Revisitar el pasado de una disciplina

Por María Paula Parolo.

21 Noviembre 2004
La reflexión epistemológica es inherente a todas las disciplinas científicas. La práctica investigativa implica una constante puesta a prueba de modelos, conceptos, paradigmas y teorías que son aplicados, redefinidos o reformulados según los resultados obtenidos en cada caso. La historia, en tanto ciencia, no escapa de estas prerrogativas y la interrogación sobre las nociones utilizadas por el historiador profesional -la temporalidad, la causalidad, la "verdad"- así como la reflexión sobre la naturaleza de su práctica, es una constante. La Historia guarda, asimismo, la particularidad de ser escritura; una suerte de resguardo de la "memoria social" a través de relatos sobre el pasado, por lo tanto, el historiador debe reflexionar, también, en torno de las reglas discursivas de sus fuentes y de su enunciación.
Revisar ambas dimensiones epistemológicas (utilización de conceptos y formas de escritura) es el eje en torno del cual gira la propuesta de François Dosse. Su propósito reside en "revisitar el pasado de la disciplina histórica para comprender mejor su sentido a través de una doble interrogación: historiográfica, sobre la práctica de los propios historiadores, y especulativa, sobre la tradición filosófica de reflexión acerca de la historia" (p. 10).
De este modo, en cada uno de los seis capítulos que componen el libro ("El Historiador"; "La atribución causal"; "El relato"; "Los desgarramientos del tiempo"; "El Telos" y "Una historia social de la memoria") el autor rastrea los conceptos esenciales de la disciplina que suscitaron la interrogación filosófica en cada etapa histórica, desde la antigüedad griega hasta la coyuntura historiográfica actual.
A través de este exhaustivo recorrido por los diferentes "paisajes historiográficos" desde Herodoto hasta la pluralidad de corrientes existentes en nuestros días, F.D. demuestra que son muchos los caminos que pueden conducir al pasado y que dicha multiplicidad es el signo de la "inevitabilidad de la etapa reflexiva propia de la operación historiográfica" (p. 235). En definitiva, al final de este itinerario, el lector se encuentra con una noción de historia como lugar de debate, como ámbito privilegiado del conflicto de interpretaciones, por lo tanto, con una historia viva que "está en condiciones de ejercer una función terapéutica" en la medida en que logre colocar a la "memoria colectiva y nacional en situación de apertura, discusión y controversia" (p. 236).
En suma, La Historia. Conceptos y escrituras constituye una atractiva invitación a la reflexión epistemológica a partir de la lectura de los historiadores por los filósofos y, a su vez, de la filosofía de la historia por los historiadores. Logra, así, recuperar la "historia de la metamorfosis de la memoria" (p. 9) con una combinación entre sutileza y complejidad que la convierte en una obra de consulta sólo para especialistas. (c) LA GACETA

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