Textos de Soriano en "La Opinión"

Por Marcelo Damiani

28 Noviembre 2004
Esta reedición de Artistas, locos y criminales, de Osvaldo Soriano, contiene 16 notas periodísticas publicadas por el autor durante los ?70 en el diario "La Opinión", cuyo director y fundador era el ya legendario Jacobo Timerman. En todo el libro hay una fuerte apuesta narrativa que funciona casi a la perfección cuando se la contextualiza, como el mismo Soriano se encarga de hacerlo en las pequeñas notas que acompañan cada sección. Y en este sentido, son de destacar el excelente artículo sobre ese escritor secreto llamado Roberto Mariani, "El error de hacer reír" (sobre Laurel y Hardy) y "Vida de artista" (sobre Mario Soffici). El problema aparece cuando el mismo Soriano quiere pegar el salto hacia lo que podríamos llamar su programa literario. Ahí todo empieza a fallar y el volumen se convierte en un muestrario de ciertos tópicos nacionales y/o nacionalistas (fútbol, boxeo, política, tango y mujeres, entre otros) que el autor utiliza para regodearse decadentemente. Así, la lectura del libro suscita una y otra vez la vieja pregunta sobre la diferencia que existe entre el periodismo y la literatura. La misma contratapa del libro promueve el equívoco (no es casual que César Aira haya encontrado una de las mejores boutades para definirlas cuando dijo -en una contratapa, obvio- que toda contratapa siempre es una "tapa en contra"). En el caso que nos ocupa, el mismo Soriano (haciendo una operación típicamente comercial) sostiene que algunos de los artículos aquí reunidos son los borradores de sus primeras novelas. No hace falta más que cotejar unos con otras para comprobar el proceso de degradación que han sufrido estos artículos al ser forzados a funcionar en otro contexto. Y es que obviamente no es lo mismo leer un diario o una revista que un libro. El marco, los tiempos, el verosímil, la prosa, nada es lo mismo; sin mencionar lo que ese gran poeta inglés llamó acertadamente "la suspensión del descreimiento".
En pleno auge del menemismo, uno de sus muchos detractores dijo que Soriano le estaba haciendo a la literatura lo que Menem a la Argentina. Seguramente la comparación fue un tanto excesiva, pero no demasiado si se contempla a los epígonos de este gran cronista de su tiempo, cuyo único problema, quizá, fue no poder establecer un puente sólido (como Borges, como Walsh, como Capote) entre el periodismo y la literatura. (c) LA GACETA

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