28 Noviembre 2004 Seguir en 

Con la cena de clausura del III Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en la ciudad de Rosario (Santa Fe) entre el 17 y el 20 de noviembre de 2004, ofrecida en la noche del sábado final, se acallaron con champagne, centolla y dátiles las voces de los congresistas invitados, así como de los políticos y allegados comprometidos con este acontecimiento sociolingüístico cultural.
Los lingüistas, literatos y aficionados a temas sobre la lengua entramos ahora en la etapa de recordación de la última gran fiesta del idioma, la que no tiene parangones con otras reuniones de la especialidad que se realizaron años atrás. Por un lado, porque nunca nos imaginamos que nuestros temas pudieran tener mayor trascendencia que la que buscamos normalmente a través de la ciencia; y este congreso mostró varias connotaciones más, en especial políticas pero también "cholulas", ya que a bastante gente le interesó acercarse para una fotografía o para tocar a los reyes o a los escritores reconocidos, u obtener del presidente de la RAE una firma en algún folleto o en un libro. Por otro lado, porque todos los diarios de lengua española y muchos de lengua extranjera dedicaron varias páginas por día a los comentarios acerca del Congreso, además de la transmisión continua con lujo de detalles prodigada por internet, la radio y los canales de televisión, lo cual despertó la atención constante de un gran número de gente alejada de las Letras, que siguió con entusiasmo las alternativas del Congreso de la Lengua. Tampoco se nos ocurrió que una ciudad como Rosario, remozada bellamente, engalanara sus bocacalles con carteles alusivos, y que de los balcones pendieran banderines con el ya clásico logo de la e roja como boca abierta y la tilde de la ñ en amarillo simulando una lengua, ni que fuera posible matizar, todos los días y a diversas horas, los actos académicos con espectáculos musicales y visuales, y exposiciones de cuadros de pintores famosos.
Igualmente nos sorprendió que la presentación de la nueva edición de El Quijote, libro que ocupa un lugar en las bibliotecas de casi todos los que aprendieron a leer, pero esta vez con un prólogo de Vargas Llosa que se suma a los anteriores, llegara casi a agotarse en el stand que se ubicó para la venta en el hall del Teatro El Círculo. Pero menos aún creímos posible experimentar repetidamente la sensación de embeleso que nos invadió la primera vez, y las veces subsiguientes, al entrar al maravilloso Teatro El Círculo, con capacidad para 1.700 personas siempre presentes, donde la belleza de su arquitectura, el esplendor de las luces y el sabor a lujo de principios del siglo XX nos ubicaban por momentos en una nueva Argentina.
En ese escenario, así como en los modernos auditorios del Centro Cultural Parque España, desde donde se retransmitían simultáneamente las sesiones para que las siguieran los interesados que no habían logrado inscribirse para poder ocupar un lugar en las espaciosas salas, se discutió y aprobó una gran cantidad de principios y se repitieron a menudo palabras contrastantes, importantes en la temática de este encuentro: identidad lingüística/ globalización, diversidad/ unidad, multilingüismo, bilingüismo/unilingüismo, tradición/modernidad y muchas más que apuntaban al hermanamiento lingüístico de todos los que hablamos español en las diversas latitudes geográficas y con quienes históricamente nos vinculamos.
Palabras muy importantes para el caso fueron las de un rey conocido por su formación académica, y las de un discurso insuperable y convocante, el del magnífico escritor y orador Carlos Fuentes, que estremeció el teatro en el acto de apertura. Las palabras de ambos, del presidente de la RAE, del de la Academia Argentina de Letras, del director del Instituto Cervantes y de los afamados escritores presentes actuaron como señales luminosas para los pensamientos que se querían promover.
En el discurso de apertura, Juan Carlos de Borbón definió el principio de patrimonio común de la lengua española con la afirmación: "La lengua la hacemos entre todos y es de todos", lo que sirvió de fundamento al debate posterior, y avanzó más al destacar el mestizaje que sufren todas las lenguas, entre las que está el español, "la más hablada de las lenguas romances", como reconoció Carlos Fuentes. Por cierto, en la Península el castellano se alimentó de formas lingüísticas de diversos orígenes en sus comienzos como lengua, a cuyo mestizaje se sumaron las voces amerindias, que desde su propia pluralidad conformaron una identidad común con la lengua peninsular.
