Una serie de cruces entre el arte y el mundo

Por Demián Orosz

12 Diciembre 2004
En los ensayos de John Berger se expresa una de las maneras más interesantes de aproximarse al arte. Los textos del novelista y crítico inglés construyen una zona de rara intensidad donde las imágenes no sólo dialogan con la historia de la disciplina a la que pertenecen, sino que también se abren a un intercambio con el conjunto de la cultura. Y eso no es todo. Berger propone una serie de cruces entre el arte y el mundo tan rico en sugerencias que le permite al lector ingresar a los significados de una obra aunque jamás la haya visto, ni siquiera en reproducciones. No hay que ver para creer, parece sugerir el autor de El sentido de la vista. Y el secreto del hechizo que producen sus lecturas quizá esté en su capacidad para conectar una pintura o una fotografía con la vida, de un modo que no tiene nada de ingenuo y que logra aferrar las obras de arte como momentos de una determinada experiencia del mundo.
El tamaño de una bolsa reúne ensayos publicados originalmente en 2001, que se detienen en un conjunto heterogéneo de imágenes: los autorretratos de Rembrandt, las flores y botellas de Giorgio Morandi, algunos paisajes muy poco conocidos de Van Gogh, los caballos de bronce de Edgar Degas, las esculturas de Brancusi o las pinturas en que Frida Kahlo dejó constancia de una sensibilidad aguijoneada por el deseo y agudizada por el dolor.
Berger es un gran narrador, y eso se nota sobre todo en el arranque de los textos, un anzuelo perfecto que captura y arrastra al lector buscando el final del mismo modo en que lo hace una novela con un buen comienzo. El inicio de su ensayo sobre las pinturas halladas en las necrópolis de la provincia egipcias de Fayum es un ejemplo de esto. "Son los retratos más antiguos que se conocen -escribe-; se pintaron al mismo tiempo que se escribían los Evangelios. ¿Por qué nos sorprende hoy entonces su inmediatez? ¿Por qué sentimos su individualidad tan próxima a la nuestra? Los retratos de Fayum conmueven como si hubieran sido pintados el mes pasado. ¿Por qué? Ese es el enigma". ¿No dan ganas de seguir leyendo?
Otra proeza es el modo en que logra acercar las manifestaciones artísticas muy antiguas, como los retratos de Fayum o las pinturas rupestres, a las que también dedica un ensayo en este libro. Berger es consciente de que los orígenes del arte se alejan cada vez más, a lo que se suma el ruido visual del mundo contemporáneo, que, no en vano, ha sido caracterizado como una civilización de la imagen. Su trabajo consiste entonces en volver reconocibles, es decir, hacer hablar a esas obras de las que nos separan siglos, realizadas en cuevas o enterradas para seguir en su viaje a los muertos, que no nos estaban destinadas y que sin embargo encuentran una manera de acompañarnos, de mirarnos y hacernos sentir que están allí para compartir las mismas fatalidades que a lo largo de toda la historia rigen a la especie.A menudo Berger introduce en el relato anécdotas personales, o bien describe la situación precisa en la que vio tal o cual obra. Este procedimiento refuerza la sensación de que los significados abiertos por una obra de arte no están disociados de un estado de ánimo, o incluso de circunstancias atmosféricas tan particulares como el modo en que cae la luz a una determinada hora del día. Así, hay quienes han señalado un exceso de subjetivismo en sus aproximaciones a ciertas imágenes. Lo cierto es que Berger se sale de las convenciones y deja para los manuales de historia del arte la identificación de estilos y maneras.
La descripción en términos técnicos de un dibujo o una escultura pasa también a un segundo plano en virtud del interés de Berger en forzar amablemente al arte a decir lo que esconde. El ensayo dedicado a Frida Kahlo es en este sentido un breve y perfecto artefacto de persuasión, que acomoda al lector en la distancia justa para medir la fuerza sumergida en una obra que el mercado ha transformado en uno de los fetiches más vendibles del arte latinoamericano.
Cuando es preciso, Berger es un autor de tesis fuertes; discute y rebate las interpretaciones más aceptadas haciendo jugar casi siempre una suerte de materialismo heterodoxo, que no confunde lo que vemos con todo lo que hay, y que tal vez podría resumirse en la frase con la que culmina su ensayo "Hacia una pequeña teoría de lo visible": "Intentar pintar hoy lo que de verdad existe es un acto de resistencia generador de esperanza". (c) LA GACETA

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