28 Noviembre 2004 Seguir en 

Mujercitas, de Louise May Alcott, publicado a fines del siglo XIX, es uno de los libros más leídos, un verdadero relato maestro de educación sentimental de mujeres. Cuatro jovencitas bajo la tutela de su madre que, durante la Guerra Civil estadounidense, se inician sentimental e intelectualmente. Las cuatro figuras proveen modelos distintos de mujer, con escasos rasgos transgresores, con los cuales se identificaron millones de niñas y jovencitas: la bella, la buena, la intelectual y la coqueta. Aisladas aprenden junto a su madre las amarguras y los encantos del desarrollo. Aunque la serie se continuó con Hombrecitos, ningún otro libro de Alcott, y probablemente de ningún otro escritor, llegó tan hondo a las mujeres de todas las edades como este.
Marcela Serrano, como otras escritoras, se dirige no sólo a una lectora mujer sino a una lectora joven. Virginia Woolf, al hablar de la novela y de las mujeres, señala la existencia de tres direcciones diferentes: las mujeres y lo que parecen; las mujeres y las novelas que se escriben sobre ellas, y las mujeres y las novelas que ellas escriben. En el caso de novelas como Hasta siempre, mujercitas se trata de novelas que refuerzan las novelas (o los mitos) acerca de las mujeres. Al mismo tiempo permiten que nos deslicemos por sus páginas sin esperar demasiadas sorpresas.
La escritora traslada el modelo de Alcott al Chile de la segunda mitad del siglo XX. Le agrega algunas dosis de actualidad en una trasposición que no logra rescatar la frescura del mundo de las hermanas March. Introduce elementos del melodrama e incluso se permite alusiones políticas. Marcela Serrano busca seducir al lector con fórmulas folletinescas, sin preocuparse demasiado por el lenguaje, que está inundado de clisés. Las cuatro primas, cuya infancia transcurre en El Pueblo, buscan en el mundo perdido de la niñez las claves de sus vidas. El amor está encarnado en Oliverio, el hermano-primo postizo (émulo del vecino de las March).
Casilda, la tía (pálido reflejo de la contradictoria madre sureña), está rodeada de inútiles tíos, y dirige, con mano férrea, la vida de las niñas. Las historias de las cuatro primas sirven de hilo al relato. Lola (Amy), bella, egoísta y ambiciosa; Luz (Beth) solidaria y buena, muere muy joven y aparece como espíritu; Nieves (Meg) el ama de casa insatisfecha y Ada (Jo) la tumultuosa e intelectual.
Se trata de un pálido y no demasiado feliz reflejo del libro de Alcott, que aún hoy resulta mucho más rico y con una prosa más ágil. Al mismo tiempo la sensibilidad ha sufrido variaciones que el texto no registró. Sin embargo, como las otras obras de Serrano, cuyos rastros se descubren en distintos lugares de la novela, reúne los ingredientes para ser un éxito de ventas.(c) LA GACETA
Marcela Serrano, como otras escritoras, se dirige no sólo a una lectora mujer sino a una lectora joven. Virginia Woolf, al hablar de la novela y de las mujeres, señala la existencia de tres direcciones diferentes: las mujeres y lo que parecen; las mujeres y las novelas que se escriben sobre ellas, y las mujeres y las novelas que ellas escriben. En el caso de novelas como Hasta siempre, mujercitas se trata de novelas que refuerzan las novelas (o los mitos) acerca de las mujeres. Al mismo tiempo permiten que nos deslicemos por sus páginas sin esperar demasiadas sorpresas.
La escritora traslada el modelo de Alcott al Chile de la segunda mitad del siglo XX. Le agrega algunas dosis de actualidad en una trasposición que no logra rescatar la frescura del mundo de las hermanas March. Introduce elementos del melodrama e incluso se permite alusiones políticas. Marcela Serrano busca seducir al lector con fórmulas folletinescas, sin preocuparse demasiado por el lenguaje, que está inundado de clisés. Las cuatro primas, cuya infancia transcurre en El Pueblo, buscan en el mundo perdido de la niñez las claves de sus vidas. El amor está encarnado en Oliverio, el hermano-primo postizo (émulo del vecino de las March).
Casilda, la tía (pálido reflejo de la contradictoria madre sureña), está rodeada de inútiles tíos, y dirige, con mano férrea, la vida de las niñas. Las historias de las cuatro primas sirven de hilo al relato. Lola (Amy), bella, egoísta y ambiciosa; Luz (Beth) solidaria y buena, muere muy joven y aparece como espíritu; Nieves (Meg) el ama de casa insatisfecha y Ada (Jo) la tumultuosa e intelectual.
Se trata de un pálido y no demasiado feliz reflejo del libro de Alcott, que aún hoy resulta mucho más rico y con una prosa más ágil. Al mismo tiempo la sensibilidad ha sufrido variaciones que el texto no registró. Sin embargo, como las otras obras de Serrano, cuyos rastros se descubren en distintos lugares de la novela, reúne los ingredientes para ser un éxito de ventas.(c) LA GACETA
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