Las perspectivas que se abren para el español son muchas, ya que, como opinó el rey, al fortalecerse como lengua de "comunicación internacional", "todos y cada uno de los contactos con otras lenguas y culturas han ido depositando en la lengua española marcas de mentalidades, costumbres y sensibilidades distintas" que han llegado a formar una unidad.
Sin embargo, los peligros de la uniformidad pueden borrar las diferencias individualizadoras, por lo cual debemos cuidar la identidad lingüística sin dejar de ser flexibles a los cambios. En torno de estos temas se debatió largamente en las sucesivas sesiones, se enfervorizó el público prioritariamente femenino, el cual no sólo impuso sus ideas sino que elevó reclamos desde los palcos y platea, por la falta de representación de especialistas mujeres en las sesiones plenarias.
Entre los asuntos más convocantes (fuera de los relacionados a la literatura con la lengua, área coordinadora por Pedro Luis Barcia, para los que se preveía mucha concurrencia) también se destacaron los relacionados con el español estándar y sus variedades en los medios de comunicación; los vinculados con la enseñanza de la lengua española como lengua extranjera; los que mostraban distintas perspectivas de la globalización, y sorprendió el interés despertado por el tratamiento de "El español y las comunidades indígenas hoy", con mucho público y una notable coincidencia de reflexiones y de propuestas de parte de los panelistas, desde donde se propuso pedir a los gobiernos de los distintos países hispanoamericanos una buena enseñanza del español, para que opere como lengua franca entre las lenguas indígenas, así como también la elección de maestros bien preparados en lenguas indígenas para una mejor conservación de ellas.
El último día, un nuevo acto incomparable emocionó al público: el homenaje a Ernesto Sábato, cuya presencia fue ovacionada larga y vivamente, entre lágrimas del escritor y de los concurrentes, que no habían dejado libre una sola butaca del teatro. Como afirmó el presidente de la RAE, Víctor García de la Concha, en este homenaje, en cuanto a que no tenía palabras para expresar lo que merecía Sábato, podríamos decir ahora que nos faltan las palabras para documentar todo lo bueno de este Congreso. Pero sin duda mucho ha dado y dará para pensar y actuar de aquí en adelante. La Real Academia Española ha anunciado que tiene el propósito de unificar las 22 Academias de la Lengua en América hacia una misma acción, y que próximamente dará a luz el Gran Diccionario de Dudas Panhispánicas. El Instituto Cervantes, que viene apoyando con fuerza la difusión de la lengua española en el mundo, con tecnología de primera y muy buenos recursos económicos, nos ha convocado para brindar nuestro esfuerzo desde los distintos lugares americanos. Un esfuerzo que para muchos no significa una obligación sino un gusto, y para los gobernantes, una responsabilidad a cumplir.
Han quedado en el olvido las dificultades y dudas de las comisiones ejecutiva y organizadora. Los méritos superaron con creces los defectos que ahora se recuerdan como anécdotas, en muchos casos humorísticas, con detalles a los que aludió Fontanarrosa en su exposición, pues ni el humor faltó en las reuniones plenarias. Pero junto a ello, otros sentimientos fueron constantes: la esperanza, el orgullo de haber brindado lo que brindó la Argentina para el éxito de esta empresa, y el agradecimiento a España y a los otros países que alentaron y apoyaron. Y hubo además un hecho destacable, no frecuente en los encuentros académicos: la demostración de la juventud, junto a los mayores, de un interés común por lo propio, por lo que podemos promover y conservar.
El interés que tenemos todos por el principal medio comunitario, nuestra lengua, para comunicarnos, para progresar y acercarnos a los pueblos con los que compartimos la identidad lingüística en la pluralidad de culturas.
