Mirada femenina sobre la mujer judía en la dramaturgia argentina contemporánea

Por Juan Antonio Tríbulo

05 Diciembre 2004
Matilde Raquel Holte, doctora por The Catholic University of America, Washington D.C., Usa, especializada en Lengua y Literatura hispanoamericana, catedrática en Howard Universitiy de la mencionada capital, con su trabajo Teatro contemporáneo judeo-argentino aporta a la investigación teatral una mirada femenina que enfoca y concentra sobre la mujer judía, para elaborar un rico y pormenorizado análisis sobre su evolución personal respecto de la religión, su rol familiar y su inserción social.
La autora se propuso analizar un corpus de textos teatrales escritos por dramaturgos judeo-argentinos, quienes, desde sus obras, la invitaban a pensar en la influencia del legado bíblico sobre el género femenino. Para arribar a una selección revisó una extensa lista de autores, que incluye, entre otros, nombres tan importantes como los de Samuel Eichelbaum, Ivo Pelay, Bernardo Graiver, César Tiempo, Germán Ziclis, Hebe Zerebrisky y Jorge Goldemberg.
Las obras elegidas, sobre las que realizó una minuciosa búsqueda de conductas, posicionamientos y reacciones de las protagonistas, son Simón Brumelstein, caballero de Indias (1982), de Germán Rozenmacher; Mil años, un día (1993), de Ricardo Halac; Volvió una noche (1993), de Eduardo Rovner; Una tal Raquel (1994) y Liturgias (1995), de Nora Glikman. En todas ellas observó que los personajes femeninos -que suelen tener nombres bíblicos- "como las matriarcas, evidencian su necesidad de mantener a la familia unida y bajo la tradición de la fe". Los diálogos de los personajes que seleccionó la llevaron a pensar en que la tradición de las costumbres hebraicas les ha pautado su propia forma de vivir y de pensar, a pesar de los años que han transcurrido. Esta herencia tiene sus orígenes en las figuras femeninas que se encuentran en la Torá y que la mujer judía suele tomar como modelos para una mejor manera de conducirse en la vida.
Los personajes Elena, Sara, Raquel, Fanny, Raquel Libertad y Blanca, tomados de los textos dramáticos, en el orden en que fueron escritos y según los enumeramos más arriba, analizados a la luz de una profusa bibliografía que entrama lo teatral con lo psicológico y lo social con la historia y la idiosincrasia de la raza semita -detallada al final- le permiten a la autora describir la trayectoria de la mujer judía. Así puede afirmar que evoluciona, desde el primer personaje al último, alcanzando un alto grado de autonomía en el ejercicio de sus creencias religiosas. En algunas, el peso de la tradición condicionó sus vidas.
Esposas que han seguido muy fielmente aquello que consideraron un legado bíblico incuestionable, es decir, los modelos bíblicos femeninos que por mucho tiempo fueron presentados como perfectos, cosa que las llevó a aceptar de modo incuestionable una situación de dependencia con sus esposos y que, finalmente, les comprometió su autoestima. Los personajes teatrales femeninos, interpretados con la ayuda de la "nueva crítica bíblica feminista" que provee el marco teórico, permiten otra manera de acercarse al conocimiento de las figuras femeninas. La autora concluye que estas figuras de ficción "expresan más adecuadamente el pensamiento de la mujer contemporánea, que quiere sentirse libre de opinar y pensar, y que espera ser respetada en su núcleo familiar y social".
Se desprende de este comentario que la investigación llevada adelante por Matilde Raquel Holte avanza más sobre el campo de la sociología o la antropología que sobre lo específico teatral, y que, dentro de ellos, enfoca un aspecto sumamente específico, que se vuelve en el elemento que puede convocar a un sector específico de lectores. (c) LA GACETA

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