de las ideas y puntos de vista del secuestrador" (Larousse 2002). Esta definición cuadra asimismo a la inexplicable y hasta patológica "amistad establecida entre el torturador y el torturado", de tan triste recordación en el país.
La temática de los idiomas es inagotable por la variedad de sus facetas. A este respecto, el doctor en Filosofía Samuel Scholnik y el licenciado en Economía F. Eugenio Nanni realizaron la ingeniosa experiencia de evaluar el nivel de conocimientos lingüísticos de un grupo homogéneo de colegas universitarios, incluyéndose ellos mismos en el grupo. A tales fines escogieron un buen diccionario de español del que extrajeron completamente al azar, para evitar todo sesgo, un número grande de palabras. El promedio estadístico de términos de significación desconocida fue sorpresivamente alto. De haber participado en la prueba, no dudo de que hubiera obtenido una calificación apenas suficiente "para pasar de grado". (c) LA GACETANOTAS
1) Gran Diccionario de La Lengua Española, Prólogo de Francisco Ríos, de la Real Academia Española, Larousse, 1998.
2) The American Heritage Dictionary of The English Language, Goughton Mifflin Comp., Boston, 1979.
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