Ha finalizado el III Congreso Internacional de la Lengua. Ya pasaron los días del fervor en las salas, pero quedan sus efectos. Y las palabras nos alcanzan para decir: que tantas voces plurales y entusiastas de los que dimos la palabra den lugar a nuevos y buenos proyectos y acciones. (c) LA GACETA
Los lingüistas, literatos y aficionados a temas sobre la lengua entramos ahora en la etapa de recordación de la última gran fiesta del idioma, la que no tiene parangones con otras reuniones de la especialidad que se realizaron años atrás. Por un lado, porque nunca nos imaginamos que nuestros temas pudieran tener mayor trascendencia que la que buscamos normalmente a través de la ciencia; y este congreso mostró varias connotaciones más, en especial políticas pero también "cholulas", ya que a bastante gente le interesó acercarse para una fotografía o para tocar a los reyes o a los escritores reconocidos, u obtener del presidente de la RAE una firma en algún folleto o en un libro. Por otro lado, porque todos los diarios de lengua española y muchos de lengua extranjera dedicaron varias páginas por día a los comentarios acerca del Congreso, además de la transmisión continua con lujo de detalles prodigada por internet, la radio y los canales de televisión, lo cual despertó la atención constante de un gran número de gente alejada de las Letras, que siguió con entusiasmo las alternativas del Congreso de la Lengua. Tampoco se nos ocurrió que una ciudad como Rosario, remozada bellamente, engalanara sus bocacalles con carteles alusivos, y que de los balcones pendieran banderines con el ya clásico logo de la e roja como boca abierta y la tilde de la ñ en amarillo simulando una lengua, ni que fuera posible matizar, todos los días y a diversas horas, los actos académicos con espectáculos musicales y visuales, y exposiciones de cuadros de pintores famosos.
Igualmente nos sorprendió que la presentación de la nueva edición de El Quijote, libro que ocupa un lugar en las bibliotecas de casi todos los que aprendieron a leer, pero esta vez con un prólogo de Vargas Llosa que se suma a los anteriores, llegara casi a agotarse en el stand que se ubicó para la venta en el hall del Teatro El Círculo. Pero menos aún creímos posible experimentar repetidamente la sensación de embeleso que nos invadió la primera vez, y las veces subsiguientes, al entrar al maravilloso Teatro El Círculo, con capacidad para 1.700 personas siempre presentes, donde la belleza de su arquitectura, el esplendor de las luces y el sabor a lujo de principios del siglo XX nos ubicaban por momentos en una nueva Argentina.
En ese escenario, así como en los modernos auditorios del Centro Cultural Parque España, desde donde se retransmitían simultáneamente las sesiones para que las siguieran los interesados que no habían logrado inscribirse para poder ocupar un lugar en las espaciosas salas, se discutió y aprobó una gran cantidad de principios y se repitieron a menudo palabras contrastantes, importantes en la temática de este encuentro: identidad lingüística/ globalización, diversidad/ unidad, multilingüismo, bilingüismo/unilingüismo, tradición/modernidad y muchas más que apuntaban al hermanamiento lingüístico de todos los que hablamos español en las diversas latitudes geográficas y con quienes históricamente nos vinculamos.
Palabras muy importantes para el caso fueron las de un rey conocido por su formación académica, y las de un discurso insuperable y convocante, el del magnífico escritor y orador Carlos Fuentes, que estremeció el teatro en el acto de apertura. Las palabras de ambos, del presidente de la RAE, del de la Academia Argentina de Letras, del director del Instituto Cervantes y de los afamados escritores presentes actuaron como señales luminosas para los pensamientos que se querían promover.
En el discurso de apertura, Juan Carlos de Borbón definió el principio de patrimonio común de la lengua española con la afirmación: "La lengua la hacemos entre todos y es de todos", lo que sirvió de fundamento al debate posterior, y avanzó más al destacar el mestizaje que sufren todas las lenguas, entre las que está el español, "la más hablada de las lenguas romances", como reconoció Carlos Fuentes. Por cierto, en la Península el castellano se alimentó de formas lingüísticas de diversos orígenes en sus comienzos como lengua, a cuyo mestizaje se sumaron las voces amerindias, que desde su propia pluralidad conformaron una identidad común con la lengua peninsular.
