Dionisio I, uno de los más valientes guerreros de Siracusa

Por Horacio Semeraro

05 Diciembre 2004
El autor de la difundida trilogía de novelas históricas Alesándros -entre otras obras- traducida a 24 idiomas, ambienta su libro El tirano en la Siracusa de los siglos IV y V AC. Actual provincia de Italia en la isla de Sicilia y colonia griega desde su fundación en el 789 A.C., su ciudad capital fue cuna de brillantes personalidades, como Teócrito y Arquímedes. Las obras arquitectónicas -o sus ruinas que se conservan hasta el presente asombrando al turista- deben haber animado a Manfredi, arqueólogo de profesión, a escribir sobre el tema. Cartago -fundada por los fenicios en territorios cercanos al actual Túnez, en Africa- se disputó durante siglos, con Grecia y Roma, el dominio de Sicilia, para tener la hegemonía en el Mar Mediterráneo por su situación estratégica y sus importantes puertos.
El título de la obra refiere a Dionisio I (408-367 AC.), considerado uno de los guerreros más audaces de la historia de Siracusa, cuya obsesión se centró justamente en la liberación de la isla del yugo de los cartagineses, tratando de fortalecer el dominio griego sobre ella. Aunque la historia sindica a Dionisio, además de como tirano, como un demagogo famoso, enrostrándole el hecho de haber llevado a su corte a Platón para luego venderlo como esclavo -disgustado por las observaciones sobre la tiranía que hacía el filósofo-, durante su dominación alcanzó la ciudad su máximo esplendor y prosperidad, y se construyeron notables obras.
Algunos personajes, como Filisto, están presentes en casi toda la obra, con lo que se inferiría que fue escrita por Manfredi sobre la base del relato de las memorias del Filisto, historiador y narrador, quien legó una notable y pormenorizada descripción de los acontecimientos, a los que el autor sumó su aporte ficcional.
En la novela están descritas en forma fidedigna y contundente las acciones bélicas, comenzando con la destrucción de Agrigento (la ciudad que inmortalizó el poeta griego Píndaro en sus célebres Odas) por los cartagineses, y los combates de Gela y Motia (primera y segunda fase), las batallas navales de Catania y la batalla de Eleoporo. También las costumbres sociales -entre ellas el himeneo, la consulta a oráculos y pitonisas, la veneración de sus dioses, sus festividades-, destacando el perfil psicológico de los personajes históricos, las venganzas, lealtades y traiciones, están descriptas eficazmente. La narración de la crueldad de estas guerras por la dominación de la isla, que costaron la vida a miles de personas, crea por momentos en el lector un hálito extraño de deseo justiciero, tanto desde la crueldad de Dionisio cuanto desde el bando cartaginense, que viola brutal y reiteradamente a Areté, la esposa del tirano, y la mata luego (pág. 122 y 123). Algo similar ocurre con algunos segmentos de ficción. En el momento en el que el lector se da cuenta de que se involucra en la historia, que incluso -momentáneamente- se deja llevar por sus vericuetos pasionales, cobra conciencia de que la novela está bien escrita, que el autor logra su propósito. Aunque no reviste mayor importancia, como aspecto mejorable de la obra puede anotarse la traducción a un español coloquial, al que el lector no se acostumbra del todo en algunos tramos. Así, en los extensos diálogos de la novela, probablemente realizada con la idea de una posible adaptación cinematográfica, oír decir "chavales" a los soldados, por ejemplo, llama la atención. Si bien en una "Nota" final el autor, al concluir el libro, brinda su explicación del empleo del lenguaje coloquial principalmente en sus diálogos soeces -que fue sacado en parte de la jerga del Teatro cómico griego-, eso valdría y es razonable para la versión original en italiano; pero cuesta ambientarlo al lunfardo español que conocemos, porque su empleo inmediatamente nos remite a España, cuando estamos en la Italia del siglo V o IV AC. Hecha esa salvedad, la obra en su conjunto es la descripción lograda de una personalidad fascinante en sus odios y amores, en sus éxitos y aun en sus fracasos. En suma, El tirano es la novela histórica de un tiempo de dioses y de héroes, embellecida con alusiones a conocidas leyendas, como la de Orfeo y Eurídice (pág. 259), o a poemas como "Las Troyanas" de Eurípides, entre otras muchas. Un viaje a un segmento de la historia de Grecia, cuando el hombre sufría de su brutalidad primigenia aun en búsqueda de su civilización y su norte, pero en el que no había perdido su inocencia. (c) LA GACETA

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