28 Noviembre 2004 Seguir en 

La autora suma este título a cuatro anteriores en los que también abordó el cuento: Los nombres de la muerte (1964), Para un jardín cerrado (1970), Invenciones sentimentales y Desde la niebla (1988). A ellos añade sus obras sobre Borges y Victoria Ocampo, sus colaboraciones con el primero y su vasta labor periodística.
En un libro de cuentos bien armado juegan las preferencias del lector para elegir uno de aquellos. Así ocurre en este caso, pues precisamente el cuento, por presentar un mundo que se clausura en el final, despierta distintas resonancias en cada uno.
María Esther Vázquez consigue aunar sus cuentos en medio de la diversidad, no sólo por el estilo claro con que están narrados, sino por algo que puede designarse como tono y que consiste en hacer fluir la narración sin estridencias, deslizar como de paso el detalle revelador, sugerir estados de ánimo, motivos y decisiones; en fin, imprimir a lo relatado una especie de asombro que, sin embargo, surge de la realidad corriente.
"Jinetes de la madrugada" es la terrible historia de un rescate en tiempos de la peste del siglo XIX, con un perfecto e inesperado desenlace. "Trenes en la oscuridad" muestra a un Borges todavía joven, nostálgico de Adrogué y en relación con un falso exiliado.
"El genio de Isadora Dunkl" parodia la forma como se maneja el mundo de las grandes figuras y los congresos de toda índole; también las admiraciones que despiertan aquellas, no siempre acordes con la realidad."Viniendo de la sombra" corresponde a lo extraño, ya que el chico protagonista "ve" y reconoce personas y lugares que deberían serle ajenos. "El elegido" recrea la historia evangélica de Lázaro y plantea algunas de las preguntas que aquel hubiera podido hacerse tras el milagro. La intriga policial está presente en "Marito", un play boy aprovechado que no vacila ante nada. El tiempo de los viajes y las conquistas es presentado en "Transcripción de una crónica real", relato de los personajes y las manos por las que pasa un misterioso crucifijo. También guarda relación con la aventura y con gente no muy de confiar "En el puerto de Lisboa".
"La mínima forma de la felicidad" muestra cómo, en las circunstancias más tristes y desfavorables, puede nacer un vínculo humano. En "Función de abono" sale a luz la superchería con la cual un hombre, durante toda su vida, mantuvo un falso prestigio. En "La vida no vale nada" asistimos, una vez más, a los oscuros manejos y a las traiciones propios de quienes militan en el terrorismo. Entre otros que se omiten por falta de espacio, debe señalarse a "Los veintisiete sombreros de la Colorada Jones", una inmigrante que llega a la Patagonia para integrarse a la comunidad galesa, no sin antes imponer a su marido un rígido código de conducta.
La incompleta enumeración que antecede prueba la ductilidad con que la autora se maneja entre los variados matices que el cuento puede ofrecer. En todos encontrará el lector la construcción rigurosa, antes ponderada, y la novedad siempre atrayente de la intriga.(c) LA GACETA
En un libro de cuentos bien armado juegan las preferencias del lector para elegir uno de aquellos. Así ocurre en este caso, pues precisamente el cuento, por presentar un mundo que se clausura en el final, despierta distintas resonancias en cada uno.
María Esther Vázquez consigue aunar sus cuentos en medio de la diversidad, no sólo por el estilo claro con que están narrados, sino por algo que puede designarse como tono y que consiste en hacer fluir la narración sin estridencias, deslizar como de paso el detalle revelador, sugerir estados de ánimo, motivos y decisiones; en fin, imprimir a lo relatado una especie de asombro que, sin embargo, surge de la realidad corriente.
"Jinetes de la madrugada" es la terrible historia de un rescate en tiempos de la peste del siglo XIX, con un perfecto e inesperado desenlace. "Trenes en la oscuridad" muestra a un Borges todavía joven, nostálgico de Adrogué y en relación con un falso exiliado.
"El genio de Isadora Dunkl" parodia la forma como se maneja el mundo de las grandes figuras y los congresos de toda índole; también las admiraciones que despiertan aquellas, no siempre acordes con la realidad."Viniendo de la sombra" corresponde a lo extraño, ya que el chico protagonista "ve" y reconoce personas y lugares que deberían serle ajenos. "El elegido" recrea la historia evangélica de Lázaro y plantea algunas de las preguntas que aquel hubiera podido hacerse tras el milagro. La intriga policial está presente en "Marito", un play boy aprovechado que no vacila ante nada. El tiempo de los viajes y las conquistas es presentado en "Transcripción de una crónica real", relato de los personajes y las manos por las que pasa un misterioso crucifijo. También guarda relación con la aventura y con gente no muy de confiar "En el puerto de Lisboa".
"La mínima forma de la felicidad" muestra cómo, en las circunstancias más tristes y desfavorables, puede nacer un vínculo humano. En "Función de abono" sale a luz la superchería con la cual un hombre, durante toda su vida, mantuvo un falso prestigio. En "La vida no vale nada" asistimos, una vez más, a los oscuros manejos y a las traiciones propios de quienes militan en el terrorismo. Entre otros que se omiten por falta de espacio, debe señalarse a "Los veintisiete sombreros de la Colorada Jones", una inmigrante que llega a la Patagonia para integrarse a la comunidad galesa, no sin antes imponer a su marido un rígido código de conducta.
La incompleta enumeración que antecede prueba la ductilidad con que la autora se maneja entre los variados matices que el cuento puede ofrecer. En todos encontrará el lector la construcción rigurosa, antes ponderada, y la novedad siempre atrayente de la intriga.(c) LA GACETA
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