Las perspectivas que se abren para el español son muchas, ya que, como opinó el rey, al fortalecerse como lengua de "comunicación internacional", "todos y cada uno de los contactos con otras lenguas y culturas han ido depositando en la lengua española marcas de mentalidades, costumbres y sensibilidades distintas" que han llegado a formar una unidad.
Sin embargo, los peligros de la uniformidad pueden borrar las diferencias individualizadoras, por lo cual debemos cuidar la identidad lingüística sin dejar de ser flexibles a los cambios. En torno de estos temas se debatió largamente en las sucesivas sesiones, se enfervorizó el público prioritariamente femenino, el cual no sólo impuso sus ideas sino que elevó reclamos desde los palcos y platea, por la falta de representación de especialistas mujeres en las sesiones plenarias.
Entre los asuntos más convocantes (fuera de los relacionados a la literatura con la lengua, área coordinadora por Pedro Luis Barcia, para los que se preveía mucha concurrencia) también se destacaron los relacionados con el español estándar y sus variedades en los medios de comunicación; los vinculados con la enseñanza de la lengua española como lengua extranjera; los que mostraban distintas perspectivas de la globalización, y sorprendió el interés despertado por el tratamiento de "El español y las comunidades indígenas hoy", con mucho público y una notable coincidencia de reflexiones y de propuestas de parte de los panelistas, desde donde se propuso pedir a los gobiernos de los distintos países hispanoamericanos una buena enseñanza del español, para que opere como lengua franca entre las lenguas indígenas, así como también la elección de maestros bien preparados en lenguas indígenas para una mejor conservación de ellas.
El último día, un nuevo acto incomparable emocionó al público: el homenaje a Ernesto Sábato, cuya presencia fue ovacionada larga y vivamente, entre lágrimas del escritor y de los concurrentes, que no habían dejado libre una sola butaca del teatro. Como afirmó el presidente de la RAE, Víctor García de la Concha, en este homenaje, en cuanto a que no tenía palabras para expresar lo que merecía Sábato, podríamos decir ahora que nos faltan las palabras para documentar todo lo bueno de este Congreso. Pero sin duda mucho ha dado y dará para pensar y actuar de aquí en adelante. La Real Academia Española ha anunciado que tiene el propósito de unificar las 22 Academias de la Lengua en América hacia una misma acción, y que próximamente dará a luz el Gran Diccionario de Dudas Panhispánicas. El Instituto Cervantes, que viene apoyando con fuerza la difusión de la lengua española en el mundo, con tecnología de primera y muy buenos recursos económicos, nos ha convocado para brindar nuestro esfuerzo desde los distintos lugares americanos. Un esfuerzo que para muchos no significa una obligación sino un gusto, y para los gobernantes, una responsabilidad a cumplir.
Han quedado en el olvido las dificultades y dudas de las comisiones ejecutiva y organizadora. Los méritos superaron con creces los defectos que ahora se recuerdan como anécdotas, en muchos casos humorísticas, con detalles a los que aludió Fontanarrosa en su exposición, pues ni el humor faltó en las reuniones plenarias. Pero junto a ello, otros sentimientos fueron constantes: la esperanza, el orgullo de haber brindado lo que brindó la Argentina para el éxito de esta empresa, y el agradecimiento a España y a los otros países que alentaron y apoyaron. Y hubo además un hecho destacable, no frecuente en los encuentros académicos: la demostración de la juventud, junto a los mayores, de un interés común por lo propio, por lo que podemos promover y conservar.
El interés que tenemos todos por el principal medio comunitario, nuestra lengua, para comunicarnos, para progresar y acercarnos a los pueblos con los que compartimos la identidad lingüística en la pluralidad de culturas.
Ha finalizado el III Congreso Internacional de la Lengua. Ya pasaron los días del fervor en las salas, pero quedan sus efectos. Y las palabras nos alcanzan para decir: que tantas voces plurales y entusiastas de los que dimos la palabra den lugar a nuevos y buenos proyectos y acciones. (c) LA GACETA
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